EL ÁRBOL DE LA VIDA

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Terrence Malick, un tipo curioso. Meticuloso, perfeccionista, prepotente, pomposo, pedante, brasas, genio, visionario, maniático, artista. Todos estos son objetivos que, seguramente, han caído en su descripción alguna que otra vez. Un tipo al margen de los estudios, con una fama que le permite rodar lo que le sale de las bolsas escrotales, como una excesiva alegoría de la condición humana, el universo, la ciencia, la religión y las lucecitas parlantes.

Escribir una sinopsis de la película es algo complicado. El tema que trata es tan filosófico y etéreo, que va a caballo entre la postal y la pedantería. El ejercicio de abstracción que aborda, sobre todo en la primera y última parte de la película, puede provocar que cada uno saque su propia interpretación e incluso que todo lo que alguno pueda sacar en claro es que se trata de media hora de fotos de volcanes y una familia con voz en off. Así que yo os puedo dejar aquí lo que yo creí entender.

La película parece dividida en tres partes. En la primera, la pérdida de uno de los miembros de una familia parece sumirlos en una crisis existencial, religiosa y vital, que les lleva a replantearse su sitio en el universo. Así, en una serie de imágenes enlazadas, asistimos a una curiosa interpretación de la aparición de la vida, desde la creación misma del universo hasta la creación de la familia protagonista, en una especie de zoom con música orquestal.

De ahí, pasamos a la parte central de la cinta, deteniendo el microscopio en uno de los miembros de la familia, en la que Malick parece querer definir a un ser humano a través de los recuerdos de su infancia que han quedado grabados en su memoria. Como las neuronas son caprichosas, y eso es algo que nos pasa a todos, los recuerdos son fijados sin demasiado criterio. Podemos pasar por alto sucesos traumáticos y acordarnos como si fuera ayer de la luz filtrándose a través de un castaño la primavera en la que cumplimos los 12 años.

Por último, pasamos a un epílogo al que no encontré lógica alguna, que parece un folleto de alguna religión plasta de esas que van intentando convencer a la gente de la verdad suprema puerta a puerta, con escenas simbólicas como un tipo pasando por una puerta en medio del desierto que no lleva a ningún sitio o un montón de gente vagando sin rumbo por una playa. Lo que en el lenguaje técnico se suele llamar “enorme ida de olla”.

De esta última parte es de la que se viene quejando Sean Penn en las últimas entrevistas que ha concedido, ya que dice que su personaje, precisamente parte central del epílogo, ha sufrido tanto la tijera de Malick, que no tiene sentido. En realidad ni su personaje ni las extrañas imágenes, ni las palabras susurradas tienen sentido en este final de película que podría haber firmado el Paulo Coelho más fumado que nos pudiéramos encontrar.

De las interpretaciones, a cargo de Brad Pitt, Jessica Chastain, el susodicho Sean Penn y los tres chavales, es difícil opinar. La mayoría de las veces tan sólo caminan delante de la cámara, ponen la cara de concentración de Joey de cuando intenta dividir 478374 entre 13 e intentan ser superintensos. En los ratos en los que se esboza un mínimo argumento lineal, están todos muy bien.

Una vez que salí de la sala de cine, me quedé trabado en una cuestión fundamental: el amigo Malick, ¿ha realizado una película tan compleja y densa que lo convierte en un genio o se ha dedicado a jugar con la cámara pasándoselo como un enano y ha unido las escenas como ha podido tomándome el pelo?

Es decir: ¿intenta de verdad abarcar un tema tan complejo como el germen de la vida y del alma humana o es todo un discurso de libro de autoayuda de estante de gasolinera?

De los tres que nos acercamos a la sala, dos lo tuvieron muy claro desde el primer momento: el tipo es un charlatán con ínfulas de telepredicador tocado por los dioses y la película aburre a las ovejas. Yo me quedé ahí, a medias, sin saber muy bien qué pensar. Sin saber si había entendido una parte o más bien fue la ilusión del prota de “Una mente maravillosa”, cuando se vuelve majareta y cree ver un patrón en los textos de los periódicos.

Vete tú a saber. Habrá que preguntárselo al fuego fatuo anaranjado que abre y cierra la peli.

3 thoughts on “EL ÁRBOL DE LA VIDA

  1. While (1)
    {
    Alguien andando visto por detrás
    Primer plano de alguien triste
    Algo flotando en el agua visto desde abajo
    Escena con el sol de fondo en la que no pasa nada
    Copas de los árboles
    Voz en off susurrando chorrada
    }

    Basura.

    Pero te admiro por intentar buscarle sentido a “eso”.

  2. Carlos:

    for (tiempo = inicio_película; tiempo < fin_película; tiempo ++)
    {
    carlos resopla
    elisa ronca
    carlos se remueve
    elisa corre en sueños
    carlos gruñe
    elisa babea
    }

    De todas formas, es cierto que a lo mejor intentaba desentrañar lo desentrañable, ¿quién lo desentrañará? Igual ni el mismísimo Mr. Malick, que se mete en un jardín de narices.

    Neovallense:

    Oh my god!! Si opinamos igual estoy seguro de que estoy equivocado. ¡¡Me retracto de todo lo que dice mi post y de un poquito más!! 😛

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