EL CABALLERO OSCURO: LA LEYENDA RENACE

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Salgo de mi retiro temporal bloguero, en el que me he sumido cogiendo unas  vacaciones antes de las oficiales, para daros mi opinión sobre una de las cintas más esperadas de este verano y, si me apuráis, de este año.
Christopher Nolan construyó un nuevo camino para el murciélago, cuando todos pensábamos que superar las películas de Tim Burton era una tarea hercúlea y que las de Joel Schumacher habían dado una estocada mortal al personaje, armó una verdadera obra maestra con la secuela pillándonos a todos por sorpresa, colocando una bomba de relojería en el cerebro cargada de información, con un thriller policial disfrazado de peli de superhéroes y nos regaló uno de los mejores villanos de la historia del cine cuando todos afirmábamos, con cara de eruditos pedantes, que el Jocker de Jack Nicholson era absolutamente insuperable.
Es decir, Nolan fue de menos a más, destrozando prejuicios, rompiendo moldes, creando estilo, superándose a sí mismo y otorgando a Batman un universo reconocible, nuevo, más real y humano, engarzando a la perfección el aroma de los comics en un mundo plausible (si dispones del porrón de millones de Bruce Wayne y una capacidad atlética olímpica).
Por todo esto, el sprint final que suponía cerrar la trilogía de manera redonda, corriendo más rápido, saltando más alto y golpeando más fuerte, era una tarea muy complicada. Y a mi juicio, no lo consigue. Nolan, nos brinda una gran película, pero alejada del portento de “El caballero oscuro”. Un broche que cierra la travesía comenzada hace siete años con un buen nivel, aunque sin las cotas de excelencia que yo esperaba. Igual es que esperaba mucho pero cuando hay un alumno como Nolan tras las cámaras, que te saca dieces como churros, uno espera lo mejor.
Entonces, ¿qué es lo que provoca que esta película no alcance la magnificencia de la anterior? Pues unos cuantos detalles, difíciles de exponer sobre el tapete sin caer en el destripe argumental. Así que  dividiré el texto en dos partes, una para aquellos que no han visto la peli y otra para los que sí la han visto y tengan ganas de debatir conmigo, a ver si nuestros puntos de vista han llegado a las mismas conclusiones.
Empecemos con la parte para todos los públicos.
“El caballero oscuro: la leyenda renace” comienza tras los acontecimientos de la anterior película, así que más os vale que tengáis ciertos conceptos frescos. Batman ha desaparecido de la vida de Gotham City y ha cargado con los pecados de Harvey Dent, asumiendo la culpa de los actos de Dos Caras y pasando a ser una figura denostada por la población. Mientras, Gordon carga con la culpa de conocer la verdad y esconderla por el bien mayor.
Sin embargo, la aparición de un tipo anárquico y bien entrenado, un brutote tras una extraña máscara llamado Bane, que siembra el caos en la ciudad ayudado por un ejército perfectamente entrenado, provocará el retorno del caballero de la noche, que tendrá que enfrentarse a un bicharraco capaz de ponerle la careta del revés de un sopapo.
Además, aparecerán por ahí una linda gatita con cuerpo demoníaco e intenciones no demasiado claras que liará la partida, una linda millonaria pasará a ocupar el corazón de Bruce, curándole ligeramente la herida del recuerdo de la malograda Rachel Dawes, a la cual no puede olvidar y un policía bueno e íntegro que jugará un papel importante en la lucha de la ciudad contra el mal absoluto.
La película arranca a un gran nivel, con Wayne deprimido en su fortaleza y desaparecido del mundo, el tal Bane que comienza la toma de la ciudad, de forma calculada y meticulosa y, armándose de valor, el millonario aceptando la necesidad de enfundarse otra vez en el traje negro. Una introducción de precisión cirujana con persecución espectacular incluída que da paso a un enfrentamiento épico que sumerge la película en la parte central del guión, momento en el que, a mi juicio, se produce un importante bajón.
Bajón provocado por querer contar demasiadas cosas en muy poco tiempo, por relatar una enorme cantidad de información de lo que ocurre en Gotham en un periodo largo, preparando la recta final a base de un montaje ajetreado que corta esa narración constante y compacta que caracterizaba “El caballero oscuro”. Bajón por la rotura de ciertas reglas que los hermanos Nolan se habían autoimpuesto en cuanto a realismo, que aquí parecen bordear para introducir un componente épico que no llega a ser lo que debían pretender, a pesar de que dicha épica sí llegue en determinados momentos, como el del campo de futbol americano, tan visto en los avances de la película.
Para rematar, el punto final de la trilogía Nolaniana, tampoco se me hizo tan glamourosa como la esperaba. Algún ramalazo telenovelesco, alguna decisión controvertida y un epílogo que deja una ventanita abierta a los directores que quieran continuar la senda abierta por el director, me parecen mejorables a nivel de guión.
Eso no quiere decir que la puesta en escena no sea bárbara y el nivel actoral continúe siendo asombroso. A Christian Bale, Michael Caine, Morgan Freeman y Gary Oldman se le unen un Tom Hardy enorme, tanto en lo físico como en la construcción de un personaje que basa gran parte de su carisma en la modulación de la voz, que en su versión original puede gustar o no, por lo peculiar. Anne Hathaway, sensual y enigmática en el papel de una Catwoman muy alejada de las viñetas, Joseph Gordon-Levitt en el contrapunto moral e inocente, llevando un peso importante de la trama y Marion Cotillard, que ha aprendido a anular su acento francés y que pelea por el corazón del millonario.
En definitiva, la película me dejó con un sabor de boca agridulce. Reconozco que, de no haber comparación anterior, hubiese acabado más que satisfecho, con momentos muy altos y escenas espectaculares. Sin embargo, hay donde comparar y eso provoca que la sensación de plenitud no llegue a alcanzarse nunca.
Ahora, un par de cosas para aquellos que han visto la película, llenas de spoilers y que pueden provocar el sangrado masivo de los glóbulos oculares de todo aquel que no quiere saber datos de la trama antes de acudir a la sala de cine. Avisados quedáis.
A pesar de que, unos párrafos más arriba, he transmitido mi agrado con el principio de la cinta, hay un detalle que empieza a rechinarme ya ahí. Bruce Wayne es un tipo roto, tanto mental como físicamente. Se mueve con un bastón y cae como un fardo si se lo quitas. No tiene ligamentos en las rodillas y parece un vejete cuya mayor aventura sería ganar un mus con duples castellanos. Sin embargo, en dos momentos del film, su recuperación es milagrosa, como si se hubiese ido de rodillas (sin ligamentos) hasta Lourdes.
Ya sé, es una peli de superhéroes y estas curaciones son el pan de cada día, pero no en el escenario que había planteado Nolan en las entregas anteriores. Wayne se pone un corsé en las rodillas y ya es capaz de saltar desde edificios. Bane le rompe la espalda, dejándolo tirado en una cárcel sin siquiera un botiquín de primeros auxilios y se recompone a base de sermones y flexiones. Dos salidas fáciles que no cuadran con lo que teníamos hasta el momento.
Y, ya que hemos hablado de ella, la cárcel misteriosa. Otro elemento mitológico que no cuadra con el resto de la trilogía. Hasta entonces, nuestro millonario favorito había subido a cumbres nevadas, había peleado en sucias cárceles nepalíes y había asaltado edificios ultratecnológicos orientales. Escenarios plausibles dentro de la fantasía realista de Nolan. De repente, existe una cárcel más propia de “Prince of Persia” donde están encerrados tipos nobles, cultos y amigables a saber por qué delito. Una cárcel sin puertas, diseñada para que escapen tipos sin miedo y con ciertas características físicas. Características que, por cierto, comparten Wayne, un tipo musculado y bien entrenado y una niña de siete u ocho años y no el resto de brutotes que la habitan. Ahí queda otra patada a toda la leyenda planteada hasta este momento.
Eso en cuanto a incoherencias en lo escrito hasta ese momento. Pero no queda ahí mi puntito criticón. Tampoco me gusta el dibujo de la mujer gata. Para plantear un giro mortal en el arco del protagonista, nos podemos inventar una prisión atemporal y sin localización concreta, pero para plantear el personaje de Selina Kyle, nos alejamos todo lo posible de las páginas escritas y retratamos una ladrona de guante blanco con dotes para las acrobacias, con unas gafas que, en determinada posición, pueden parecer orejas. Esto ya es puro gusto personal, pero dejadme que me quede con los sensuales ronroneos de Michelle Pfeiffer y su felina locura.
Avancemos hacia la parte central. El argumento ha ido avanzando a paso firme hasta el primer enfrentamiento entre Batman y Bane. El malote de brazos como muslos gana con contundencia y encierra a un derrotado Wayne en la cárcel de marras. En ese momento, Nolan se da cuenta de que le queda un montón de historia por contar y pega un demarraje que dejaría a Induráin acojonado al comienzo de la subida al puerto.
En ese lapso de meses, con cuenta atrás de bomba nuclear incluída, opción manida donde las haya, se plantea la caída de una ciudad, el dilema moral de los habitantes, el régimen dictatorial que se impone, los juicios masivos y los castigos medievales (con aparición estelar del Espantapájaros, que ha cambiado de profesión como si nada), la evolución de Gordon, Blake y el resto de policías y, por fin, el regreso de Batman. Demasiadas cosas para un nudo en el que no aparece el personaje que da nombre al cómic. Y es que, probablemente, esta entrega de Batman sea en la que el señor de la noche menos aparezca.
El caso es que, en esa parte central, me llegué a aburrir ligeramente. Tanto las intrigas en Gotham, con la ciudad instalada en una ley marcial que deja las calles vacías, como en la prisión donde Wayne trata de vencer sus miedos, todo deja de interesarme un poco. Estoy deseando que el murciélago salga por la chimenea y se enfunde de nuevo el traje y empiece a repartir estopa, utilizar gadgets y salvar el mundo, pero ese momento se retrasa mucho.
Por fin, esto sucede y la peli enfila su recta final. Batman vuelve, confía en Selina para su plan maestro final, aunque no sabemos por qué, después de traicionarle una y otra vez y se enfrenta a Bane por última vez. Todo va bien hasta que aparece el personaje de Cotillard y planta una telenovela a lo Falcon Crest que pretende dar un triple salto mortal final que me llega ya a destiempo, para rematar con la victoria final sobre en grandote de Bane con un simple disparo desde la bat-moto. Adiós épica.
Por último, momento epílogo. Parece que Batman se sacrifica por la ciudad que lo repudió, en un último acto heróico. Un gran cierre que seguro que estaba en la cabecita de Nolan. Pero, todos sabemos que los usamericanos se mueren si ven palmar al murciélago. Alfred dio las claves hacia mitad de película, con un cafecita en una plaza italiana, de cómo debía acabar todo y ahí está. Y, por si creíamos que la trilogía cerraba de manera contundente, descubrimos el segundo nombre del tal John Blake: Robin. Algo que se iba viendo venir desde hacía un rato.
En fin, son unos cuantos puntos que, puestos así, unos detrás de otros, pueden dar la sensación de que salí enfadado y cejijunto de la película y, en realidad, como ya he dicho, no es así. La peli es entretenida y, a ratos una gozada. Pero ahí está su hermana menor para recordarnos que todo puede ser aún mejor.
Y eso jode.
Un poco.

One thought on “EL CABALLERO OSCURO: LA LEYENDA RENACE

  1. A mí también me ha pasado un poco como a ti, pero quizá menos aguzado. Catwoman no me convenció mucho, y tiene muchos detallitos con los que se hace uno preguntas, como, por ejemplo, cómo demonios regresó Wayne a Gotham después de escapar de prisión, y encima trajeado y encima encuentra a Selyna tan fácilmente; o qué hacía todavía la carta de Gordon en su chaqueta cuando se tropezó con Bane (y qué casualidad que le diera a este por mirar en el susodicho lugar); o por qué no se llevó Wayne a Miranda cuando Selyna fue en su búsqueda, al fin y al cabo salieron tan campantes por la puerta…

    Total, detallitos que le quitan enteros, pero a mí el final me produjo cierto subidón…

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