EL PACTO

Hay veces que dudo del talento literario de este país en cuanto a guiones cinematográficos se refiere. O me da por pensar que los buenos guionistas están apartados en una calurosa buhardilla, condenados a escribir buenos guiones que los productores no entienden y jamás saldrán a la luz.

Luego me pongo series como “Fariña” y se me pasa. Hay muy buenos guionistas y muy buenos dialogadores, por supuesto. Lo que pasa es que parece que el que una película acabe en una sala de exhibición parece que no depende de la calidad de su sus elementos, sino de un cúmulo de factores ajenos al talento o dependiente de otros talentos exógenos a la propia historia de la película.

David Victori se dio a conocer cuando se alzó ganador del Youtube’s Film Festival con un cortometraje llamado “Zero”. La casualidad hizo que pudiésemos verlo en un Festival de Sitges de hace algunos años y nos encontramos con una historia muy bien rodada, muy espectacular, pero vacía de contenido, con una trama que ocultaba sus carencias detrás de una pretenciosidad algo molesta y de las propias imágenes. De todas formas, aquella forma de rodar hacía presagiar un futuro prometedor para el realizador.

En su primer largometraje me temo que me he vuelto a encontrar con señales similares. Una historia que de base podría dar juego, aunque no juegue a petarlo en originalidad, con actores a priori solventes que a medida que avanzaba la trama daban la impresión de estar poseídos por el espíritu de los Monty Python dedicándose a sinsentidos en sus acciones por el mero hecho de avanzar la trama.

Quizá sea culpa mía el no poder abstraerme del absurdo de algunos momentos y dedicarme a disfrutar del cuento. Cuando me doy cuenta al menos, que yo soy muy tarugo y muchas veces puede haber agujeros negros en el guión del tamaño de galaxias y en mi mente aparecer como explicaciones completamente racionales o como personajes que actúan con un sentido común íntegro e intachable.

Éste no fue uno de esos casos y personajes que salen de habitaciones con excusas de todo a 100 para que otros se pueda quedar a solas o decisiones que cambian la psicología que nos habían descrito de otra forma quince minutos atrás dan al traste con cualquier intento de mantenerme expectante y con ilusión por lo que vendrá a continuación.

Al final da igual que la línea central del relato tenga suspense e interés y el caso es que a priori lo tiene. Una madre posesiva e insegura que se encuentra con su hija sumida en un coma diabético después de que un compañero de clase la dejase encerrada en un coche sin una razón muy coherente, que entra en contacto con determinadas fuerzas oscuras que le prometen curar a la niña a cambio de un pacto que la obligará a matar a sujetos marcados por unas misteriosas arañas albinas.

A partir de aquí, en vez de profundizar en las barreras éticas que la madre se ve obligada a traspasar, en las consecuencias que tienen dichas decisiones en su entorno o incluso en el origen de los entes demoníacos que plantean tales acuerdos, la trama comienza a dar vueltas alrededor de la madre, su ex-marido y el chaval que provocó el coma de la muchacha de forma tambaleante, sin dirigirse a ningún punto en concreto y con demasiados diálogos que suenan falsos e impostados, quizá más por culpa del propio diálogo que por la de unos actores que se ven obligados a hacer creíbles momentos que no lo son.

Y aún así, Belén Rueda está realmente bien. De lejos es la menos forzada y la más creíble en su papel de madre coraje, preocupada y aterrorizada a partes iguales, a pesar de la, por momentos, incoherencia de su personaje. Algo que no se puede decir de Darío Grandinetti, del cual me llegué a preguntar en más de una ocasión de si no estaría doblado por la falta de entonación de sus frases, bastante acorde con la carencia emocional que sufre su personaje.

De nuevo, la dirección supera con mucho a la historia que se cuenta, aunque tampoco es que tenga muchos momentos de lucimiento. Aunque sí es verdad que encontré un problema de brillo que me cuesta creer que fuera decisión del director y sí más achacable a problemas del cine donde la estábamos viendo, porque la iluminación provocaba que las escenas de día parecieran nocturnas y las de noche o interiores oscuros se vieran fatal.

Espero que David Victori acierte a encontrar una historia o un guión que le permita desplegar sus armas como realizador, que creo que las tiene y que tengamos un nuevo estandarte en nuestro cine dentro del género fantástico, que buena falta nos hace.

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