CAPITÁN AMÉRICA: EL SOLDADO DE INVIERNO

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Cada vez se me hace más complicado hablar de las películas de Marvel Studios. El universo que están creando está tan interrelacionado entre sus films que es casi como hablar de diferentes episodios, carísimos y separados en el tiempo, de una misma serie. No me imagino viendo “Doctor Who”, por ejemplo (ya que la estoy empezando ahora) y ponerme a decir gilipolleces delante de un ordenador por cada capítulo.

Cada película tiene sus directores, su ritmo, sus bondades y sus defectos pero el concepto que hay detrás es global. Tanto Kevin Feige, presidente de producción del estudio cinematográfico de Marvel, como Joss Whedon, el genio al que todos piden consejo para que el mundo quede ordenadito y consistente, van guiando las diferentes películas hacia un mismo objetivo, que suele ser la finalización de cada fase con una nueva peli de los Vengadores, donde se juntan todos los protas y se ponen a repartir estopa a nivel interplanetario.

Esas pinceladas a trazo grueso y esas ideas maestras se ponen en manos, más tarde, de guionistas y directores que entintan y plasman en algo concreto y las personalidades de cada uno de los retoños se va definiendo. Todos los que asistimos al viaje de Marvel en el mundo del cine tenemos nuestros personajes favoritos y nuestras películas preferidas pero la mayoría vemos la aventura como un todo que se va completando y enriqueciendo.

En cuanto a personajes, no tengo un favorito, en realidad. Todos tienen su parte molona. El carisma de Iron Man, la nobleza de Thor, el estilo old fashion del Capi, la dualidad de Hulk (sobre todo con la aportación última de Mark Ruffalo, un tipo que basa su actuación en la simplicidad y la naturalidad), la mala hostia llena de curvas de la Viuda… pero en cuanto a películas, reconozco que la tercera de IronMan y esta segunda de Steve Rogers, me han calado. Dejando aparte esa locura llamada “The Avengers”, que hasta ahora me parece la mejor peli de superheroes que se ha hecho jamás.

La primera peli de Capitán América me gustó pero adolecía, en algunos momentos, de las barreras que tienen que superar las primeras partes. La presentación del personaje se hace necesaria, para dotar de personalidad, para sentar las bases de lo que aportará al grupo y a cada película, para construir su propia parcela de universo. Y, aunque es disfrutable, cuando empieza la chicha y se empieza a animar la aventura, la peli se acaba, dejando con ganas de más.

Pero en las segundas partes, si se hacen bien, ya te puedes meter a saco en el meollo. Sabemos quién es, sabemos dónde está, sabemos qué hace y sabemos quienes le rodean. El Capi, la Viuda Negra, Nick Fury y S.H.I.E.L.D. no necesitan más datos y podemos ir al grano. Y el grano, en este caso, es de gran calidad, sin productos químicos y con semillas bien cuidadas. Aparte de las necesarias escenas de acción, del humor comiquero siempre presente y de los efectos especiales, Christopher Markus y Stephen McFeely, los guionistas, han situado el conflicto en medio de una trama política que le pega fenomenal al sentido de la ética y la incomprensión de Rogers en este mundo moderno en el que no llega nunca a encajar del todo.

Mientras el mundo político y militar en el que se mueve el soldado de las barras y estrellas se desmorona, Steve se ve rodeado de unos personajes secundarios que elevan aún más el gran trabajo que realiza Chris Evans. La química con Scarlett Johansson es genial (evitando incluso la tensión sexual, que parecía imposible en una película jolibudiense de dos compañeros de distinto sexo), la aparición de Sam Wilson, el Halcón, interpretado por Anthony Mackie, augura un tandem de infarto para la saga y ese maloso poderoso y enigmático al que se enfrenta, ese Soldado de Invierno, parece un rival a la altura del héroe.

Además, los hermanos Anthony y Joe Russo, que dirigen la función, tienen un pulso muy fino para las secuencias de acción. Secuencias muy espectaculares y dignas de ver en la pantalla más grande posible pero claras, sin los temblores y el cierre de objetivo de tipos mucho más sucios (cinematográficamente hablando) como Michael Bay.

Samuel L. Jackson vuelve con peso con su personaje de Furia, con alguna escena de acción que muestra la dureza del tuerto de malas pulgas y Robert Redford pone los galones y el bolsillo para construir un mandamás de la organización secreta menos secreta de Usamérica.

Los momentos dramáticos funcionan a la perfección gracias, de nuevo, al trabajo de Evans, sin hacerse pesados ni lentos, la parte de intriga también nos mantiene bien atentos, aunque a poco que uno conozca los comics deducirá alguno de los giros de la peli y, como viene siendo la norma, el grand finale del tercer acto es para levantarse, pedir unas alas de esas mecánicas y ponerse a hacer loopings por el cine.

Una vez más, Marvel lo ha conseguido. “Capitán América: el soldado de invierno” es un espectáculo como la copa de una secuoya milenaria, horneada a fuego lento y con muy buen gusto. Una aventura con el sabor de la factoría Marvel que se sitúa la tercera en mi ranking particular del estudio.

Anda, pues al final no me ha costado tanto hablar de ella.

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