ARGO

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Hubo un tiempo en que Ben Affleck parecía condenado a papeles de galán con cierto aire atolondrado, de héroe unidimensional, o participante de producciones mainstream sin demasiado jugo cinematográfico. Incluso a las páginas del papel couche, gracias a su relación con las caderas más aseguradas del cine moderno. Eso después de subir a recoger un Oscar como co-guionista de “El indomable Will Hunting” junto a su amigo Matt Damon y, tras un inicio de carrera prometedor, ver cómo su colega le adelantaba a velocidad vertiginosa, sin intermitente ni nada.

Sin embargo, nos sorprendió a todos en dos pasos bien marcados y potentes, como si de un Lebron James entrando a canasta se tratase. Primero, cambiando de registro y ganando consistencia como actor dando vida al malogrado George Reeves en “Hollywoodland” y, más tarde, poniéndose detrás del objetivo de la cámara y dirigiendo su opera prima, “Adiós, pequeña, adiós”, lo que nos dejó a muchos boquiabiertos al ver una destreza y una cabeza pensante que no pensábamos que tuviera.

Tras ésta y “The town (ciudad de ladrones)”, vuelve a la carga con una historia basada en un hecho real, de corte político y con su vertiente peliculera, sobre una operación secreta de la CIA, que tuvo que tirar de imaginación para conseguir el rescate de unos usamericanos que trabajaban en la embajada de su país en Irán.

Una revuelta social provoca que un grupo de funcionarios se refugie en la embajada de Canadá y tengan que esperar, con los nervios nerviosos, alguna jugada por parte del gobierno de las barras y las estrellas para que consigan sacarlos de allí antes de que los descubran y les den matarile. Para ello, un listo especializado en este tipo de operaciones, encarnado por Affleck, finge el rodaje de una superproducción en tierras iraníes que cree una cortina de humo que permita la huída de los pollos.

Hay algo en la forma de contar las historias de Affleck que me gusta mucho. Ese tono pausado, sin acelerones innecesarios, una cámara que sigue un hilo argumental que avanza de forma fluida y que apenas presenta bajones. El amor por los personajes, aunque sean secundarios, que puede venir de su experiencia actoral. El gusto por los detalles, que enriquecen la espina dorsal del relato. Y, sin embargo, globalmente, me falta algo. El conjunto no llega a ser redondo.

Le noto el oficio y el amor por el séptimo arte, el intento genuino por crear un producto de alta calidad y, sin embargo, le falta la excelencia, esa línea borrosa que separa las buenas películas de las inolvidables. Un punto canalla, ácido, que logre sacar esa corrección que parece impregnar su manera de ver las cosas.

En este caso concreto, creo que me pesó a veces el hecho de que Affleck intenta acercarse lo más posible a los sucesos que realmente acontecieron allá por 1979. Por momentos, acaba interesándome menos el peligro que corren las vidas de los funcionarios y la propia operación de rescate que las andanzas de un productor y un maestro en efectos especiales, encarnados de forma deliciosa por dos tíos tan enormes como John Goodman y Alan Arkin.

El rescate en sí, de todas formas, sí tiene momentos de tensión y suspense muy conseguidos, que se entrelazan con otros de humor bien traídos pero, de alguna forma, es una tensión light, sin calorías, que no llega a acelerar el ritmo cardíaco. Quizá sea porque ya suponemos cómo acaba todo o quizá aún le falta a Ben Affleck encontrar la tecla que consiga abofetear al espectador.

Así, la película avanza de forma suave hasta su desenlace, donde comienza un epílogo que me sobra por edulcorado, moralista y cansino. Uno de esos defectos de los que a menudo adolecen las pelis basadas en hechos reales, donde se pasa a explicar dónde han llegado los protagonistas del relato. Fulanito se cansó de la política y montó una mercería, menganita se tiñó el pelo de azul y se apuntó al casting para la película de Sonic, Zutanito se dejó crecer las uñas hasta dislocarse un hombro por culpa del peso. Una serie de datos inútiles sobre gente que, de no ser por la mala suerte de estar en el sitio incorrecto en el momento inadecuado, me la bufaría mucho su existencia.

Salvo este detalle, “Argo” es una cinta entretenida y muy fácil de ver, con algunos buenos momentos y un par de interpretaciones dignas de mención. Y un pasito más en la carrera de Ben Affleck hacia un futuro muy prometedor.

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