BLACK PANTHER

La última película del que se conoce como Marvel Cinematic Universe, es decir, todas aquellas películas que se han construido bajo el manto de Marvel Studios, está batiendo récords de recaudación a ritmo de superestrella pugilística americana. Todo espectador aficionado al cine fantástico se está acercando a ver la historia de este rey felino africano y la película está recibiendo críticas asombrosamente positivas.

Digo asombrosas no porque no me haya gustado. A mí me ha encantado pero también debo reconocer que no soy un público objetivo. Me encanta leer cómics de superhéroes, ver películas de superhéroes y hasta disfrazarme de superhéroe y además tengo a Marvel como mi editorial favorita en este género. Lo que me sorprende es la connivencia del resto del mundo.

¿Es para tanto? ¿Es “Black panther” una película revolucionaria en el mundo de los humanos con poderes y gusto por la ropa apretada?

Yo creo que no. La película es entretenida, divertida, vistosa, bien interpretada y tiene un puntito de denuncia facilona por debajo, lo poco que puede caber en un blockbuster destinado a elevar la adrenalina más que a susurrar a las conciencias. Se trata el racismo, la emigración y hasta el muro de Trump de una forma muy de “Barrio Sésamo” y además lanza a unas mujeres guerreras al tablero de juego que por fin marcan el cambio de rumbo de Marvel Studios en cuanto al tratamiento femenino en su universo, preparándose para el lanzamiento de su primera superheroína con película propia: Capitana Marvel.

Tampoco me malinterpretéis en este aspecto, no lo estoy criticando. Que se traten temas de estas características en una cinta que se juega chorrocientos millones de piedrólares es todo un avance, pero es algo que llevan haciendo las páginas de los cómics desde hace mucho tiempo. Es loable, pero tampoco esperéis un debate intelectual tipo “La clave”. Está bien que esté ahí y sirve para sembrar semillitas en cerebros jóvenes pero no va a abrir un mundo de conocimiento a ningún adulto con ideas ya formadas.

Así que considerar revolucionaria una película que toca de forma tangencial temas éticos adultos igual es apuntar demasiado alto. Lo que sí están es muy bien integrados en una trama que trata los orígenes de la figura de Pantera Negra después de haber sido presentado en “Capitán América: Civil War” y los conflictos que surgen en una sociedad escondida al mundo e hiperdesarrollada tanto tecnológica como socialmente cuando un tipo con ganas de venganza decide utilizar dicha tecnología para liberar, por la fuerza, a todos los “hermanos” que pasan penurias en este mundo de blancos.

El encargado de poner estas ideas en pie es, como nos tienen acostumbrados Kevin Feige y sus acólitos, un director joven y con pocas películas a sus espaldas. Ryan Coogler comenzó ganando el festival de Sundance con su opera prima, “Fruitvale Station”, un drama racial donde Coogler comenzó sus colaboraciones con Michael B. Jordan, al que anteriormente habíamos visto en “Chronicle”. De ahí pasó a revitalizar la franquicia pugilística de Rocky con “Creed”, donde Jordan interpretaba al hijo de Apollo al que el personaje de Stallone tomaba como pupilo y, en su tercera película, zas, elegido para continuar el MCU.

Está claro que ha pesado su manejo del drama en los conflictos raciales y su gusto por retratar a la comunidad afroamericana, además ya ha probado que domina la acción (a otro nivel) con la película de los boxeadores y supongo que con eso Feige ya ha pensado que podía ser un buen candidato a la hora de retratar el país africano de Wakanda. Como casi siempre, no se equivoca y la jugada le sale a la perfección.

Coogler se trae debajo del brazo a Michael B. Jordan y junta en el resto del elenco a Chadwick Boseman y Martin Freeman, a quienes ya habíamos visto en “Civil War”, con nombres como Forest Whitaker, Angela Basset (madre mía esta mujer que bien envejece, que piel de culito de bebé), Lupita Nyong’o, Daniel Kaluuya, Danai Gugira y Letitia Wright.

Todos están muy bien en sus respectivos papeles, con sus momentos de drama, acción y comedia (menos que en las últimas propuestas del MCU como “Thor: Ragnarok”, “Spiderman: Homecoming” y “Guardianes de la Galaxia Vol. II”), aunque sabemos que esto no es una película de personajes, sino que todos los elementos sirven al bien mayor del espectáculo.

El único punto en el que creo que Ryan Coogler no está del todo fino es en las escenas de acción y es que desde el momento en el que los hermanos Russo nos ofrecieron aquellas coreografías tan limpias y espectaculares en “Capitán América: El soldado de invierno” y su secuela, es muy difícil llegar a su nivel. En este caso el director californiano peca de suciedad y de una cámara que no para de moverse y emborrona la acción continuamente, una constante en las películas de acción usamericanas, salvo honrosas excepciones.

A todo este espectáculo le acompaña la banda sonora del sueco Ludwig Göransson, que ya había trabajado también con Coogler en “Creed” y que mezcla de manera muy fluída las notas épicas necesarias en toda cinta de rijostios con sonidos tribales muy chulos.

Todos estos elementos la convierten en una película hecha a mi medida. Una historia cuidada en la que se enfrenta el bien y el mal, aunque con claroscuros, gente con poderes o, al menos, habilidades por encima de la media, persecuciones de coches, batallas con rinocerontes, tecnología futurista imposible y un Valhalla espiritual sacado de una escena crepuscular de “El rey león”. No necesito más. Peliculón.

Ahora, el que no sea amigo de las películas fantásticas de superhéroes, que no vaya de repente buscando una revolución cinematográfica porque no la hay.

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