BATMAN V SUPERMAN: EL AMANECER DE LA JUSTICIA

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Una vez distanciados del estreno de la película, de las expectativas, del ruido mediático y bloguero generado, de las discusiones de taberna, de las críticas exaltadas a pie de cine y demás calor generado tras el estreno, toca echar la vista atrás, de forma más sosegada, con las imágenes ya aposentadas en la memoria. Y, aunque voy a tratar de no desvelar demasiado de la película, habrá spoilers pequeños y medianos a lo largo del post. Así que, si no habéis visto la película y pretendéis hacerlo, quizá deberíais parar aquí.

Todo empezó con los trailers. El tono que Zack Snyder le imprimía a la secuela continuaba ese tono oscuro y lluvioso que había comenzado con “El hombre de acero” y los planes de continuidad de esta siguiente película del incipiente universo DC sobre las andanzas del hijo de Krypton viraban hacia un mayor protagonismo del hombre murciélago.

Además, no dudaban en plantarnos, sin reparos, el esquema que iba a seguir la película. Batman y Superman se enfurruñan, pelean, Lex Luthor se mete por enmedio, crea un enemigo común, los héroes se desenfurruñan y cuando están luchando contra el engendro, aparece la Mujer Maravilla para ayudar. Avances de ese tipo sirven para no sufrir con posibles spoilers del público, ya que no hay (casi) nada más que destripar.

Por lo tanto, cuando acudí al cine lo hice con expectativas más bien bajas, a mi pesar. Algo me decía que la peor versión de Snyder, la del caos argumental y la vacuidad de imágenes molonas de “Sucker Punch” iba a hacer aparición. A ello se sumaba que el mayor artífice del guión, aunque luego había sido retocado por Chris Terrio (“Argo”) a petición de Ben Affleck, era David S. Goyer. Un tipo al que yo no entiendo como pueden seguir encargando guiones alegremente después de ver cómo ha parido monstruos como “Ghost Rider: espíritu de venganza”, “La semilla del mal” o “Jumper”. Quizá es un tipo que tenga buenas ideas para idear historias pero, escribiendo un guión, suele pifiarla.

Efectivamente, la segunda película del Universo DC es un completo caos a nivel argumental. No sabe manejar las historias de los diferentes personajes y eso que sólo tiene tres de gran importancia: Clark Kent, Bruce Wayne y Lex Luthor. A ellos se le unen las tramas secundarias de Diana Prince, Lois Lane o Alfred Pennyworth, que tampoco necesitan tanto tiempo en pantalla. Pero Zack Snyder no sabe cómo manejar los tiempos y la trama va saltando de uno a otro lado como pollo descabezado, sin orden ni concierto. No quiero comparar porque no soy yo de rivalidades pero quizá deberían haber echado un ojo a la primera película de Los Vengadores para ver cómo se manejan un porrón de personajes protagonistas con solvencia.

La historia de Superman y la de Batman, sus problemas y motivaciones y las de los personajes que los rodean, se van sucediendo sin ninguna coherencia. Ahora investigo los plenes de Luthor, ahora tengo pesadillas premonitorias, ahora entreno a lo “Rocky IV”, ahora me deprimo viendo la tele… Yo me había quejado en su día de la sensación de momentos episódicos que me había dejado “El caballero oscuro: la leyenda renace”, sobre todo después de la absoluta obra maestra que había supuesto la anterior entrega de Christopher Nolan, pero comparada con ésta, aquella aventura del Señor de la Noche es un guión de Hitchcock.

De todas formas, no sólo es el pobre montaje lo que lastra un film que no acaba nunca de remontar. Las decisiones argumentales también son muy cuestionables y no son pocos los momentos en los que arrugamos la nariz ante algún absurdo. La necesidad, en algunos momentos, de introducir elementos de cara a las siguientes películas que caminan hacia La Liga de la Justicia, cae bastante en el ridículo. En concreto, el momento en el que se nos muestra a Flash, Aquaman y Cyborg es de vergüenza ajena.

Por otra parte, algunos momentos que podrían hacer las delicias de los fans de los comics, tampoco se resuelven de forma satisfactoria. Las visiones de Bruce Wayne sobre un futuro apocalíptico dominado por Darkseid o la aparición de Flash para dar un mensaje al millonario están tan metidas con calzador en mitad de la trama, entre dos escenas que nada tienen que ver y olvidándose a continuación para no mencionarse nunca más, que no puedo entender por qué demonios se han empeñado en incluirlas. Bueno, sí, me lo puedo suponer. Por esa querencia del director de añadir escenas llamativas estéticamente aunque rompan el ritmo de la narración, de la que viene haciendo gala toda su vida.

Una más y dejo el temita, lo prometo. El giro argumental que más me cabreó de toda la película. El que me dejó en la butaca preguntándome si Goyer, Terrio y Snyder me estaban tomando por idiota. Ese momento en el que Batman decide perdonarle la vida al Hombre de Acero y aliarse con él en una lucha común contra Luthor. Ese momento vergonzoso y estúpido que nos jode por completo el tercer acto. Vale que antes y después de ese punto de la película podemos protestar contra decisiones cuestionables, como que Superman no recuerde poderes muy útiles en momentos concretos, las decisiones estúpidas del plan de Luthor y sus balas experimentales, las corazonadas sin venir a cuento de Lois que solucionan la papeleta a los héroes… pero este momento en concreto es el que me sitúa en contra de los artífices y me mantiene cabreado hasta el final de la cinta.

Es un problema el que Snyder se vaya a hacer cargo del plan maestro de DC para intentar perseguir a Marvel en su carrera hacia sus respectivos Multiversos, no sólo porque no sepa construir historias, sino porque nunca llega a entender a sus personajes. Podría entenderse la versión homicida de Batman ahondando en su depresión después de la muerte de Robin y después de ver cómo un extraterrestre se carga medio Metropolis, pero no así esa facilidad con la que Superman siega vidas sin importarle nada más que el bienestar de su querida Lois. Es imposible llegar a empatizar con ningún personaje de la película porque jamás se detiene a examinar sus sentimientos o cómo lidian con sus problemas. Snyder pone todo su empeño en construir eficaces y geniales secuencias de acción y lo consigue (el rescate de Martha Kent es lo mejor que hemos visto del hombre murciélago en cuanto a acción se refiere, desde que el personaje se adaptó a la pantalla grande por primera vez) pero parece que se la refanfinfla el otorgar un mínimo de coherencia al conjunto.

En fin, basta ya de hablar de montaje y guión, creo que ha quedado claro mi punto de vista. Pasemos al apartado actoral. Un punto del que jamás hubiese imaginado que acabaría opinando de la forma que lo hago.

Lo mejor de la película, ojo al dato, es Ben Affleck.

Sí, no me he vuelto loco. Yo también he visto “Daredevil” y su elección para encarnar a este Batman ya entrado en años me sorprendió, aunque decidí darle un voto de confianza. Affleck se ha tomado el reto como algo personal y para muestra, un botón: decían los responsables de vestuario de “Perdida” que tenían que ir ensanchando las americanas cada semana porque el brutal entrenamiento al que se iba sometiendo el colega Ben de cara al rodaje de esta película provocaba que de una semana a la siguiente, sus espaldas no cupieran dentro.

El Batman oscuro, sádico y desconfiado que crea Ben Affleck es una delicia y es el mayor anclaje que tenemos a la película.

En contraposición, el Lex Luthor psicótico, histriónico y muchas veces estúpido de Jesse Eisenberg está mucho más cercano a un Joker desnatado que a la grandiosa mente criminal que debería de ser. Aparte de que sus planes malignos no tienen ningún sentido y que acaban achacando su comportamiento a una infancia maltratada (por favor), los comportamientos de psiquiátrico del personaje acabaron poniéndome de los nervios. Cuando pienso en que la primera opción para el papel fue la de Bryan Cranston, se me cae el alma a los pies.

El resto de actores, se mueven entre estos dos extremos. Henry Cavill sigue con la versión pétrea de su Kal-El, desfilando entre la expresión de enfado y la cara marmórea, pero entiendo que el nulo desarrollo de su personaje no le permite mucho más. Amy Adams y Lawrence Fishburne están totalmente desaprovechados, limitándose el segundo a unas cuantas frases sin sentido y la primera a ejercer de chica del héroe. Jeremy Irons tiene mucho potencial para ser un gran Alfred y en los pocos momentos en que le vemos en pantalla se disfrutan mucho su perfecto acento británico y su socarronería. Y las escasas apariciones de Gal Gadot como Wonder Woman también hacen prever alegrías de cara a su película en solitario. La actriz israelí está perfecta tanto en las secuencias de acción de su amazona como en las que luce palmito en ajustados trajes en las fiestas de los millonarios.

En definitiva, la nueva película de DC es una sonora derrota en sus ansias de conquistar los corazones del fandom superheróico. Me da la impresión de que la presión generada por sus más directos competidores les provoca demasiada ansiedad y pretenden correr más de lo que deberían. No se toman su tiempo en asentar las bases de la mitología cinematográfica y están construyendo un castillo de naipes demasiado endeble.

Alguien debería parar, asumir los errores y planificar el siguiente paso con mucho cuidado antes de que el público les acabe dando la espalda.

De momento, el siguiente escalón vendrá el año que viene de mano de la princesa de las Amazonas, con una mujer, Patty Jenkins, responsable de “Monster”, en la dirección y un nuevo guionista, Jason Fuchs, que viene de guionizar “Ice age 4” y “Pan: viaje a Nunca Jamás”.

Falta le hace a la casa de DC abrir las ventanas y airear el poso de decepción que se ha instalado en sus habitaciones. Veamos si lo logran o siguen hundiéndose en la desesperación de una competición que no debería ser tal.

2 thoughts on “BATMAN V SUPERMAN: EL AMANECER DE LA JUSTICIA

    1. Tiene las suficientes escenas de acción como para que no me aburriese pero lo cierto es que es un jodido desastre.
      Digamos que como proyecto fin de carrera de montaje, no aprueba ni de coña.

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