DESDE ENTONCES

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Esta semana pudimos asistir, gracias a Bárbara y Dani, al pase para productoras de una película hecha por un equipo novel. Gente que está empezando y se toma la labor de sacar adelante una producción a pesar de la falta de recursos técnicos y la falta de dinero pero con ilusión y motivación de sobra para que estas nimiedades no les detengan ni por un momento. Sabiendo las difíciles circunstancias de este parto, durante toda la peli, un pensamiento giraba en mi mente sin cesar: “que difícil es esto del cine”.

La idea promete. Un chaval que ronda la treintena se entera de que sus padres han muerto. Dispuesto a vender la casa en la que ha pasado gran parte de su infancia, organiza una cena de despedida con su pandilla de toda la vida. Una idea que, a medida que se desplegaba, me iba recordando cada vez más a “Los amigos de Peter”, de Kenneth Branagh. Es por tanto, una obra basada casi totalmente en el diálogo, en la respuesta ingeniosa y en el carácter de los personajes… y precisamente éstas son las partes en las que la película cojea.

Lo más complicado de un diálogo, es hacerlo sencillo, cotidiano, fresco, espontáneo. Escuchamos hablar a los personajes de películas de Woody Allen o Kevin Smith y, nos guste o no la película, no nos rechina en los oídos lo que se cuentan unos a otros. El caso es que, después de ver cientos de películas, esto nos parece normal. La realidad es que el salto del papel a los altavoces de la sala no es una tarea tan obvia como parece. Si cogemos un libro de Dan Brown o Stephen King o algún autor que nos guste, en donde los diálogos, leídos, transcurren de forma fluída y haciendo una deplorable (en mi caso) labor de interpretación intentamos decirlos en alto, inmediatamente notaremos que algo falla. Lo literario no tiene por qué encajar de la misma manera en lo cinematográfico y de esa falta peca esta película.

Mario Parra, su director, se nota que tiene soltura para la escritura. Muchas veces, las respuestas son ácidas y cómicas, pero le faltan ese punto de frescura que hace desaparecer el guión para lograr que aparezca el personaje.

El otro punto flojo del guión, son de hecho, esos personajes. Mario Parra trata de dar forma a una pandilla típica de treintañeros, con sus preocupaciones, sus problemas y sus inquietudes, pero el dibujo le queda algo estereotipado. El protagonista, quizá es el que más se libra de esta tara, siendo el que más matices presenta y quizá es el que tenga más en común con el propio director. Pero el resto de personajes se pueden definir con uno o dos adjetivos cada uno y sabremos perfectamente a que tipo de carácter nos estamos enfrentando. El graciosete inocentón, el chulo con sentimientos, la ligera de cascos enamorada, la adicta al trabajo con ganas de romper con su vida, la novia del amigo y la eterna amiga. Demasiados clichés, a mi juicio.

Sin embargo, sí que tiene partes positivas. Me gustó mucho el uso de la cámara que hace el director, que es capaz de conseguir encuadres muy bonitos, sobre todo cuando no tiene que seguir las conversaciones y se puede limitar a mostrar el estado de ánimo de alguno de los personajes por medio de imágenes. También me encantó una banda sonora muy bien engarzada en la trama, a lo que ayudó el que Mario Parra y yo parece que tengamos gustos musicales muy similares.

Al margen de las partes positivas o negativas que yo pueda ver en la cinta, me parece encomiable llevar a cabo una empresa como la de sacar adelante una película sin apenas respaldo de ningún tipo. Espero que tanto el director, como los técnicos, como los actores de “Desde entonces”, Gonzalo Navas, Maya Reyes, Jesus Teysiere, Chema Coloma, Ana Migallón, Rosa Martín, Marina Pantoja y César del Álamo, tengan muchas más oportunidades de desarrollar su talento, en esta industria tan perra y desagradecida como la nuestra.

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