CAMINO

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¿Cuándo puede uno considerar que una película es una gran obra? Los criterios de cada uno para valorar un film como algo digno de ser recordado y alabado son diversos. Hay quien valora por encima de todo lo demás la diversión, el evadirse del mundo real durante dos horas, con lo que a duras penas disfrutará con un drama histórico. Hay quien disfruta valorando aspectos técnicos como la fotografía, la dirección, el vestuario, así que poco le dirá una ópera prima de un director primerizo que se lanza con su primer guión y comete los fallos propios de un principiante. Hay quien se emociona ante un guión sesudo y documentado y jamás podrá pasárselo bien en una fantasmada propia del agente 007.

Yo no tengo un criterio fijo. Busco que una película me remueva, me provoque emociones, me haga sentir. Ya sea risa, tristeza, enfado, emoción… me da igual que sea tramposa, que juegue con el espectador o que no sea rigurosa mientras al salir del cine pueda recordar sensaciones perdurables vividas desde la butaca.

La premisa en la que está basada “Camino” y su realización, plantean una polémica. La película golpea con crudeza, muestra la enfermedad de una niña y su utilización por gente sin demasiados escrúpulos o con una fe rayana en la locura, en la que se puede caer si se acata la irracionalidad de una secta. Mezcla los sueños y anhelos de un espíritu con una bondad y una pureza casi mística con la dureza aséptica de las intervenciones quirúrgicas que la azotan. Por todo esto en determinados momentos se puede tachar de efectista y partidista. Javier Fesser deja muy claro su punto de vista y retrata al Opus Dei de forma cruel, aunque no sé si exacta, pues nunca he visto de cerca ese mundo. Pero por lo que oigo, veo y leo con respecto a “La obra” de Escrivá de Balaguer, por mucho que los dirigentes de esta congregación desmientan el fundamentalismo y el extremismo que se desprende de su tratamiento en la película, estoy seguro de que en algunos sectores las cosas pintan de una forma similar a la que el director y guionista lo plasma.

El efectismo puede encallarse en el espectador en el momento en el que pensamos que Fesser está manipulando los sentimientos buscando la lágrima fácil. Pero esto no fue lo que yo sentí. La lágrima surge por la crudeza de la historia, por el trabajo perfecto de unos actores maravillosos, por los asombrados ojos, llenos de inocencia, de una niña indefensa ante lo que le rodea, por la poesía de sus sueños, cargados de metáforas y genialmente rodados. Javier Fesser nos remueve, pero contando una historia desde su universo personal, enriqueciendo cada imagen y cada idea.

Aparte de la historia y la forma de rodarla, me parece impresionante el trabajo de casting. No hay ni un solo actor que desentone. Carmen Elías está perfecta como la madre pseudo-iluminada de Camino, por la que no sabemos si sentimos lástima o lo que realmente queremos es atizarle unos sopapos a ver si espabila. Mariano Venancio despierta ternura e impotencia en cada plano, como el padre que no es capaz de instalar la cordura en su familia, demasiado oculto bajo la personalidad de su mujer a la que ama y no comprende. Nerea Camacho y Manuela Vellés parecen hermanas en la realidad, con los mismos ojos atentos y limpios, asustadizos y obedientes, temerosas de dar el paso hacia la vida que quieren por contentar, a la madre en el caso de la protagonista y a la institución en la que ha decidido ingresar en el caso de su hermana.

Por último, me parece todo un logro de la historia el cúmulo de casualidades en el que se basa el dramático desenlace, que pone en evidencia una iglesia que utiliza todo lo que está a su alcance para sembrar su ideología y extender forzadamente una fe más basada en el poder de manipulación que en el amor hacia su Dios, así como resaltan los sueños de Camino, muy alejados de las vilezas de los adultos y de la santidad que le pretenden atribuir.

Quizá, la única nota negativa, se la pongo a la típica leyenda final del tipo “En memoria de…”, innecesaria para la narración y que sólo ha sembrado polémica entre el director y la familia de Alexia González-Barros, la pequeña en la que está basada la película. No dudo que lo haya hecho de buena fe, pero quizá se lo podía haber ahorrado.

Quitando esta apreciación, “Camino” es una de las películas más apasionadas, bellas y desgarradoras que he visto últimamente, capaces de provocar un terremoto interno en todo aquel que la vea. Si no estás de acuerdo con el punto de vista del director, quizá salgas maldiciendo del cine. Si lo estás, saldrás apaleado y triste. Si no te posicionas, saldrás descolocado y con un montón de dudas en la cabeza. Lo que es seguro, es que nadie saldrá del mismo modo que entró.

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7 thoughts on “CAMINO

  1. Veo que te ha “tocado” la película, como no podía ser de otra manera. Para mí tiene algún defecto más de los que cuentas, debido a su empeño en rozar la delgada línea del ridículo continuamente: alguna vez acaba por sobrepasarlo. Me refiero, en especial, en la reiteración de la metáfora del ratón, y, sobre todo, cierta ovación popular que me parece un exceso sobre el exceso. Por lo demás, me apunto a todo lo que comentas, y me gustaría incidir en el personaje de Manuela Vellés, no por su trabajo, sino por su importancia a la hora de significar lo que es una numeraria, el comportamiento que se le exige y la evolución dutilmente gradual de su personaje. En muchos análisis se la ningunea, algunos dicen incluso, claramente, que sobra, y no puedo estar más en desacuerdo. Saludos.

  2. Marcbranches: es cierto que se mueve en un delicado borde entre la ñoñería y la honradez de sentimientos, pero es algo a lo que uno se expone cuando trata de definir sensaciones más bien etéreas. A mí en ningún momento me molestó, a pesar de que la escena aplausil también me pareciera bastante suprimible.

    Stipey: jeje, poquitos pero escogidos… es lo que tiene que el blog lo lean los más cercanos.

    Saludos.

  3. Bueno, ya la ví, y la verdad es que me encantó casi todo. Hay ciertas cosas que no me convencieron del todo (el montaje paralelo final, una parte al menos, sobrepasó mi nivel de credulidad), pero en general es un filme que me ha hecho vibrar y emocionarme realmente.

    Un peliculón en toda regla ^^

  4. Hay unas cuantas partes que se inclinan más a tocar la fibra sensible que a la pura racionalidad, está claro. Es el espectador el que debe decidir si entra en el juego o se queda mirando desde la barrera. Yo entré en casi todas y no me importó que un cúmulo de casualidades guiaran el desenlace de la película.
    Como tu dices, un peliculón.

    Saludos.

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