CÓDIGO FUENTE

Photobucket

Me encanta el momento de incorporar nuevos directores a mi lista de favoritos, nuevos nombres a los que seguir y con los que sentir esa sensación de expectación cuando aparecen de nuevo por la cartelera. Como si mi memoria fuera un facebook neuronal, tardo muy poquito en emocionarme y adjudicar el pulgar para arriba de “me gusta” a un director. Tan sólo tiene que hacer dos películas seguidas que me sorprendan, entretengan y que considere por encima de la media para que esto pase. Parece fácil, ¿verdad?. Pues el caso es que no suele pasar muy a menudo, a pesar de que mi filtro de película remolona no se coloca al nivel del “Cahiers du cinema”.

Afortunadamente, la semana pasada, volvió a suceder. El hijo del mítico Duque Blanco, sin prisa pero sin pausa, ha comenzado a labrarse una carrera como realizador y por la foma de hacerlo, es un tipo que me resulta simpático. Para empezar, ha evitado en lo posible esa relación directa con su progenitor, que podría haberle abierto puertas de manera rápida, dejando de lado su apellido artístico y optando por el que viene en el carnet de identidad, algo tan típico y normalico en Usamérica como Jones. Además, se ha tomado su tiempo para encauzar sus esfuerzos hacia el mundo del cine, ya que primero cursó filosofía en la universidad, comenzó a continuación el doctorado en dicha disciplina y acabó dejándolo de lado para cursar la carrera de director en la escuela de cine de Londres. Nada de fama y dinero fácil en un mundo en el que quizá no sea fácil tomar esa decisión.

Así que, con 37 tacos, en 2009, se embarca en su primer largometraje, una cinta de presupuesto modesto con un saborcillo a ciencia ficción de la que ya no se hace muy sabroso, con reminiscencias de “2001, una odisea espacial” y un enorme Sam Rockwell que le tiene que agradecer un papelón de los que dejan huella. Ya dije en su momento que me había sorprendido gratamente con aquella peli y que le seguiría la pista en la siguiente y, este mes, llegó el momento de comprobar que el colega Duncan sabía elegir sus proyectos. Con un presupuesto más elevado, una historia más acelerada y menos contemplativa y un puñado de caras conocidas, nos deja otro guión de ciencia ficción de la que ya no se suele ver, subiendo las tintas en romance y acción con respecto a la anterior para intentar petar las taquillas y bajando la carga filosófica para que no se nos pierdan los chonis del mundo. Una cinta de evasión y disfrute a 200 Km/h que deja sin aliento, si uno sabe dejar a un lado preguntas incómodas sobre la fantasiosa premisa de partida y el psicotrópico sprint de llegada.

Un axioma de las reglas del guión dice que si planteas al principio del argumento las reglas del mundo que estás a punto de desarrollar, por muy fantásticas que sean, son asimiladas por el público de manera natural. Si nada más empezar le cuentas al público que en tu universo, un chaval de la lejana Kripton llega a la tierra y puede volar y levantar camiones o la raza humana ha evolucionado hacia mutantes con poderes o una raza de seres es inmortal y no envejece hasta que es el único de los suyos consigue conservar la cabeza sobre sus hombros o un tipo de hace unos 2000 años puede caminar sobre las aguas y revivir a los muertos, no hay problema. Las reglas se fijan al inicio de la partida y se acepta sin dificultad la conjetura, por muy rarita que sea. Pues bien, es sobre esta base sobre la que se sustenta “Código fuente”. Un mundo donde es posible que un tipo realice un viaje mental al cerebro de un tipo que ha muerto retrocediendo en el tiempo hasta ocho minutos antes de su muerte. Nos ponen una máquina tocha, un científico con barbas y una militar de mirada penetrante y buen corazón y nos lo creemos a pies juntillas.

Una vez asumidas las nuevas leyes en las que nos movemos, asistimos sin pestañear a la batalla de nuestro protagonista contra el tiempo, que debe realizar una misión en ventanas sucesivas de ocho minutos, antes de que el malo de la peli se salga con la suya. Un tipo agobiado y perdido al que encarna con credibilidad un Jake Gyllenhaal muy cómodo en el papel de héroe a su pesar, mucho más que en héroes extraordinarios del tipo “Prince of Persia”.

En cuanto al remate de la historia, habrá diversidad de opiniones. Habrá quien piense que le han hecho trampa y le han cambiado las reglas en el último momento y salga decepcionado y habrá quien comulgue con la explicación (tan razonable como la exposición teórica primigenia, a mi modo de ver) y salga con el buen sabor de boca de un género que no se prodiga demasiado, al menos en niveles aceptables.

Yo me coloco en el segundo grupo y guardo el nombre de Duncan Jones en mi lista privada de amigos directores que no saben que son mis amigos (eso es privacidad en la red social y no lo de Zuckerberg), a la espera de que se confirme si, tras la espantada de Darren Aronofsky (otro de la lista de imperdibles), es él el que se haga cargo del siguiente capítulo del más carismático de los Hombres X, el picajoso y belicoso Lobezno. Lo cual sería una gran noticia para la saga y para su máximo artífice, Hugh Jackman.

Venga Duncan, atrévete y saca las garras de Adamantium, que seguro que partes la pana.

6 thoughts on “CÓDIGO FUENTE

  1. La peli no esta mal, pero tanto te emocionó? Yo la califico entre interesante/curiosa/un poco buena… y poquito más, básicamente la misma puntuación que a Moon (si el filmaffinity me dejará poner decimales, sería un 6.5 para cada una).

  2. Xabrés: bien harás, creo yo.

    Elisa: no, no me emocionó tanto. Pero viendo la oferta que suele haber de ciencia ficción, me emocionó lo suficiente como para seguirle la pista al pollo.
    Aún así, me gustó más Moon.

  3. Visionada ha sido. Contento he salido.Gustóme por lo tanto. Apasionanme mundos paralelos(no para lelos)incursiones cuánticas y demás. Pondriale alguna pega, pero creo que no merece la pena, podría ca…rla.
    Beijocas.

  4. Xabrés: Pues sí, igual que a mí. Me gustó, me gustan los mundos paralelos, agujeros de gusano y demás cienciaficcionadas y le pondría pegas, pero muy disfrutable.

    Neovallense: Pues te la aconsejo mucho mucho. Es mucho más lenta y con menos medios, pero tanto la actuación de Sam Rockwell como el rollito filosófico y el aire a 2001 son muy remolones.

    Saludos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.