CANÍBAL

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No sabía ni que era él, pero resulta que Manuel Martín Cuenca es el que me sorprendió y emocionó hace diez años con “La flaqueza del bolchevique”, una peli en la que Luis Tosar empezaba a despuntar al público nacional (muchos gallegos ya sabían que el tío era un actorazo por la serie “Mareas vivas”) y María Valverde se hacía con su primer papel de alta alcurnia.

De hecho, no lo supe hasta después de ver “Caníbal” que elegí aprovechando los jugosos precios de taquilla del día del cine y las críticas que empezaba a acumular la peli entre la crítica. Al salir, volví a pensar lo distanciado que estoy muchas veces con los críticos. Bueno, en verdad, también me distancio muchas veces del espectador medio. Y de mis amigos, colegas de trabajo, familia, directores, listas de revistas… vamos que, parafraseando al joven Indy en su última cruzada, está todo el mundo equivocado menos yo.

He leído por ahí que la película es un gran acercamiento intimista a un asesino, magníficamente interpretado por el nuevo Robert De Niro español (anda que no nos gusta poner etiquetas): Antonio de la Torre. Yo, lo que vi, fue una película lenta, en muchos tramos aburrida, con diálogos muchas veces bastante absurdos (carcajada general de la sala en uno de los momentos más dramáticos lo corroboran) e interpretada correctamente por un actor que parece que intenta hacer lo que puede con una historia más bien vacua.

También es cierto que la peli es hermosa en muchos momentos, muy plástica y con un tratamiento de la violencia “off the record” que le confiere un ambiente malsano en el que la cara serena de ese tipo trastornado y ajeno a toda moral es muy desasosegante. El problema es que esos momento son escasos y la mayor parte de la trama viene a ser el sastre doblando telas en su sastrería, una chica buscando a su hermana o las escenas en las que estos dos personajes coinciden, plagadas de silencios.

No lo he dicho, pero el argumento es muy simple. A un sastre muy respetado en su ciudad le gusta la carne humana. Preferentemente de mujeres jóvenes. Así que, de vez en cuando mata una, se lleva el cadáver a una cabaña olvidada en la montaña, hace fileticos y los guarda en la nevera para cenarlos todas las noches con una copa de vino. El problema se presenta cuando se enamora de una mujer de la europa del este que está buscando a su hermana desaparecida.

Salvo alguna pequeña sorpresa (muy pequeña) el argumento está todo en ese párrafo. Y una vez que se ha expuesto, las manecillas del reloj disminuyen la velocidad convirtiendo los minutos en eternos. Vemos al sastre doblar, a la hermana preocupada y la incapacidad de este extraño hombrecillo para dar rienda suelta a sus sentimientos. Por muy bien que filmemos todo esto, me parece complicado no llegar a cansar en algún momento.

Una idea de partida, un personaje principal y un esquema central interesante que me gustaría que hubiese contado con un guión más rico en detalles, menos contemplativo, con algo más de acción.

Sí, soy un hijo del cine usamericano de los ochenta, ¿qué pasa?

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