BRAVE

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Bueno, ya está bien. Basta ya de vacaciones, tiempo libre, playas paradisíacas, cenas a la luz de la luna, fiestas patronales, reencuentros con los de siempre, risas, borracheras, bailes, baños y siestas. De todas formas, ¿a quién le gusta realmente esa vida? Pudiendo volver al asfalto, los atascos, el sueño escaso, los deadlines, la polución, las prisas, la política, las páginas de sucesos y la Espe.

¿Síndrome postvacacional yo? Tururú.

En fin, no hay mejor manera que sacudirse la pereza que volver a nuestro lugar natural en la ciudad, la oscuridad de una sala de cine, entre bebidas gaseosas y miradas de asombro infantil. Eso sí, con una bonita subida en los precios de las entradas, en partícular y de la cultura, en general, patrocinada por nuestro moderno y visionario gobierno, que poco a poco, intenta convertirnos en borreguitos sumisos y conformistas. Beeeeee.

Fiel a la cita veraniega, llegó la nueva película del genio de Pixar. La única que vamos a tener de historia original, sin ser secuela ni precuela de otra anterior, por un tiempo. Un reencuentro que esperábamos con expectación entre tanto maltrato al cine de animación y que, sin embargo, deja un regusto amargo. Como si esperásemos sabor a helado de limón y, de repente, degustásemos un polvorón de canela. Que sí, que es un postre y sabe rico, pero no es fresquito y chispeante, sino que sabe a tradición con reglas más que conocidas.

La historia podría haber salido de la mente de los hermanos Grimm, haber pasado por las manos de los curreles de la Disney y haber sido lanzada, cual flecha curva, hacia los verdes acantilados de las Highlands escocesas. El cuento del enfurruñe de una princesa que no quiere ser princesa. Que odia caminar con elegancia, comer con prudencia, sonreir con pureza y que se niega a casarse con un tontaina heredero de quién sabe qué linaje legendario. Un alma rebelde que ama la libertad, galopar a lomos de su corcel y practicar con el arco.

Pixar, esperemos que momentáneamente, ha perdido la frescura y se parece, más que nunca, a mamá Disney. Y, si lo pensamos detenidamente, cuesta creer que este hecho y el argumento de la película tengan un paralelismo tan grande si no está hecho de forma premeditada. Es decir, la pizpireta y jovial guerrera, con ganas de romper moldes (Pixar) desea, más que nada en el mundo, no parecerse a su tradicional y encorsetada Madre (Disney) y, a pesar de ello, se parece a ella más de lo que cree y ambas, acaban comprendiéndose, respetándose y amándose. ¿Un preludio de los caminos de ambas casas que acercan destinos e ideas? Si es así, espero que tire más Pixar de Disney que al revés.

En este caso, en cuanto a argumento, “Brave” es lo más tradicional y previsible de la casa de Luxo Jr. hasta la fecha. Tras una primera parte genial en la que se presenta al personaje protagonista, las alejadas personalidades de sus progenitores y el terremoto que suponen los pillos trillizos que tiene como hermanos, el film entra en el cuento de princesas tradicional, con su arco de aprendizaje moralizante y sus chascarrillos de humor blanco. Hasta hay lugar para el single de la protagonista con minutos de videoclip ecologista. Lo nunca visto.

En lo que sí siguen apabullando a cada paso es a nivel técnico. Cuando uno ya cree que ha visto el acabose de la perfección, llegan estos tíos y te ponen en primer plano una espesa y enmarañada cabellera pelirroja y se te cae la baba. Cada golpe de viento en esa jungla de rizos, cada giro de cabeza, cada salto, se convierte en un condenado espectáculo. Por no hablar del agua o la hierba, tan reales, tan fantásticos, que no puedes apartar los ojos. Desde luego, a nivel visual, estos chicos siguen partiendo la pana.

El resto, un guión con olor a alcanfor y destellos de la gran Pixar. No sabemos si influyó la decisión de prescindir de la directora que empezó desarrollando el proyecto, a partir de una idea propia, Branda Chapman, que se iba a convertir en la primera mujer al frente de un proyecto de Pixar, a mitad de producción, reemplazándola por Mark Andrews, director de uno de los mejores cortos de la casa: “One man band”. La polémica generada por las posteriores declaraciones de Chapman, acusando a la empresa de machista me hacen pensar si “Brave” podría haber sido algo mucho más grande y haber tenido más personalidad de la que tiene.

Empanadas mentales aparte, el caso es que Pixar ha generado el primer Merchandising de Princesas de su historia.

¿Cuantas carteras rosadas veremos con la cara de Merida este curso?

3 thoughts on “BRAVE

  1. Como siempre, no caí en todo ese poso feminista del que habla el post que me pasas. Podría ser porque nunca caigo en esas guerras de sexos o porque no exista tanto como parece.

    En todo caso, la película es bonita, pero podía haber sido algo mucho más grande.

    Besitos.

  2. Por fin la he visto y la verdad, es que poco te puedo llevar la contraria… Te hace pasar un rato ameno y divertido y si, como ocurrió en nuestro caso, en la sala hay unos cuantos renacuajos que se parten de risa a cada rato, es imposible no pasarlo bien! Aún así, el cuerpo se te queda con ganas de algo más, sobretodo, después de escenas tan divertidas como las de la vieja bruja y su peculiar manera de dejar mensajes. ¿No te recuerda un poco a Mulán cambiando China por Escocia?
    Besos!!

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