COLOSSAL

Es probable que en este país se esté esperando a que Nacho Vigalondo muera, dentro de muchísimos años, espero, para alabar de manera exacerbada su carrera como cineasta. Eso es muy nuestro. Hacernos los interesantes y los listillos hablando de artistas en pasado en vez de encumbrarlos y disfrutarlos en presente, que en realidad es cuando a ellos les viene bien.

Tenemos una suerte enorme de que un tipo como Vigalondo exista y deberíamos estar agradecidos de que siga empeñado en querer sacar proyectos adelante en nuestro país a pesar de cómo le tratamos en taquilla. A pesar de que fuese pionero entre los cortometrajistas patrios en acudir a los Oscar con su corto “7:35 de la mañana”. A pesar de que su opera prima, “Los cronocrímenes”, fue un puzzle original y preciso premiado con una nominación a los Goya. A pesar de que la espera para conseguir la financiación adecuada y los medios para sacar adelante su siguiente largometraje le llevase a parir algo más pequeñito y personal que acabó siendo una de las piezas más originales de nuestro cine: “Extraterrestre”. A pesar de que “Open windows”, sea una pieza de orfebrería digna de exponer en un museo. A pesar de que su última película venga con enormes críticas y un buen número de espectadores a su paso por Usamérica. A pesar de todo eso, vamos nosotros y le compensamos con una distribución tardía y raquítica, ayudada por una promoción exigua.

Pues fantástico me parece.

Tenemos a un genio creador con ideas inagotables y el carácter suficiente para sacarlas adelante, una mezcla entre David Lynch, Michel Gondry y Spike Jonze y nos dedicamos, sistemáticamente, a ignorarlo o criticarlo. Porque somos, desde tiempo inmemorial, esa sociedad inculta y mezquina que es incapaz de ver talento aunque le golpee en el morro y eso, amigos, va a ser muy difícil de cambiar.

Por suerte para los que apreciamos su cine, éste nos llega a pesar de que sus cifras de taquilla nacionales sigan estando muy por debajo de lo que merece. Y aquí tenemos, por fin, aunque sea con retraso, su última idea loca: “Colossal”. Una película que llegó a Anne Hathaway a través de su agente y de la que se enamoró, que provocó el cambio de localización de la acción del Santander original a los Estados Unidos. Un proyecto tan interesante como para provocar que todos los actores participantes rebajaran su caché para poder participar en ella.

Del argumento mejor hablar lo menos posible. Lo ideal sería acudir al cine sin tener ni puta idea del mismo, sin ver ni siquiera el póster y dejarse golpear por la cantidad de ideas cojonudas que exhibe el de Cabezón de la Sal y por las precisas interpretaciones de la mencionada Hathaway o de su coprotagonista Jason Sudeikis.

Así que, me voy a hacer caso a mí mismo y no voy a hablar en absoluto del argumento, toma crítica loca.

Lo que sí hablaré es del debate que la propia peli provoca al salir del cine, una demostración de su calidad y de sus diferentes capas de comprensión. Una película que ha sido calificada por mucha gente como profundamente feminista, como alegato contra la violencia machista, como retrato de una generación perdida y desencantada o como tratado sobre la depresión, la culpa o algo tan banal como la resaca.

Es todas estas cosas y muchas más, dependiendo de lo que quiera poner en su visionado el propio espectador. Es un pedazo de alma del director, escrita en un periodo vital algo negro provocado por los quebraderos de cabeza que resultaron del diabólico proceso de montaje de “Open windows”, todo ello pasado a través del tamiz de un género concreto de la ciencia ficción o la fantasía.

Es una película con uno de los personajes femeninos más reales y auténticos que he visto últimamente en pantalla, a pesar de su argumento loquísimo. Es una mezcla de sensaciones brutal que alberga uno de los guiños humorísticos más deliciosos y efectivos aún a sabiendas que va a ser pillado por un porcentaje muy pequeño de su público mundial. Es una película que remueve, que hace reflexionar y que divierte a partes iguales.

Desde luego, para mí, es la película más redonda de Nacho Vigalondo y una buena muestra de que tanto su maestría como escritor como la de realizador, crece a pasos agigantados. No hay ninguna duda de que nos esperan muchísimas alegrías con su cine.

Otra cosa es si podremos ver sus películas en las salas convencionales o tendremos que acercarnos a festivales de género o a otros países para poder degustarlas.

País.

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