EL EQUIPO A

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En 1972, un comando compuesto por cuatro de los mejores hombres del ejército americano, fueron encarcelados por un delito que no habían cometido. No tardaron en fugarse de la prisión en que se encontraban recluidos. Hoy, buscados todavía por el gobierno, sobreviven como soldados de fortuna. Si tiene usted algún problema y los encuentra, quizás pueda contratarlos. Bang bang bang bang bang bang. EL EQUIPO A. Tantarantaaaaaaan tan tan taaaaaaaaaan.

Pocos fueron los chavales de mi generación que no disfrutaron con esta cortinilla de entrada allá por los años ochenta. Si tenías televisor en casa, lo suyo era despatarrarse en el sofá con el bocata de chorizo de pamplona (en mi caso, que no me gustaba la nocilla) y asistir a los descabellados planes de Hannibal, M.A., Fénix y el loco Murdock, descojonándonos cuando los coches de los malos daban chipicientas vueltas de campana y aún así los malos salían gateando de debajo como si sólo hubiera sido un derrape, viendo cómo las balas pasaban alrededor de todo personaje sin rozarles o preguntándonos por qué los malos no aprendían y siempre encerraban al equipo en una enorme ferretería para que pudieran construirse algo con lo que salir del paso.

Historias simples, malos malísimos, protagonistas de personalidades muy carismáticas, complementarias y con muy buen rollo (que parece ser que conservaban fuera de la pantalla, todos excepto George Peppard, un misógino, homófobo y xenófobo que se llevaba a matar con el resto e incluso se llegó a pelear con el mismísimo Mr. T, igual que Rocky). Elementos suficientes como para enganchar a cualquier enano con ganas de aventuras.

Estaba claro que, en esta era de rescates de formatos nostálgicos (que puede venir por falta de ideas en la meca del cine, pero si hay algo que tienen claro es que atraerán a los treintañeros frikis al cine igual que la bombilla a la polilla, y somos bastantes), no podía tardar mucho hasta que alguien intentara rescatar la serie para la pantalla grande. Ridley Scott y Tony Scott producen la película y le ceden la dirección a Joe Carnahan (“Ases calientes”) en un intento de mantener los valores de la serie y de poner nuevas caras a aquellas míticas personalidades.

Estaba claro que era una cita obligada para mi corazoncito ochentero y, aún así, me acerqué con mucho miedo, ya que la cinta llegaba precedida de unas críticas demoledoras desde usamérica, unidas a una taquilla muy baja. Si tanto crítica como público coinciden, el asunto no suele deparar nada bueno. Lo que había leído se quejaba de un guión simplón y unos actores que no conseguían alcanzar el espíritu de sus predecesores. Afortunadamente (al menos para mí), me encontré disfrutando como un enano de un film vertiginoso, divertido y totalmente respetuoso con la serie original, donde los cuatro miembros del equipo son absolutamente reconocibles y consiguen generar el mismo cariño que los de antes.

La película nos cuenta cómo se reúnen los cuatro rangers en un gran prólogo en donde se ponen de manifiesto cada una de las personalidades (nota para Shyamalan: quizá deberías echar un vistazo para ver cómo hacer una introducción que consiga conectar al espectador con los protagonistas), para a continuación mostrarnos cual fue el famoso crimen por el que fueron imputados y del que no eran responsables y de qué manera intentan limpiar sus nombres. No faltan explicaciones al por qué de alguno de los tópicos de la serie (como el miedo a volar de M.A. o su peinado), los puntos nostálgicos (la aparición de la mítica furgoneta) o los detalles imprescindibles (el puro de Hannibal y su mítica frase).

Asimismo, el lavado de cara y la puesta al día es evidente. Ahora la gente muere, ya que mantener aquel espíritu blanco de la serie sería realmente complicado; se cambia el escenario de Vietnam por el de la guerra de Irak y se multiplica por cien la espectacularidad en unas secuencias de acción tan increíbles y fantasmas como necesarias y divertidas. Ya lo he dicho alguna vez, pero el que va a ver una película de estas características y se queja porque es poco creíble, es que realmente no sabe dónde se está metiendo. Este tipo de acción loca es algo que echaba de menos desde que la etapa de Daniel Craig al frente del agente de su majestad se cargó el espíritu de Bond y sus gadgets imposibles y que estoy seguro de que volveremos a ver en esa reunión de músculos ochenteros a la llamada de Stallone en que consiste “The expendables”.

El reparto encargado de devolvernos a la niñez está impecable. Liam Neeson asusta de lo que llega a parecerse a George Peppard con ese pelo teñido de blanco y consigue ese punto de prepotencia y socarronería de gran líder. Bradley Cooper, el nuevo descubrimiento de Hollywood tanto por carisma como por presencia física, que hará las delicias de la sección femenina de la audiencia, se hace con el alma de Fénix (o Face en el original), convirtiéndose en un liante y vividor que cae simpático desde la primera escena en la que aparece. Quinton “Rampage” Jackson, un campeón de Artes Marciales Mixtas (algo así como lo que practicaba el novio multimillonario de Monica en “Friends”) con una presencia física que haría que si te lo encontrases de frente por la noche, no sólo te cambiaras de acera, sino de continente, interpreta a M.A. (en su versión original B.A. “Bad Attitude”) superando al “carapalo” de Mr. T en cuanto a capacidad de interpretación e introduciendo más puntos de humor. Completando el cuarteto, Sharlto Copley, el protagonista de “Distrito 9”, se hace cargo de las locuras y las peleas con M.A. de Murdock, aportando el toque de humor descerebrado del grupo. Cuatro actores entregados a la causa que constituyen una parte esencial para que la película funcione, apoyados por Jessica Biel, que en este caso hace las delicias de la sección masculina y de Patrick Wilson, otro gran descubrimiento de los últimos tiempos, que ya había demostrado que era capaz de cuajar un malo sobresaliente en la genial “Hard Candy”.

“El equipo A” supone dos horas de acción y evasión, de viaje en una vagoneta de montaña rusa que no para de ejecutar loopings a toda pastilla, de exaltación de la nostalgia y de humor fácil y despreocupado. Una película que, sin ser una obra maestra, es mucho más difícil de conseguir de lo que parece, al menos viendo las pocas que consiguen empatizar de esta manera con el público. Así que si eras un fan de la serie, sin importar de lo que fuera tu bocata, no dudes en acercarte a verla en pantalla grande. Cuanto más grande, mejor.

Por cierto, si conseguís quedaros en la sala hasta que acaben los títulos de crédito sin que os echen, algo que a mí me costó, ya que la señora de la limpieza intentaba barrerme hacia la salida todo el rato, podréis volver a escuchar la ansiada musiquilla y ver un par de cameos que, sin ser nada del otro mundo, os dejarán una sonrisilla estúpida en los labios.

Que grandes los años 80.

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