EL HOBBIT: UN VIAJE INESPERADO

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Mucho se ha hablado de esta película desde que empezó a sonar la posibilidad de que se llevase a cabo, bastante después de que asimiláramos el tremendo curro que se había pegado Peter Jackson para adaptar una obra que, hasta que él la cogió, veíamos como inadaptable.

Fue entonces cuando empezó a rumorearse que Jackson cedía la dirección por agotamiento físico y temático y Guillermo Del Toro daba un paso adelante, y asumía el reto, lo cual dividió al mundo en dos bandos, como cada vez que surge alguna discusión, por muy estúpida que sea. Se intuía así una nueva visión sobre el mundo tolkeniano en la adaptación de una obra muy distinta, menos ambiciosa y profunda: la aventura de cómo Bilbo conoció a los elfos, encontró un anillo, peleó con un dragón y se hizo inmensamente rico.

Más tarde, Del Toro se apeó de la dirección por discrepancias creativas, quedándose como productor y Jackson, como si de un mesías que se debe a su pueblo se tratase, asumió de nuevo el control, lo que, de nuevo, trajo una nueva oleada de debate encarnizado entre fans, cinéfilos y contertulios de barra de taberna.

Con la producción ya en marcha, Jackson decide rodar con cámaras nuevas, supermolonas, en 3D y con una nueva velocidad de grabación, a 48 fotogramas por segundo en vez de los 24 que se usan usualmente y de nuevo la gresca. Con la filmación a punto de acabar comunica que dividirá el relato en dos películas y comienzan a surgir nuevas voces de cabreo; que si el libro no da para tanto, que si es una aventura corta, que si las ínfulas del barbudo… cuando al fin, comunica que no van a ser dos, sino tres las películas, otra nueva porción de público monta en cólera y cólera se aleja galopando.

Por fin, “El hobbit” ha llegado a nuestras pantallas y, finalmente, podemos opinar de la película en sí y no de todo el circo mediático que la rodea. La primera parte nos llega con el nombre de “El hobbit: un viaje inesperado” y, me atrevería a decir que para la gran mayoría de los fans de “El hobbit” (versión literaria) y “El señor de los anillos” (cualquiera de las dos versiones) es una auténtica delicia.

Yo también estoy de acuerdo en que con el material literario que aporta “El hobbit” es absolutamente imposible rellenar tres pelis y menos si son de dos horas y media, como esta. Sin embargo, Peter Jackson rebusca entre las toneladas de información y mitología que J. R. R. Tolkien escribió sobre la tierra media a lo largo de su vida, apéndices, prólogos, adendos, leyendas y cuentos y enriquece la narración con flashbacks e historias que aportan nuevas visiones sobre los participantes en el viaje. Además, de una manera inteligente y sutil, comienza a unir este punto de partida con la propia trilogía del señor de los anillos, al dejar entrever que el mal comienza a apoderarse de la tierra media. El bosque negro, hasta ahora de colores verderolos, se empieza a emponzoñar, un necromante aparece en escena, los más sabios se juntan y observan las señales… un mecanismo que tiene como misión cerrar poco a poco el círculo se despliega ante nuestros ojos de una forma que George Lucas jamás alcanzó a soñar.

Pero, sobre todas estas capas de mitología, la fibra central por la que discurre el relato es, efectivamente, el viaje de Bilbo, Gandalf y los trece enanos hacia la conquista de la montaña solitaria, antigua patria de los barbudos bajitos, donde Thorin Escudo de Roble deberá reinar y morada actual de Smaug el dragón, que duerme plácidamente sobre las inmensas fortunas que dejaron por allá los antepasados del rey sin trono. Un viaje que, de igual forma que sucede entre los diferentes tonos de las obras escritas por Tolkien, tiene muchos más puntos de ligereza y aventura que de negrura y densa lucha entre el bien y el mal. Se nota perfectamente cuándo coge la batuta la parte hobbit y cuándo la coge la parte anular. Cuándo se da rienda suelta a la comicidad y la parte aventurera y cuándo los semblantes se tornan graves y adustos y la sombra de algo mucho mayor planea sobre el destino de las razas.

No hay una que me interese más que otra y las dos horas y media (que se dicen pronto) se me pasan en un suspiro. No se me hace larga la introducción de los enanos en casa de Bilbo, las batallas y huídas me mantienen pegado a la butaca y los flashbacks y adornos de la historia me resultan en todo momento entretenidos. Tres partes que veréis que se tornan en problemas de ritmo y continuidad para una gran cantidad de espectadores que han volcado también sus impresiones en Internet.

Sin embargo, no voy a decir que no haya encontrado ningún pero a la peli, por pequeño que sea. Me parece que Jackson resuelve alguna escena de forma calcada a la trilogía primigenia, no sé si por falta de ideas o por guiños con el espectador (el enfado de Gandalf en forma de sombra gigante, la primera vez que Bilbo se pone el anillo, las águilas salvadoras…) y en esas ocasiones me deja con una extraña sensación de fotocopia en color que dura lo poco que dura el momento. También, a medida que transcurre el relato, me da la impresión de que los conflictos acaban solucionándose de la misma forma que se arreglaban en “Caballeros del zodiaco”, cuando todo estaba perdido y aparecía el Caballero del Fénix para patear el culo al malo de turno. Aquí es algo parecido pero con el sabio Gandalf el Gris, apareciendo en tres momentos clave de forma muy parecida. Quizá es más cosa del propio libro pero es cierto que al final da una impresión de repetición.

Salvo esos puntos, el resto me parece magnífico. Una producción impecable que se sustenta en gran medida en unas interpretaciones, de nuevo, impresionantes. Los enanos, a los que Peter Jackson trata de otorgar un nombre propio (y lo consigue en el caso de sólo unos pocos, Thorin, Fili, Kili, Bombur…) están impecables, los rostros antiguos (Ian McKellen, Hugo Weaving, Cate Blanchett…) siguen pegados a sus personajes, Andy Serkis vuelve a bordar a Gollum ayudado por el avance de la técnica, que hace parecer al hobbit caído en desgracia aún más real y, el descubrimiento de la función, un Martin Freeman que construye un Bilbo impresionante, repleto de matices, de ironía, de fragilidad, de determinación, de diamante en bruto de tal forma que ya es imposible imaginar a otro en el papel.

A grosso modo, yo diría que “El hobbit: un viaje inesperado” acaba ya alrededor de la mitad del libro original, así que tengo una gran curiosidad por saber qué nos tiene preparado Jackson para las dos películas siguientes. Y por admirar por fin ese pedazo de dragón reluciente al completo. Y por ver cómo une todo esto con las tres pelis de los anillos. Y por las batallas, y los nuevos cameos y… tantas cosas.

Dale Peter, que yo te sigo.

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