CUSTODIA COMPARTIDA

Cuando estuve leyendo sobre la película, una vez vista, caí en las críticas de los usuarios de FilmAffinity y lo que allí vi, os sorprenderá.

O no.

Pero para entenderlo, creo que tendría que comenzar por el argumento de la propia película o me va a quedar un post demasiado a lo “Memento”.

“Custodia compartida” habla de un proceso de divorcio y el régimen de visitas impuesto al padre con respecto al hijo menor de edad y comienza con una larga secuencia en la que cinco personas están sentadas en sillas y hablando. En ella una jueza lee a ambas partes el testimonio del hijo menor de la expareja explicando que no quiere ver a su padre porque es una mala persona.

A continuación, la abogada de la madre incorpora hechos al relato del menor y la abogada del padre trata de rebatirlos.

Si dejamos de lado nuestros prejuicios quizá tendríamos tantos problemas como la jueza para decidir si debemos privar al padre de ver a sus hijos o ha habido un proceso de influencia de una mujer despechada hacia su hijo.

Finalmente la jueza fija las visitas en un fin de semana de cada dos y aquí comienza una historia que, según las estadísticas, es mucho más frecuente de lo que nos gustaría pensar. Una historia de psiques disfuncionales, de miedos cotidianos, de horrores conyugales que va virando, muy despacio, casi de forma imperceptible hacia el terror más real.

Xavier Legrand denuncia las decisiones judiciales en este tipo de casos partiendo de un cortometraje anterior filmado en 2013 que se llevó el premio César al mejor cortometraje de ficción y estuvo nominado a los Oscar y lo hace con una película que huye del maniqueísmo y va sumiendo al espectador en la desesperación y el miedo con un desarrollo en continuo ascenso, rematando con una de las escenas más tristes y aterradoras que he visto en una pantalla de cine.

Legrand ha continuado la riada de premios de su corto previo con los de mejor director y mejor opera prima en el Festival de Venecia y el premio del público al mejor film europeo y gran parte de la culpa de las sensaciones que provoca la película la tienen sus actores. Léa Drucker hace un trabajo excepcional interpretando a la ex-esposa sin tirar del dramatismo sin necesidad, Mathilde Auneveux es la hija mayor y aunque no tiene tanto peso en la historia borda algún momento de puro terror interno (la escena de la canción en su cumpleaños con la simbólica canción de Ike y Tina Turner es puro nerviosismo) y Thomas Gioria encarna al hijo menor y es brutal el miedo que consigue transmitir en muchos de los momentos más tensos de la historia, acentuando la fragilidad de los menores en este tipo de escenarios.

Pero sobre todos ellos destaca el titánico trabajo de Denis Ménochet que se mete en la piel del monstruo. Con su rotundo físico y un manejo asombroso de las expresiones tanto corporales como faciales encarna a un tipo ególatra, narcisista, violento, mentiroso, seductor y profundamente inestable con una contundencia que pone los pelos de punta.

Lo cierto es que muchas veces las historias más apegadas a la realidad son mucho más terroríficas que cualquier fantasma, zombie o amenaza interestelar.

Y ahora volvemos a la observación que abría este post: cuando paseaba por las opiniones de los usuarios de la conocida página cinematográfica me llamó la atención la cantidad de comentarios negativos de hombres que consideraban la película gala como una innecesaria apología del feminismo más radical. Lo que da buena muestra del patriarcado más dañino que sigue anclando sus garras en las raíces de la sociedad. Hombres que se sienten atacados cada vez que se denuncian nuevas muestras de violencia contra la mujer.

Queda tanto por hacer, tanto que concienciar, tanto que aprender…

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