EL ORIGEN DEL PLANETA DE LOS SIMIOS

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Una vez que ya me he sacado de encima ese nerviosismo al folio en blanco que sobreviene después de una temporada sin escribir y después de parir, con sus contracciones y su sudor correspondiente, la primera reseña peliculera del nuevo curso, que ha quedado deshilvanada e insulsa como un pintxo de poliespán, vayamos asentando la escritura constante de nuevo, a ver si cojo aquel ritmillo.

La primera película que me zampé nada más poner los pies en Madrid, tras comprobar que la mayoría de la horda cristiana había abandonado la capital (y había abandonado en la capital basura como para sepultar la Capilla Sixtina), fue la precuela del gran clásico de la ciencia ficción de 1968 en donde Charlton Heston se las tenía que ver con un montón de monos parlantes con muy mala idea.

En condiciones normales me hubiese acercado a ver esta peli con mucho miedo en el cuerpo. Una precuela de una película mítica, asentada en la retina entre los almohadones del cariño que se forman cuando uno ve cintas inolvidables a edades tempranas y recordando el sacrilegio que supuso el remake del otrora imaginativo Tim Burton, perdido en estos últimos tiempos en blockbusters sin pies ni cabeza (dándole patadas a simios, reinas de corazones y, en breve, disparando contra su propia obra en la traslación al largo de su genial corto “Frankenweenie”). Digo que en condiciones normales me hubiese acercado con el rabo entre las piernas (bueno sí, ahí lo llevo habitualmente, intentaba ser un símil zoológico), pero mi parón cinematográfico vacacional hizo que pudiese leer opiniones y comentarios suficientes en la blogosfera como para asegurarme de que el acercamiento al mito se había realizado de manera eficiente y respetuosa.

Finalmente me encontré con algo más que eficiencia y respeto. Me encontré con un film de ritmo maratoniano, que va de menos a más apuntalado por un guión sólido e inteligente y reforzado por buenas interpretaciones, desde el personaje de James Franco (que lo hace todo bien excepto presentar Oscars, que vaya sosainas que se vuelve al subirse a un escenario) dando vida al científico que empuja la primera ficha de dominó en la saga simiesca, pasando por el enorme John Lithgow, que lo mismo le da interpretar a un asesino en serie en “Dexter” que a un padre enfermo de Alzheimer, el hombre está siempre impecable, hasta el verdadero protagonista de la historia, el mono César.

¿Pero qué dices, Heitor? ¿Te has quedado tonto? ¿Grandiosa interpretación la de un simio? Lo sé, lo sé, no puede haber jamás un actor-mono mejor que Clyde, el socarrón orangután que acompañaba a Clint Eastwood en “Duro de pelar” y “La gran pelea”. Y tenéis toda la razón del mundo. Quién soy yo para quitarle méritos a aquel entrañable bicho peludo, cervecero y grosero. Pero es que aquí, gracias a los efectos digitales, el mono está interpretado por el experto en monstruos y primates varios Andy Serkis, que se hizo famoso dando vida a Gollum en la trilogía de El señor de los anillos y a King Kong en el acercamiento al mito de Peter Jackson.

Yo no sé qué parte de los gestos de César los aporta Serkis y qué parte los pone el friki encargado de la parte informática, pero el caso es que el rango de expresiones es tan amplio, la capacidad de transmitir emociones es tan profunda y el peso de la historia está tan bien llevado sobre sus hombros, que es imposible no quedarse admirado con el mono de las narices. Tanto es así, que se rumorea en los mentideros de Jolibú que podría caerle una nominación a los Oscar por este trabajo. Habría que ver si sale a recogerlo acompañado de un tipo regordete, con gafas de cristales gordos, coleta de cuatro pelos y camiseta de Star Trek.

El caso es que “El origen del planeta de los simios” colmó mi sed de cine fantástico bien hecho, que suele ser como la de los vampiros buenos, aumenta con facilidad y es difícil que encuentre una buena víctima que la calme. Sobre todo con ese colosal final y epílogo (igual es tarde ya para decirlo, pero estaría bien que nadie desapareciese de la sala en cuanto salga el “The end”) que enlaza, a modo de homenaje, con el primer y antológico film de la saga.

Así que, si aún no la habéis visto y todavía estáis a tiempo, no dudéis en dejar a un lado vuestros temores.

Como diría el Charlton Heston de “El informal”: “Dale Culebras”.

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