EL MAGO DE OZ

El domingo por la tarde tocó dosis de cine clásico. Así que tiramos de videoteca y nos dispusimos a ver uno de los hitos del musical del Hollywood antiguo. Una película de buenos sentimientos, canciones pegadizas… y está bien, también un poco de ñoñería.

Como todo el mundo sabe de que va “El mago de Oz”, en vez de referirme a sus cualidades o al argumento, haré un pequeño periplo por lo que fue su rodaje, ya que estuvo lleno de tropiezos y anécdotas.

A finales de la década de los 30 casi todos los niños de Usamérica habían soñado leyendo este popular cuento de L. Frank Baum, e incluso había salido una versión cinematográfica con resultado irregular. Fue en 1939 cuando la Metro Goldwyn Meyer, que en aquella época presumía de tener más estrellas que en el cielo, se plantea hacer de “El mago de Oz” un gran musical.

Louis B. Mayer, el mandamás todopoderoso de la Metro, contrata al novato Melvin LeRoy como productor para llevar a cabo la empresa, y éste a su vez contrata al director Richard Thorpe (director de “Ivanhoe” o “Las nieves del Kilimanjaro”) y empieza el casting de la película.

Al principio se pensó que el papel de Dorothy fuera para Shirley Temple, que era la mayor estrella infantil del momento, pero al final se optó por alguien de mayor edad y más experiencia. Así el papel llegó hasta Judy Garland, que cantaba en grupos de variedades desde los dos años y medio. Era conocida como la pequeña con una gran voz, y por aquel entonces tenía 16 años.

Otro papel que sufre un cambio por el camino es el de la malvada bruja del Oeste. En un principio, a LeRoy se le ocurre que la bruja podría ser hermosa y sensual, como ocurría en “Blancanieves y los siete enanitos”, de Disney. Así que convencen a Gale Sondegaard, una guapa actriz que estaba en plantilla, para hacer una prueba. Pero el resto de ejecutivos presionan a LeRoy, y le convencen de que las brujas malvadas deben ser feas. Así que traen a los de maquillaje para afear a la actriz, que inmediatamente al verse, deja el papel. Este va a parar a una antigua maestra de escuela llamada Margaret Hamilton, que recién divorciada trabaja duro como actriz de reparto para mantener a su hijo de 3 años.

Más papeles que cambian por el camino. Para el personaje del hombre de hojalata contratan a un veterano del teatro de variedades que ya había actuado con Judy Garland llamado Buddy Ebsen. Éste llega al plató y empieza a hacer pruebas para su papel maquillado convenientemente con polvo de alumninio. El problema es que dicho polvo se queda adherido a los pulmones de Ebsen provocándole una intoxicación que casi lo mata. Entonces la MGM lo sustituye, sin comunicárselo previamente, por otro actor llamado Jack Haley, quien tampoco sabía nada de su antecesor.

Al poco de empezar a rodar, Mervyn LeRoy hace un visionado del material que lleva grabado Richard Thorpe, y se horroriza. Los vestuarios son horrorosos, la película no tiene el tono infantil requerido y a Judy Garland le han puesto una horrible peluca. Inmediatamente despide al director.

Con el rodaje empezado y la gente dispuesta, “El mago de Oz” carece de quien lo dirija. Entonces, George Cukor (“Cena a las ocho”, “Una historia de Philadelphia”), que tiene algunos días libres antes de empezar a rodar “Lo que el viento se llevó”, se ofrece a ayudar. Cambia el vestuario y maquillaje de un montón de personajes y se pone manos a la obra.

Cuando Cukor se tiene que ir, se trae a Victor Fleming (“Capitanes intrépidos”, “La isla del tesoro”) para acabar la película. Éste era conocido por su fama de hombre duro, pero acepta el cargo pensando en sus dos hijas pequeñas. Pero poco antes de acabar el rodaje de “El mago de Oz”, le suplican que vaya a acabar “Lo que el viento se llevó”. Clark Gable no se habla con el director, y exige a su amigo Fleming bajo amenaza de desertar del rodaje. Así que “El mago de Oz” tiene que acabarla un cuarto director, King Vidor, quien le da los últimos retoques.

Entre estos últimos retoques se encuentra la grabación de la parte en la que Dorothy canta “Over the rainbow” en su granja de Kansas. Curiosamente tras el primer visionado de la película se elimina esta escena, pensando que ralentiza demasiado la película. Afortunadamente, los directivos recobran la cordura y vuelven a meterla, convirtiéndose en un clásico que acompañará a Judy Garland toda su vida.

Para las escenas en el país de los Munchkins se congregan a más de 100 enanos traídos de todos los rincones del país. Muchos son trabajadores independientes de circos o teatros de variedades, y las leyendas sobre ellos empiezan a circular. Se habla de grandes borracheras, orgías de enanos y todo tipo de gamberradas. Muchas de estas leyendas se generan años después a raíz de entrevistas a la propia Judy Garland, que tendía de una forma muy simpática a la exageración.

Otro de los accidentes le ocurrió a Margaret Hamilton, la malvada bruja del Oeste. Al final de la primera escena ella debía de colocarse en un punto determinado del plató y desaparecer en una especie de ascensor, dejando tras de sí un montón de humo y fuego. En una de las tomas el ascensor no funciona como debe, y se achicharra la cara y las manos sufriendo quemaduras de segundo y tercer grado.

En el estreno de la película, en el cine donde se exhibe, más de 15.000 personas hacen cola, esperando ver a Judy Garland y Mickey Rooney, otro de los actores infantiles que causaban sensación, quienes hacían un número musical en directo al final de cada pase.

Pese a esto la película no tiene el éxito que cabría esperar. En 1939 Hollywood produce más películas clásicas que ningún otro año. “Cumbres borrascosas”, “Caballero sin espada”, “La diligencia”, “Lo que el viento se llevó”, todas estas películas hacen que “El mago de Oz” tenga una competencia increíble. Además era la película más cara de la MGM hasta la fecha. Por todo esto, la película pierde dinero en su estreno.

A pesar de todo, la película consigue tres Oscars, a la mejor banda sonora, mejor canción y uno especial a Judy Garland por la mejor interpretación juvenil femenina. Con todo esto consigue mantenerse en cartel y va ganando en espectadores y fama, convirtiéndose con el paso del tiempo en uno de los musicales más famosos de la historia del cine.

Ya por último, una curiosidad. Quien tenga el disco de Pink Floyd “The Other Side of the Moon” puede ponerlo al tiempo que pone, sin sonido, la película. Se dará cuenta, si se fija un poquito, de que la letra y la música están sincronizadas con las imágenes.

 

4 thoughts on “EL MAGO DE OZ

  1. A medida que vaya viendo cositas, y comprando bonitas ediciones de dos discos, seguro que me voy enterando de más cotilleos.
    Me encanta que te encante.

  2. Yupiiiiii!! cuenta, cuenta…(eso lo decía mucho de pequeña me encataba que me contaran cosas!)

    Por cierto, me ha escrito Adri para celebrar mañana su cumple-despedida de Erasmus, le he enviado un sms a Magú, si hablas con ella preguntale si le llegó ok?

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