ARRIETTY Y EL MUNDO DE LOS DIMINUTOS

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La casa Ghibli es una marca de producto en sí misma. Igual que ciertas marcas de ropa o de restaurante, tiene sus señas de identidad reconocibles. Una aureola de serena intelectualidad, de exquisitez dentro del mundo de la animación, precede a los productos que salen del estudio, sobre todo los que vienen firmados por su máximo exponente, el venerable Hayao Miyazaki.

De su vientre han salido perlas de la animación mundial de los últimos años como “Mi vecino Totoro”, “El viaje de Chihiro”, “La princesa Mononoke” o “El castillo ambulante”, piezas únicas que deberían figurar en la memoria de todo aficionado a los dibus o, mejor dicho, a las buenas historias.

De todas formas, al igual que podemos decir de mi admirada Pixar (de la que, en una herejía merecedora de latigazos, aún no he visto “Cars 2”), no son infalibles. Nadie lo es, excepto el Spaghetti Volador y aún no le ha dado por ponerse detrás de una cámara. Dicha falta de infalibilidad crece si el creador no es el padre conceptual, que sigue en posesión de las películas más redondas de Ghibli.

En este caso, el que toma la vara de mando de la producción es Hiromasa Yonebayashi, que no es una marca de motocicletas, sino un animador de la factoría de toda la vida. El pollo parte de unos personajes bien conocidos por los de mi generación, los pequeños seres salidos de las páginas de “The borrowers” y sus secuelas, de la escritora inglesa Mary Norton, cuyas aventuras llenaron mis tardes infantiles en aquella serie ochentera sobre seres diminutos, que no sabíamos dónde estaban y sí que eran pequeños seres bondadosos que vivían entre nosotros pero que seguro que no los veríamos.

Yonebayashi coge (o mejor agarra, para mis lectores mejicanos) el concepto y sitúa a una familia de estos pequeñajos en una casa aislada a la que llega un chaval enfermo del corazón que se encariñará con Arrietty, la diminuta protagonista, hecho que provocará un terremoto en  las vidas de los que les rodean.

La película tiene esa factura cuidada que convierte las historias de la factoría Ghibli en un cuento mágico, pero adolece de un defecto que no había visto en ninguna cinta de la casa hasta ahora: la falta de ideas. En todas las demás, que yo recuerde, la cantidad de ocurrencias, personajes y líneas argumentales se ramificaban y multiplicaban en una explosión de imaginación, pero en “Arrietty y el mundo de los diminutos” la linealidad y simpleza provocan que haya bajones de ritmo a lo largo del metraje.

Las andanzas de la familia de Arriety, su vida entre pequeños utensilios humanos que utilizan a su modo, sus incursiones en busca de nuevos objetos prestados, todo se acaba demasiado pronto. Incluso su relación con el nuevo y debilucho habitante deja de interesar pasado un rato. Tan sólo el giro provocado por una de las habitantes de la casa vuelve a elevar un poco el relato, pero tampoco tarda en resolverse.

También me sorprendió que, al contrario que en el resto del imaginario del estudio nipón, nos encontramos con buenos y malos demasiado definidos. Ya no están aquellos personajes que parecían diabólicos y se iban descubriendo complejos y repletos de aristas. Como he dicho, la simplicidad se adueña del relato y se pierde la profundidad y reflexión que elevaban las películas a algo más que citas para los más pequeñajos.

De todas formas, el conjunto sigue teniendo ese buen hacer que hace la experiencia del todo disfrutable. Lástima que se espere más de estos genios y nos dejen un poco interruptus.

3 thoughts on “ARRIETTY Y EL MUNDO DE LOS DIMINUTOS

  1. De acuerdo contigo con eso de la sencillez, sobre todo respecto a los personajes, los malos y buenos, aunque la mala aquí parece una niña egoista de la tercera edad.

    No es lo mejor de Ghibli, pero como dices, es muy disfrutable, además está plagada de detalles que lo que es a mí me encantaron.

    Saludetes.

  2. Sigue siendo Ghibli y eso le da un punto de confianza, pero estos tíos lo pueden hacer mucho mejor. Esperemos a la siguiente a ver si retoman la excelencia.

    Saludos.

  3. Que la siguiente es, por cierto, la segunda de Goro Miyazaki, aunque en esta ocasión ha contado con la ayuda de su padre, en una historia que creo que es más seria y realista. Las críticas en Japón no la han tratado mal.

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