EL LUCHADOR

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Darren Aronofsky tiene una sensibilidad especial. Lo demuestra a la hora de diseñar nuevas películas, de escoger proyectos y hasta lo hizo a la hora de encontrar y conseguir a su media naranja, la guapísima Rachel Weisz. No es mi labor investigar el porqué del tercer ejemplo, aunque no estaría de más saber cómo se consigue una proeza semejante y si supiera como se consiguen los dos primeros, seguramente estaría triunfando en Hollywood con una estrella en el paseo de la fama a mi nombre. Así que mis limitadas meninges tan sólo me permiten daros la paliza con mi opinión de cada nuevo estreno que lleve su nombre.

El resultado, hasta ahora, es inmejorable, de tal forma que es uno de los nombres que busco en la cartelera o en las noticias de próximos rodajes. Su primera película, “Pi”, denotaba un gusto por las tramas complicadas, las personalidades complejas rayanas a lo muy raro y los montajes adrenalínicos. Confirmó sus aptitudes con “Réquiem por un sueño”, un acercamiento al mundo de las drogas capaz de poner de los nervios al espectador y provocar una profunda fobia hacia los frigoríficos. “La fuente de la vida” fue su obra más discutida y proponía  una reflexión espiritual sobre la vida y la muerte, el tiempo y un montón de ideas filosóficas, de las cuales a mí, seguramente, se me escaparon más de la mitad.

Sin renunciar a su investigación de la psicología humana y volviendo a algunas de sus preocupaciones, como el paso del tiempo o las obsesiones, esta vez se mueve hacia un tema, a priori tan poco relacionado con todo esto, como es el del Wrestling profesional, o lo que aquí conocemos como lucha libre americana, deporte que los de mi generación nos tragábamos los sábados por la mañana en aquel primer Telecinco de las “Mamachicho” junto con “Los caballeros del Zodiaco” y “Humor amarillo” en un pack televisivo repleto de rijostios de toda clase. Por aquella época disfrutábamos de lo lindo con las vistosas coreografías a cargo de Hulk Hogan, El último guerrero o Los Sacamantecas, pero Aronofsky bucea en ese mundo de calzones multicolores y músculos talla XXL para demostrarnos que hay una vida repleta de trabajo y lesiones físicas y emocionales más allá del cuadrilátero.

Para ello, el principiante Robert D. Siegel escribe un guión sobre un luchador de “wrestling” profesional inventado. Randy “The Ran” Robinson fue una de las mayores figuras de este deporte en su juventud, acaparando portadas, decorando las paredes de muchos adolescentes e incluso siendo el protagonista de juegos de consola. 25 años después, sobrevive con trabajos temporales y golpeando su castigado cuerpo en combates menores, donde aún se le considera una leyenda.

Después de una vida dedicada a este deporte, su vida personal es un desastre. Su hija no le habla, está enamorado de una stripper que tiene como norma no salir con clientes, vive entre cuatro latas con forma de apartamento, apenas alcanza a pagar la renta y entre anabolizantes y calmantes se toma unas tropecientas pirulas al día.

Aronofsky sitúa la cámara justo detrás de Randy, siguiendo sus pasos con su mismo ritmo cansado y adentrándose en sus miedos, sus anhelos y su permanente nostalgia de un pasado que lo elevó a la categoría de leyenda para luego olvidarse de él. Randy sigue viendo a la misma gente, sigue jugando a una Nintendo del pleistoceno a un juego en el que él mismo es uno de los protagonistas – juego hecho a propósito para la película y que generará la misma nostalgia en todo espectador que se haya viciado a, pongamos por caso, el Fernando Martín –, sigue escuchando la misma música de los 80 de grupos como Cinderella, AC/DC o Guns’n Roses e incluso lo demuestra en sus conversaciones: “Los ochenta fueron la caña tío, hasta que aquel mierda de Cobain llego y lo jodió todo”.

Randy siente mucho más los golpes que le da la realidad, en donde se siente un inútil, ninguneado y en donde a nadie parece importarle nada de lo que le pase, que las brechas abiertas en la lona, donde es querido y respetado. Su cuerpo es un mapa donde cada rotura, cada cicatriz y cada marca es un letrero en luces de neón de una pelea antológica y nadie mejor para meterse en la piel de alguien que ha exprimido la vida a tope que el resucitado Mickey Rourke. El actor está inmenso en el papel, cada gesto nos mete en la piel de un tipo vapuleado por la vida y, aún así, repleto de energía en cuanto se mueve en su elemento. Rourke actúa con el corazón y da la impresión de que gran parte de él se ha quedado impresa en el personaje. Es imposible imaginar a otro actor en el pellejo del luchador.

Acompañando a Randy y complementándolo, está el personaje de Cassidy/Pam, que también observa que el paso del tiempo la pone fuera de juego. Se siente obsoleta y ajada y soporta las burlas y la ausencia de miradas en una profesión que depende de su aspecto físico, pero al contrario que Randy, está decidida a cambiar el paso y seguir hacia delante, sin mirar atrás. En este caso es Marisa Tomei – ¿cómo puede estar esta mujer mucho más sexy que hace 15 años? – la que se cuela bajo las transparencias de Cassidy en otra interpretación sublime.

Con estos mimbres, Darren Aronofsky construye una película casi perfecta – y digo el casi sin saber cual puede ser el fallo, pero preguntadme de aquí a cinco años, cuando la haya saboreado más veces – en la que sus 111 minutos pasan como una exhalación, dando la impresión de que no sobra ni una sola escena. Desde el inicio, con las voces de locutores fantasmas del pasado recorriendo una vida de reportajes, fotografías y carteles publicitarios hasta ese salto a la inmortalidad, esa firma de declaración de principios y ese amor incondicional hacia su público, el único al que nunca ha defraudado y el único que le ha demostrado todo el amor que su castigado corazón ha echado en falta al otro lado de las doce gomas.

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4 thoughts on “EL LUCHADOR

  1. Buena película esta. La historia se ha visto mil veces, pero las actuaciones y la dirección le dan una gran calidad. Wrestling y un buen guión, jamás pensé que se pudiese decir algo así.
    Y mañana Watchmen, de la que tengo mis dudas. Todo el mundo tiene su mirada puesta en ella pero creo que este fin de semana el ganador va a ser Mr. Eastwood.

  2. Sip, quizá la historia no es lo más original que ha parido un guionista, pero su tratamiento es muy acertado y esto no es tan fácil de ver.

    Al final, he tenido tiempo para leer Watchmen, Guerra y Paz y Los miserables antes de que estrenaran la película del cómic, así que iré con conocimiento de causa y una gran cultura sobre la literatura rusa. La primera crítica que he leído por encima, no ha sido demasiado entusiasta, aunque no la ponía mal. Esperaremos a ver si emociona.

    Del abuelo Clint, aún me falta la anterior con la Jolie, pero esta me tiene mejor pinta, no sé por qué.

    Saludos.

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