CUATRO VIDAS

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Felicidad, placer, tristeza, amor. El neoyorquino de ascendencia oriental Jieho Lee, toma estos cuatro conceptos y los moldea y retuerce para hacer una película de historias cruzadas y desordenadas, de personajes singulares y anónimos, al estilo de las historias de Iñárritu & Arriaga. Una especie de tratado sobre el destino y una exposición de la idea de que todos los seres pensantes (y hasta los políticos) estamos conectados. Cada movimiento que haces, puede repercutir en las personas (y hasta políticos) que tienes a tu alrededor de una forma inimaginable. Pero, ¿ hasta qué punto podemos influir en los demás? ¿Es el amor una fuerza más poderosa que el destino? ¿Es éste inamovible hagamos lo que hagamos?

Jieho Lee nos expone un juego en el que el destino y el amor se entrecruzan para crear un bonito puzzle de piezas que van asentándose sin prisa, posando la cámara en el baile que dichas piezas ejecutan en el aire, antes de encajarse en el tablero, pero dejando entrever que su posición en el mismo no es única, sino que pueden conformar, al final, distíntas imágenes.

“Cuatro vidas” (traducción libérrima de “The air I breathe”) narra cuatro episodios de cuatro instantes vitales que se entrecruzan. Forest Whitaker (Felicidad) es un gris y aburrido trabajador de bolsa que trata de cambiar su vida apostando un montón de pasta (que no tiene) al caballo de una carrera amañada. Brendan Fraser (Placer) es un matón al servicio de un gangster apodado Fingers (Andy García) que tiene el don de ver flashes del futuro, pero la maldición de no poder cambiarlo, lo que lo ha vuelto destemido y nihilista. Sarah Michelle Gellar (Tristeza) es una cantante que triunfa  tras su primer single y que oculta su nombre tras un seudónimo y sus sentimientos tras una botella de alcohol. Kevin Bacon es un médico enamorado de la mujer de su mejor amigo, que tendrá que salvarla en un tiempo record buscando un tipo de sangre inusualmente raro.

El azar marcará los caminos de estos cuatro personajes, llevándolos hasta cruces que influirán en su destino. Una mariposa marcará el inicio (y fin) del viaje en el que será el personaje de Fraser, el único que puede entrever a través de las nieblas del futuro, el que ponga los recodos al resto de sendas que tiene a su alrededor. Será en el momento en el que se dé cuenta de que puede cambiar lo que está escrito, cuando pierda su visión hacia la persona que más le importa, ironía que le llevará a producir una explosión que mueva al resto de personajes en direcciones distintas.

“Cuatro vidas” es un cuento de corte oriental, cadencioso y bien contado en el que prima ese ritmo sosegado del que carecemos los estresados occidentales. También es una nueva ocasión para demostrar que cuando Brendan Fraser se aparta de sus papeles cómicos o aventureros, consigue interpretaciones muy buenas, como ya demostró en la estupenda “Dioses y monstruos” y que Sarah Michelle Gellar es algo más que una cazavampiros si cuenta con una buena dirección detrás. Forest Whitaker y Kevin Bacon ya no tienen nada que demostrar sobre su calidad como intérpretes a estas alturas y Andy García viene haciendo más o menos el mismo (y conseguido) papel desde que empezó (¿para qué cambiar lo que ya funciona?).

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