EL DESTINO DE JUPITER

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El problema con los hermanos Wachowski es que se han olvidado de concretar, se han perdido en su afán por ofrecer historias épicas bigger than life, confundiendo la profundidad con la cantidad y dando prioridad a los giros por encima de los personajes.

Y eso que habían empezado muy bien. “Lazos ardientes”, su opera prima era un thriller cargado de erotismo y ambiente malsano y “Matrix”, la primera, la buena, fue una pequeña revolución, no tanto en el argumento como en la narración. O más bien una perfecta aleación de ambas, ya que los hermanísimos mezclaban espiritualidad, tecnología y universos paralelos, trasladando a la pantalla un movimiento cyberpunk con estética gótica, con una puesta en escena que le calzaba maravillosamente bien.

Desde entonces, han estado intentando repetir la jugada incrementando la dificultad y, por el camino, han perdido el verdadero objetivo: contar historias.

Las dos siguientes partes de “Matrix” intentaban expandir el universo y comenzaron a observarse sus carencias cuando les dejaban desatarse. La pirueta y el tirabuzón tomaban el control y el espectáculo visual se merendaba al guión y a los personajes.

Al final, los fans de la primera parte nos vimos pidiendo al árbitro el final del partido y esperamos con paciencia a que volvieran a asentarse y a acometer una nueva historia, de cero, sin la obligación de seguir exprimiendo ideas que no daban más de sí. Y llegaron “Speed racer” y “El atlas de las nubes”, donde seguían dando muestras de su enorme imaginación visual y su extravío en la palabra.

Ahora estrenan “El destino de Jupiter” y lejos de demostrar una mejoría, inciden tercamente en sus defectos, intentando taparlos de forma ostentosa con sus virtudes.

Una señorita que limpia sanitarios en casas de ricos es una especie de elegida (tenemos de nuevo a Neo versión femenina). Se da cuenta el día en que unos aliens feos intentan matarla y un cachas modificado genéticamente con genes licántropos y unas botas voladoras remolonas, intenta salvarla. En este punto inicia una aventura galáctica en la que tendrá que sortear las putadas que le van haciendo tres hermanos ricachones que tienen turbios negocios a lo largo y ancho del Universo.

En su búsqueda por plantear una epopeya galáctica, Lana y Andy Wachowski se preocupan más en acumular elementos que en fijarse si estos tienen una cierta armonía o en pararse a pensar si podrían ser demasiados para una sola película. Un poco como cuando éramos pequeños, nos daban por primera vez unas acuarelas y nos dedicábamos a mezclar todos los colores obteniendo un marrón fecal con el que emborronábamos el folio.

Si se quiere plantear una estirpe galáctica mezclando negocios genéticos, vampiros, licántropos, princesas, ángeles, mundos, especies y civilizaciones, es tarea imposible hacerlo en 127 minutos sin descuidar los personajes y sin que el resultado parezca un videoclip de efectos especiales grandiosos y contenido vacío. Si quieres desarrollar tu propio “Dune”, “ Historia de la Fundación” o “Hyperion”, tienes que tomarte tu tiempo en el desarrollo de tu universo o a la quinta vez en que la protagonista viaje a un nuevo mundo sin que lo acontecido previamente le haya influído en lo más mínimo, el cerebro del espectador desconectará con la historia y se limitará a admirar la siguiente batalla con encefalograma plano.

Es por todo esto por lo que, a pesar de los descubrimientos visuales (las botas para patinar por el aire y el escudo a lo “Ulises 31” son mis nuevos gadgets futuristas más deseados por encima del aeropatín), la empatía que nos genera ver a Mila Kunis ser raptada nuevamente y salvada nuevamente por un Channing Tatum con el piloto automático puesto, tiende a cero.

En cuanto a la actuación más controvertida de la película, la del maloso compuesto por Eddie Redmayne, tampoco es merecedora de todos los palos que le están arreando por los interneses. Al menos, le ha echado redaños a la hora de intentar componer algo diferente y raruno y solo por eso, le aplaudo. Quizá el resultado no le haga ingresar en el top de villanos hollywoodienses, pero más aburrido es quedarse con cara de palo.

Colegas Wachowski, a veces, cuando uno está perdido, es bueno dar un par de pasos atrás y volver a las bases, construir una historia pequeñita, buscar de nuevo la esencia del cine y de los buenos guiones y reaprender lo desaprendido.

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