ELEGY

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Isabel Coixet, por lo general, ha mantenido siempre a audiencia y crítica de una forma bastante polarizada, en dos bandos irreconciliables. Sólo por esta capacidad de generar amores y odios a partes iguales ya podemos decir que no es una directora anodina, sino que posee algo diferente y especial que provoca, a la hora de narrar sus historias, sentidas reacciones en el espectador, ya sea a favor o en contra, lo que para mí ya supone sumarle unos cuantos puntos.

Sin ser su defensor más acérrimo, las dos anteriores obras de la directora me habían cautivado. “La vida secreta de las palabras” y, muy especialmente, “Mi vida sin mí”, me habían golpeado con fuerza, llegando a sentir la desazón de dos protagonistas muy distintas, ambas magníficamente encarnadas por la que venía siendo musa de la directora, la actriz usamericana Sarah Polley.

Esta vez, Coixet cambia de musa, aunque sigue excavando en su particular mundo de personajes rotos, mutilados y perdidos, con la historia de desamor de un profesor de crítica literaria incapaz de creer en el compromiso y la fidelidad de por vida.

De repente estas creencias se ven sacudidas por su “affaire” con una ex alumna segura de sí misma y diferente a todo lo que ha pasado por su vida que lo volverá más dependiente y frágil de lo que jamás pensó que podría llegar a sentirse.

A través de los pensamientos del erudito protagonista y de las conversaciones con su mejor amigo, un poeta que se aferra a su matrimonio a pesar de sus múltiples infidelidades, se desgranan sus miedos y sus traumas, así como el resto de sus relaciones personales, con una amante tan descreída y solitaria como él y con un hijo que aún no le ha perdonado que abandonara su familia en pos de una vida más libre.

Sin embargo, lo que en las dos películas anteriores de Coixet antes citadas, fluye de manera natural, consiguiendo la empatía del espectador sin estridencias, llevándolo por el curso natural de los acontecimientos, aquí resulta forzado y artificioso, sobre todo hacia el final de la película, donde parece que la directora intente sacar la lágrima del espectador a toda costa añadiendo una tragedia que nada aporta al dibujo de los dos personajes principales.

Hasta ese momento crítico, en el que si uno no entra en el juego que nos propone la realizadora se ve fuera de la película, el super-glue que consigue unir todas las piezas de manera firme es la soberbia actuación de un Ben Kingsley inmenso, capaz de transmitir más matices en una frase de su suave y grave voz que muchos actores con largos discursos.

A Kingsley le acompañan una Penélope Cruz a la que no acabo de cogerle el punto en los registros dramáticos, que no desentona pero que tampoco me transmite todo lo que pienso que debería contener su personaje, un pequeño aunque exquisito papel que aprovecha al máximo el casi desaparecido Dennis Hopper, como fiel amigo del protagonista, que da lugar a algunos diálogos muy buenos y otra pequeña perla a cargo de Peter Sarsgaard, como el perdido y resentido hijo de Kingsley, también con alguna conversación memorable.

En definitiva, tengo la impresión de que Isabel Coixet intenta estar a toda costa al nivel de sus anteriores obras forzando demasiado la máquina, convirtiendo una historia sencilla en una telenovela demasiado artificial.

Puede que sea uno de esos casos en el que la maestra acaba siendo superada por la alumna, como demostró Sarah Polley con su gran debut tras las cámaras con “Lejos de ella”, en el que el espíritu de la catalana estaba mucho más presente que en esta supuesta elegía.

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13 thoughts on “ELEGY

  1. Tengo dudas con la Coixet. Cada película que hace me gusta menos que la anterior. Y
    no creo que sea un problema de calidad, si no de repetición. Demasiadas cosas ya vistas, demasiados monologos, la misma música… Vamos, lo que hace tambien Woody Allen, aunque éste con mucha más gracia. Si dices que en esta última también lo hace, mal asunto

  2. Xabres: a crítica induce a ver a peli? En serio? Líchea ata o final? jeje

    jferreiro: en esta lo hace y encima no le sale igual. No me importa que se repita en sus costumbres, pero si lo hace y no engancha es cuando me preocupa.

    Saludos.

  3. Yo no soporto a Isabel Coixet, la de mi vida sin mi la deje a medias. Esa historia ya la contaron los Simpson mucho mejor y en solo 20 minutos en el capítulo en que Homer se envenenaba con el pez fugu.

  4. Tío… que poca sensibilidad. No sólo de superhéroes vive el cinéfilo, jeje. Es cierto que a veces peca un pelín de pretenciosa y profunda, pero mi vida sin mí me parece que está muy bien contada. En fin, cuestión de gustos.

  5. Hola, que hace que no venía a tocar las “pelotingas”.

    A mí no me ha gustado mucho esta película por varios motivos muy obvios. Me parece que Coixet trabaja mucho menjor con material suyo que adaptando. Divaga, se pierde e incluso se acomoda a una cadencia de cine que no es la suya, por no hablar de que e está para matarla…

  6. jeje, había entendido.
    No creo que Pe esté para matarla aunque desde luego no es la mejor actriz para papeles dramáticos, al menos de momento.
    Con respecto a que Coixet trabaja mejor con material propio, no lo sé. Habría que tener más puntos de comparación. Desde luego, aquí suena todo bastante forzado, por lo que me inclino a pensar que el guión es malo y punto, no le pongo tantas pegas a la dirección.

    Saludos.

  7. Me resisto a ver algo de la coixet, no se no me atrae mucho, su persona me echa más bien para atrás, todo lo que la rodea y cuanto la alban como si fuera algo increible todo lo que hace, pues todo esto es lo que me echa para atrás.

    Saludos…

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