EL DISCURSO DEL REY

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Tenéis suerte de que sea gallego. No sólo porque si os ganáis mi amistad podríais surtiros de vez en cuando de queso de Arzúa o de crema de orujo casera, sino porque mi mapa genético, proveniente de sangre celta, me capacita para responder una gran pregunta, que seguro que os acecha por las noches, os solapa las entrañas, os estruja los alveolos y os provoca terroríficas pesadillas. Pues no se hable más, procedamos a despejar vuestro corazón de dudas:

¿Puede una película sostenerse e, incluso, convertirse en un film notable, gracias al buen hacer de sus actores protagonistas?

Pues depende.

Una vez despejadas todas las dudas, de forma que sólo un gallego podría hacer, maticemos.

Evidentemente, por muy buen actor que alguien sea, no puede sostener una peli sin absolutamente nada más. Si ponemos a Marlon Brando mirando intensamente una bombilla mientras recita las mejores frases de Karmele Marchante, probablemente no salga una obra maestra (aunque estoy dispuesto a creer que en algunos círculos gafapastísticos sería alabada por su osadía y trasfondo político-social). Pero los casos extremos se alcanzan pocas veces.

En el caso en que dichas interpretaciones se vean rodeadas de un guión aceptable y, aún más, cuando dichas actuaciones aparecen en escena en un porcentaje grandote, entonces la probabilidad de que la película guste crece exponencialmente. Es decir: una gran actuación, puede mejorar un guión, si un director es listo y construye el relato alrededor de dichos protagonistas. Aunque también puede pasar al revés y que un gran guión mejore a un actor, si el director de turno sabe guiar a su estrella. Pero esto es otra historia.

Toda esta cháchara irritante para llegar al punto en cuestión. La impresionante interpretación de Colin Firth en un papel muy jugoso, ayudado por otra fiera de los escenarios y las pantallas como es el australiano Geoffrey Rush, convierten a “El discurso del rey” en un peliculón, a pesar de un guión a ratos convencional que no aprovecha grandes posibilidades, como el contexto histórico en el que se desarrolla.

Si me paro a pensar, efectivamente, hay puntos de la peli que me dejan algo fríos. Si sigo pensando, con enorme riesgo para las pocas neuronas que se animan a seguirme y hacer el esfuerzo, me doy cuenta de que esos momentos son aquellos que no muestran el duelo interpretativo entre Mr. Firth y Mr. Rush.

Que Tom Hooper, el director, intenta dejarme claro la relación del futuro rey con su familia, o la desidia de su hermano y aspirante al trono, o las preocupaciones del pueblo británico por su entrada en la II Guerra Mundial… pues bueno, vale, de acuerdo. No voy a decir que me la pela, pero el tono es tal que no llega a atraparme demasiado. Son como las notas a pie de página de una novela interesante: están ahí y las leo para completar, pero estoy deseando volver a la chicha.

Ahora, cuando la cámara vuelve sobre esa incapacidad de Bertie para dar discursos, sobre su mala hostia cuando le tocan sus reales napias y sobre la desfachatez y los métodos rarunos de su logopeda para ayudarle, entonces todo cambia. Me da igual que el guión se decante hacia tonos ligeramente sensibles, incluso coqueteando sin pudor con la ñoñería. Incluso paso bastante de algunos planos extraños que el realizador se empeña en colocarnos, como muchos que nos cuentan las sesiones en la oficina de Lionel Logue, el personaje interpretado por Geoffrey Rush. El enorme trabajo de Colin Firth emociona y empatiza de tal manera, me siento tan cercano a ese real hijo atrapado por las circunstancias y por su tara, que estoy deseando que los diálogos entre ambos duren y duren y duren. Si no fuese por estos dos actores, desde luego, “El discurso del rey” no dejaría ese agradable y duradero poso que deja.

Por cierto, no debería ni decirlo, pero es por este enorme trabajo de Colin Firth en su personaje, en el que pesa enormemente su dicción, su modulación de la voz, sus silencios, sus esfuerzos a la hora de emitir cada palabra, por lo que es una soberana chorrada ver esta película en su versión doblada. Si normalmente, el trabajo vocal de los actores es importante (que se lo pregunten a Sasha Grey), en este caso es fundamental.

¿Me dejo algo? Dejadme pensar… ¡ah, sí! De qué va el lío. Siempre me olvido de las menudencias, aunque probablemente, o lo habéis deducido o ya lo sabíais. Brevemente, el relato se centra en los problemas de tartamudez de Jorge VI (George VI para los de allá), padre de la actual reina de Inglaterra, Isabel II, detalle que le acomplejaba a la hora de hablar en público y de su relación con su amigo y logopeda, Lionel Logue, en la convulsa década de los 30, en la que tuvo que sufrir la muerte de su padre, la abdicación al trono por parte de su hermano mayor y la entrada de Gran Bretaña en la II Guerra Mundial.

Ahora sí. Esto es to… esto es to… esto es todo amigos.

5 thoughts on “EL DISCURSO DEL REY

  1. Hacía ya tiempo que no me llevabas a ver una peli buena, y con esta lo conseguiste 🙂 Me encantó y por lo tanto no soy capaz de sacarle los “peros” que tu le sacas.

    PD: Me doy cuenta de lo friki-culta-cinefila que me estoy haciendo pillando la broma de “Shasa Grey” a la primera!! 😉

  2. Elisa: estás cayendo en el lado oscuro, mi dulce padawan. Eso de pillar bromas, sólo es el principio.

    Xabrés: hombre, pues yo diría que sí. Pero es que puede perder tanto en el doblaje, que yo esperaría a una versión original, en algún momento.

    Saludos.

  3. Las dos peliculas con más opciones en los próximos Oscar vistas en el fin de semana (red social el viernes en casa y esta ayer en el cine, ambas en VO). Y las dos me dejan frio. O tenía unas expectativas muy altas o me estoy haciendo mayor.

    Lo de la red social en inglés es un autentico tour de force. O sabes hablar bien ingles (y, sobre todo, entender) o no hay manera. Y la misma sensación de las últimas películas de Fincher (incluido Zodiac, creo que ya es hora de desempolvarla y darle un segunda oportunidad), si pero no. Curioso que su mayor reconicimiento esté llegando con las pelis que menos me llenan. Esperemos que se le vuelva a ir la cabeza con la trilogía de Larsson.

    Y el discurso del rey, bien a secas. Se me hace larga y, como bien dices, son las escenas entre ambos protagonistas las que relucen por encima de todo. Pero vamos, tan pronto la veo como me olvido de ella. Empiezo a pensar que esto del VO no es para mi (no vivo las peliculas igual)

    Como diría Boyero, este año me quedo con la “modernez” de Nolan y con Toy Story 3

  4. Con respecto a “La red social”, muy de acuerdo en el tour de force. Hablan a tal pastilla que es imposible seguirles el paso… ni hablado ni casi leído. De todas formas, a mí me pasa al contrario que a ti. Me he acostumbrado tanto a escucharles las voces reales, que con los dobladores me suena todo a falso. Aún así, la película me metió de tal manera en el argumento que se me pasaron las dos horas en un pispás que te vas, lo cual es muy buena señal. Me parece una de las mejores del año.

    De “El discurso del rey”, opino casi igual, salvo que ese toma y daca entre Firth y Rush me levanta la película de tal manera que salgo encantado. Sobre todo la humanidad que imprime el inglés a su aspirante a rey, que me provoca una ternura que yo que sé.

    Y con todo esto… también coincidimos en la conclusión. Para mí los juguetes de Andy y los sueños de Leo son las dos películas que más me han llenado. Lástima que Woody y Buzz no vayan a salir a recoger el oscar a mejor película ni de coña. De hecho, si no fueran diez nominadas, ni siquiera estarían ahí. Que tontucos los académicos.

    Saludos.

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