CAPITÁN AMÉRICA: CIVIL WAR

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Estos meses de estrenos superheróicos encadenados, he leído mucha tontería al respecto por esos internetes del señor. Grandes pensadores y algún que otro laureado director de cine opinan que, como el frotar, esto del cine de tipos en mallas zurrándose, se va a acabar.

Me parece una soplapollez del mismo calibre que decir que el cine de acción se va a acabar, las buddy movies se van a acabar o el cine con niño adorable protagonista se va a acabar. Porque, cada vez más, el cine de superhéroes se está expandiendo lo suficiente como para resultar un medio que permita hablar de otras cosas.

Hasta ahora hemos visto cómo estos tipos que vuelan y pegan mamporros como panes pageses han hablado de la xenofobia, de la pérdida, de la culpa, de las políticas intervencionistas, de los traumas infantiles y hasta han dado grandes manuales de cómo no se debe hacer cine.

Lo que sí va a pasar cada vez más, en gran parte gracias a Marvel Studios, es que nos están convirtiendo en grandes sibaritas, capaces de criticar con ojo de lince las siguientes películas del género. Así como antes nos ponían a un tiarrón musculado echando a volar e inmediatamente se desencadenaba el orgasmo cerebral, ahora los efectos especiales y los rijostios siderales ya no bastan. Ahora ya demandamos una historia detrás que soporte el despliegue de bits, un entretenimiento lo suficientemente inteligente como para no hacernos arrugar la nariz.

Los estudios cada vez lo tienen más difícil porque los aciertos han demostrado que no existe una fórmula mágica, una plantilla para construir blockbusters millonarios como churros. Necesitas una buena idea y un buen cerebro detrás del oropel. Y esto de que no exista el molde para el siguiente bombazo de millones y millones de piedrólares en todo el mundo, pone a los directivos, que sólo saben de contratos, ayudas y márgenes de beneficios, muy nerviosos. Sin embargo, gracias a Crom, pone en el disparadero a un montón de jóvenes directores frikis repletos de talento, que cada vez tienen más peso en el desarrollo de la historia.

Llegando, por fin, no os desesperéis, a la película que hoy nos ocupa, todo lo que acabo de comentar es mucho de lo que le pasa a “Capitán América: Civil War”. Un par de directores frikis talentosos a los mandos, una gran historia que no toma a la audiencia por estúpida y un sentido del entretenimiento que sí que se ha convertido en un poco de fórmula mágica o marca de la casa. Posiblemente, por fin, al menos hasta la siguiente vez que la caguen, Marvel Studios ha conseguido ese equilibrio entre lo que el estudio necesita para hilvanar el gigantesco universo que está construyendo y el margen de independencia necesario para que los autores plasmen en la película sus gustos y personalidades.

De esta forma, quizá esta película se aúpe a la terna de mejores películas del estudio, junto con “Guardianes de la Galaxia” y “Los Vengadores”. Sí amigos, los hermanos Russo han conseguido una película redonda, divertida, emocionante, épica e inteligente, armando esta petición por parte de Kevin Feige que significa una continuación, a la vez, de “Los vengadores: era de Ultrón” y de “Capitán América: el soldado de invierno” y un prometedor arranque de la tercera fase del puñetazo marvelita en la mesa redonda de los caballeros con poderes.

Los Russo tenían, en un principio, otra idea en mente, el desarrollo de la saga de la Sociedad Serpiente. Sin embargo, quizá debido al movimiento de DC que supuso el enfrentamiento entre Superman y Batman, Kevin Feige creyó que sería mejor lanzarse de lleno a una traslación de la guerra civil que tantos laureles supuso en el mundo del cómic a Mark Millar. Y los Russo, que aceptan muy bien las sugerencias y los retos, se pusieron a ello y junto con Christopher Markus y Stephen McFeely, guionistas de las películas de Las Crónicas de Narnia, “Dolor y dinero” de Michael Bay y las dos anteriores entregas del Capi, se dispusieron a darle una vuelta de tuerca a las motivaciones de los tebeos.

Y menuda vuelta de tuerca.

Porque sí, el núcleo central entre ambas guerras civiles es similar: el gobierno quiere controlar la actividad de los superhéroes y se dispone a escribir ciertas leyes que lo permita. Ante este golpe gubernamental, ciertos héroes se posicionan a favor y otros en contra y los roces entre ambas facciones acaban eclosionando en ensaladas de tortas.

Sin embargo, detrás de esta idea, se esconden historias radicalmente distintas. Mientras que en las páginas de Millar el decreto gubernamental lo provocaban unos teenagers con poderes en pleno reality show, la secuela de Steve Rogers lo hace con los sucesos acaecidos en películas anteriores del estudio y continúa, de forma brutal, el arco de personajes de cada uno de los involucrados, poniendo un especial énfasis en las figuras del Capi y del Hombre de Hierro.

Hablo del arco de personajes de las películas del estudio tan a menudo porque es uno de los puntos fuertes que caracterizan el éxito de estas producciones y algo que los demás estudios no logran llegar a entender. Marvel Studios se ha tomado su tiempo y ha necesitado mucha prueba y error y mucho ajuste y evolución para llegar a dotar a cada uno de sus personajes de alma. Nos identificamos totalmente con los miedos, las inquietudes, los anhelos y los traumas de Rogers, de Stark, de Romanoff, de Barton, de Rhodes y sufrimos cada decisión que toman. Han logrado hacerlos humanos y muy diferentes entre sí y esa amalgama de personalidades enriquecen el conjunto y logran que el espectador se identifique con los diferentes puntos de vista.

Ya sé que las comparaciones son odiosas pero DC ha intentado hacer lo mismo que lleva haciendo Marvel Studios durante ocho años en tan sólo dos películas, obviamente sin conseguirlo, y es algo que Fox no ha entendido que debe hacer, llegando a empeorar la exasperante planicie mental de sus mutantes, bajo la batuta de un Bryan Singer que debería dar un paso a un lado.

Porque el grandísimo acierto de “Capitán América: Civil War”, a diferencia de los cómics en los que se basa, es que podamos identificarnos algunas veces y criticar otras, a ambos bandos de la contienda, porque conocemos a las personas que se posicionan a un lado y a otro, sus virtudes y sus defectos.

También se agradece mucho que el villano de la función no sea otro tipo con enormes poderes y la necesidad imperiosa e irracional de gobernar el mundo, sino un humano corriente y moliente con motivaciones mucho más prosaicas y mundanas. Un doctor Zemo alejado de las páginas de tebeos pero con un plan de venganza digno de una película de cine negro.

Y hablando de nuevos personajes, no podemos pasar por alto las dos nuevas incorporaciones de la casa. Una Pantera Negra que promete dar muy buenos ratos, con una buena interpretación por parte de Chadwick Boseman y el gran esperado, el tipo que más expectación levantaba, un Peter Parker en edad de instituto que es, sin ningún género de duda, el Spiderman que los fans esperábamos desde los tiempos en los que se supo que Sam Raimi se iba a encargar de la primera adaptación. Un lanzarredes inseguro, adolescente y verborréico que por fin exhibe todo el sentido del humor y el espectáculo de las viñetas.

Va a costar contener la emoción hasta que llegue su película individual, el lucimiento completo de un Tom Holland perfecto para el papel y sus andanzas repletas de problemas del día a día, desde su vida en el instituto hasta su relación con una muy cambiada tía Milf… quiero decir, tía May, interpretada por Marisa Tomei. Perdón por el lapsus, en qué estaría yo pensando.

Por lo tanto, resumiendo, tenemos una historia entretenida, inteligente y bien armada, personajes que hemos ido conociendo y queriendo a lo largo de las películas y actores comprometidos que les dan vida con gran convicción. ¿Nos falta algo?

Por supuesto: el espectáculo. Tampoco anda la guerra civil manca en este aspecto, pues dos enormes y muy diferentes set pieces se prestan para lucirse en dos momentos muy concretos. La escena del aeropuerto, repleta de acción y sentido del humor, allá por el meridiano de la película y el enfrentamiento final, donde pesa la épica y la emoción y donde vemos, por primera vez, a un Tony Stark sin caretas ni sarcasmo, hablando y golpeando desde el corazón, con los sentimientos a flor de piel.

Poco a poco, el MCU de Marvel Studios se ha ido convirtiendo en una gigantesca serie compuesta por episodios de dos horas de duración que nos llegan un par de veces al año. Lo he dicho muchas veces pero conseguir algo así era impensable hace diez años. Ahora lo vemos casi necesario y una guía de estilo a la hora de abordar adaptaciones comiqueras, por no hablar de que son un referente para el resto de estudios. Algo como lo que le pasaba a Pixar en el mundo de la animación hace unos años y que provocó una mejora considerable en la calidad del resto de competidores.

Es por ello que, estoy seguro, el cine de superhéroes está lejos de capitular. Más bien, todo lo contrario. Estoy seguro de que Fox, Warner y quien quiera adaptar aventuras de este tipo, se tendrán que poner las pilas y dejarse de historias vacuas repletas de CGI.

Mientras ese momento llega, disfrutemos del talento de los directores que son abrazados por el manto de Kevin Feige y sus secuaces.

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