DEADPOOL 2

Desde hace un tiempo, esta nave ha tomado senderos inexplorados en un afán por explorar distintos puntos de la galaxia. Esto provoca, por una parte, una excitación y unas ganas de aprender que hacía tiempo que no sentía pero, por otro, menos tiempo a la hora de mandar páginas del cuaderno de bitácora hacia el exterior.

Habréis notado, la poca vida inteligente que aún se asoma a la ventana cinéfila que se transmite desde los cuadros de mandos, que llevo varias semanas sin actualizar con nuevas críticas y precríticas y esto probablemente siga con rumbo errático hasta que no encontremos una manera de sacar tiempo a estas jornadas de exploración y nuevas tareas. Sin embargo, con un poco de suerte, al final, lo conseguiré.

Sin perder más tiempo, vayamos a una de las películas que se habían quedado en el tintero.

Es casi imposible acudir sin ninguna clase de expectativa ni información a una nueva película en un mundo tan comunicado como el nuestro. Ya sea por comentarios a través de las redes sociales o por conversaciones cara a cara (sí, aún existen, prodigioso) nuestra visión previa a la entrada de la sala ya se ha visto modificada. Y más si se trata de un blockbuster.

Tan sólo vuelvo a la sensación de experimentar una película desde cero, sin apenas información, en los festivales y es una de las cosas que los hace mágicos. Ese momento en el que te sientas en la butaca sin tener muy claras tus expectativas y, de repente, descubres una joya que no dudarás en recomendar a todo el que quiera escucharte. Y al que no.

Vale, también existen los casos en los que a la media hora te das cuenta de que estás viendo un mojón del tamaño de Júpiter y también es cierto que esos casos conforman la mayoría, pero soy un tipo optimista y me quedo con los otros.

Todo esto viene a que en “Deadpool” han conseguido una campaña de marketing tan buena, orquestada, cómo no, por el cachondo de su protagonista, Ryan Reynolds, que consigue sorprender en varios momentos a lo largo del visionado, dejándote una sensación pre-años 2000. Un movimiento publicitario tan perfecto, continuando con la estela de la primera, en la que Reynolds se volcó en ella ante la falta de presupuesto, que no cabe otra que quitarse el sombrero ante ella.

Porque, es cierto, “Deadpool 2” es una película totalmente continuista con respecto a la anterior. Una producción que coge todo lo que nos enamoró en los orígenes del personaje y lo aumenta y expande sin perder ni un ápice de su ADN.

El personaje principal vuelve a tener todo el gamberrismo y toda la consciencia de su naturaleza cinematográfica con nuevas coñas que adaptan las anteriores o buscan nuevas sendas sin llegar a sentirse repetitivas. Aparecen los dos personajes miembros de X-Men que aparecían anteriormente, Coloso y Negasonic Teenage Warhead y se expande con otros nuevos, como los cacareados Cable y Domino y alguna que otra hilarante sorpresa, por no hablar de una banda sonora que se vuelve a ajustarse como un guante a cada momento con temazos atemporales.

Y lo que me parece lo más sorpresivo de todo, si uno coge la trama principal y la despoja del carácter irreverente del Mercenario Bocazas, uno obtiene una película de aventuras de lo más maja, aspecto del que a menudo se olvida el cine en cuanto a películas de humor se refiere de un largo tiempo a esta parte. Está bien que nos hagan reír, pero si el producto consiste en una sucesión de gags sin hilo central, todo se convierte en un sketch de Muchachada Nui que difícilmente puede aguantarse más allá de veinte minutos.

Por otra parte, el cambio de director no llega a notarse demasiado, y comento esto como algo positivo, lo que demuestra que el verdadero poder de la franquicia se halla en manos de unos guionistas desbocados y con libertad ilimitada y un actor principal que conoce el personaje de Marvel a la perfección y sabe a dónde quiere llevarlo.

Quizá la presencia de David Leitch a los mandos, sustituyendo al realizador de la primera, Tim Miller, se haya notado en cuanto a las coreografías. El co-director de la primera entrega de “John Wick” y de “Atómica”, que antes trabajó como doble de acción y coordinador de escenas de acción, sabe perfectamente cómo manejar acciones repletas de coreografías, como ya demostró en las cintas protagonizadas por Keanu Reeves y Charlize Theron y aquí vuelve a soltarse la melena con piezas que rebosan elegancia y crudeza a partes iguales.

Por lo demás, tenemos que seguir agradeciéndole al actor canadiense que haya abierto nuevas sendas en el género superheróico que, por su éxito y cantidad de producción en estos días, podría correr el riesgo de estancarse y acabar sucumbiendo ante su propio éxito, como en su día le pudo haber pasado al Western.

Espero que tengamos Deadpool para rato y que sus artífices sean lo suficientemente avispados como para no caer en la comodidad y a la hora de espaciar lo suficiente las nuevas entregas para no saturar al público con un tipo de humor tan personal.

Ya sabéis, colegas: maximum effort.

ESCENA POST-POST

Seguro que ya lo habéis escuchado en todas partes, pero la escena post-créditos podría ser la mejor que se haya hecho en la breve y moderna historia de las películas comiqueras.

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