BLACKWOOD

Esta película constituye uno de esos casos curiosos en los que ciertos elementos externos influyen más a la hora de colocarse entre una opción elegible que el propio argumento.

Concretamente la labor de Rodrigo Cortés como realizador, un tipo al que he llegado a coger cariño a través de su participación en podcasts como “Todopoderosos” o “Aquí hay dragones”, junto a sus amigos Javier Cansado, Juan Gómez Jurado y Arturo González Campos.

Rodrigo sabe muchísimo de cine, de eso no hay duda y tiene una verborrea rica y estilizada para hablar de películas, directores, planos, secuencias, tono, rodajes y todo lo que uno se pueda imaginar. A veces quizá peca un poco de pedantería en su discurso pero el caso es que incluso en esos momentos, al sentirme un poco identificado, me cae bien.

Tampoco es sólo que sea un buen orador, claro está. Había visto su opera prima, “Concursante” y me había parecido una película valiente, arriesgada, muy bien dirigida y vibrante, algo inusual para tratarse de un primer largometraje. Pero donde me explotó el cerebro fue en “Buried (Enterrado)”, una película deudora de Hitchcock (o incluso de “La cabina” de Antonio Mercero) que transcurre durante su hora y media de metraje en el interior de un ataúd, con un tipo que se despierta allí junto a su teléfono y un encendedor y que debe averiguar por qué lo han enterrado vivo y cómo hacer para poder salir.

Ésta es su cuarta película (entremedias estaba “Luces rojas” que he tenido la oportunidad de verla después de “Blackwood”, pero esa es otra historia) y, como decía, por su propia entidad argumental no hubiese sido una película que hubiese escogido para ver en el cine si hubiese aparecido bajo el paraguas de otro realizador. Un thriller con toques sobrenaturales para un público young adult que se le llama ahora. Adolescentes que se asoman a la adultez, para entendernos y se supone que mayoritariamente de género femenino, aunque esto lo dicen los críticos aludiendo a que las protagonistas son chicas y, sinceramente, me parece una estupidez supina.

La historia trata sobre una muchacha problemática, algo traumada después de la muerte de su padre que es internada en una escuela selecta situada en un enorme caserón y bajo la batuta de una extraña institutriz con acento francés y la cara de Uma Thurman.

Allí se encuentra con cuatro chicas más y a medida que prolongan su estancia verán como ciertas aptitudes que les eran desconocidas en ellas, comienzan a despuntar. Una es una máquina pintando, otra escribiendo poesía, otra componiendo música y otra resolviendo problemas matemáticos.

Con el tiempo verán como esas actitudes están saliendo a flote con artes más bien oscuras y poniendo en peligro su propia vida.

Lo que podía haber sido una producción flojita y sin grandes riesgos, dirigida al público adolescente que aludíamos más arriba, resulta ser una propuesta que vira hacia el terror a medida que avanza la cinta, con una atmósfera cruda y oscura, inusual en propuestas con este objetivo de audiencia y eso se le agradece.

Lo que no va en consonancia es el argumento, que aunque parte de una idea atractiva que trata sobre el misterio de la creación y sobre la cultura del esfuerzo, se va diluyendo en una suma de decisiones absurdas que da al traste con lo planteado en los primeros compases y que ignoro que partes en común tiene con la novela original, titulada “Down a dark hall”, de 1974 y posiblemente más inocente y suave que los textos de ahora dirigidos a un público similar.

A medida que el misterio se va resolviendo y los personajes se van introduciendo en una espiral de agobio y locura, se multiplican los momentos sin sentido y las escenas en las que la atmósfera y el susto se imponen a la lógica y al sentido común, sacándome continuamente de la historia.

Sigo sin entender demasiado bien las razones de Rodrigo Cortés para elegir este proyecto, a pesar de que él lo explica personalmente en el episodio de “Todopoderosos” dedicado a ella y en el que da una idea de lo difícil que es sacar una producción de este nivel adelante, de la cantidad de decisiones de estilo que se toman y de lo brillantes que son algunas de ellas y sin embargo, incluso por encima de todo ello, me pesa un guión tontorrón e ilógico en demasiados momentos.

Fantasmas enfadadísimos sin una razón clara, diálogos que aluden a metas que no quedan nada claras, sustos de manual que no vienen al caso en el desarrollo de la historia y un final artificioso que, aunque espectacular y bonito, parece destinado tan solo a quedar bien en pantalla.

Por mi parte, sigo a la espera de que Rodrigo Cortés escriba o encuentre el guión que le encumbre y que le permita plasmar todo su conocimiento cinematográfico, tanto en la dirección como en el montaje, sobre una historia que me atrape sin concesiones.

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