ANT-MAN

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Parece que fue ayer cuando Marvel se lanzó a hacer sus propias películas y vimos el trailer de lo que iba a ser “Iron man”, notando una erección instantánea que nos ha durado hasta hoy.

Aquella película fue inmensa y ni siquiera sería la mejor. Luego llegaron las dependencias entre películas, creando un universo marveliano que muchos envidiaron, los planes a medio plazo, a los que llamaron fases, las series que ampliaban el mundo cinematográfico… A estas alturas, DC aún se está preguntando cómo no se les ha ocurrido a ellos antes y cómo hacer para conseguir algo parecido.

Ahora se cierra la Fase 2, dejándonos a punto de caramelo para una Fase 3 que se antoja épica. Una Civil War que en los cómics tambaleó el universo superheróico con una historia de política y sentimientos complejos y una Guerra del Infinito que supone el clímax a un argumento que se viene desarrollando desde los albores de la Fase 1.

Pero antes, Marvel cierra esta fase con una película pequeña, con un paréntesis entre tanta épica, con un héroe, en apariencia, menor, que protagoniza una historia más íntima. Muchos se preguntarán: ¿el hombre hormiga? ¿Estás de coña? Qué será lo siguiente, ¿el hombre ornitorrinco?

Sin embargo, el personaje ofrecía un puñado de posibilidades interesantes. En los cómics, el primer Ant-man fue Hank Pym, un super genio (esto no es nada nuevo) que descubre la forma de hacerse pequeñito (sí, sé lo que estáis pensando, igual que la inigualable Pepita Pulgarcita) y comunicarse con las hormigas para que le ayuden en sus misiones. Sin embargo, el hombre tenía un temperamento complicado, así que se convierte en el primer héroe de Marvel que ejerce maltrato de género sobre la que por entonces era su mujer, Janet Van Dyne, La Avispa. Esto le lleva a caer en una espiral que le condena al ostracismo y la expulsión de todos lados. Hasta del Círculo de lectores.

Sin embargo, esto quizá hubiese sido demasiado polémico para una película familiar de estas características, así que la historia se centra en el segundo Hombre Hormiga, Scott Lang, un ladrón de guante blanco simpaticote que intenta recuperar el respeto de su familia y el amor de su hija, después de haber pasado una temporada en la trena.

Efectivamente, el que le cede el traje molón, es Hank Pym, pero sin rastro de su vena maltratadora. Y la avispa… en fin, aparece por ahí de alguna forma que no voy a revelar para no hacer ningún spoiler.

Vale, entonces tenemos un ladrón simpático, una familia perdida, un mentor que cede el testigo… ¿Qué más? ¿Qué tal está la peli?

Pues, para mí, es de las más flojas. Claro, es que venimos de auténticos bombazos como la segunda parte de Los Vengadores, los ochenteros y divertidísimos Guardianes de la Galaxia y una trama política de alto nivel como la que nos ofrece “Capitán América: el Soldado de invierno”. La racha era digna de dopping. Y eso por no hablar de todos los problemas que sufrió la peli hasta que echaron a un tipo tan interesante como Edgar Wright (el de la trilogía del Cornetto, formada por tres de las mejores comedias británicas de los últimos tiempos: “Zombies party”, “Arma fatal” y “Bienvenidos al fin del mundo”). Nunca sabremos cuánto se quedó del guión de Wright y Joe Cornish (“Attack the block”) y cuánto se ha perdido como cultivos en medio de una marabunta y siempre nos quedará la duda de si la dirección del británico hubiese dado lugar a un resultado mejor.

El caso es que Wright se fue en medio de una polémica en la que entrevimos que Marvel no era el estudio liberal y permisivo que creíamos o quizá que el director tiene un temperamento cabezón y no quiso bajarse de la burra, que digo yo que para interconectar todo necesitas atenerte a ciertas reglas. El relevo fue Peyton Reed, director de algunas comedias que pasaron muy desapercibidas, como “Di que sí”, con Jim Carrey poniendo caras o “Separados”, con Jennifer Aniston y Vince Vaughn en piloto automático, una decisión que en principio era complicada de entender. De todas formas, los fans nos callamos y confiamos en el olfato para el talento del estudio y de su gurú marvelita, Kevin Feige, el hombre que mueve los hilos, que suele encontrar al creador adecuado para cada producto.

Los que no cambiaron desde el principio fueron los intérpretes. Pone galones en el mentor del protagonista Michael Douglas, derrocha carisma y simpatía en la encarnación del héroe Paul Rudd, añade la nota sexy la antes perdida Evangeline Lilly, el malo maloso recae en Carey Stoll y del secundario cómico clásico se ocupa, casi totalmente, Michael Peña. Absolutamente nada que objetar.

Sin embargo, me da la impresión de que la película se queda a medio camino de todo. A medio camino de ser una comedia, ya que aunque hay algunos momentos muy graciosos, algunos otros aparecen algo forzados. A medio camino de ser una peli de robos, ya que, aunque los dos atracos que aparecen son los que mueven la trama, se pasa de puntillas por las características que marcan el género. A medio camino de la peli de superhéroes, porque aunque el entrenamiento de Lang es gracioso, se queda algo breve en medio de la trama principal y se centra más en el descubrimiento del mundo microscópico que en lo que supone para el protagonista convertirse en un superhéroe. Y a medio camino de la película familiar, por ser ésta una trama que, aunque mueve las motivaciones del protagonista, aparece como hilo muy secundario.

Y sí, si os lo preguntabais, había momentos en los que creía estar viendo el genio de Edgar Wright detrás de ciertas escenas. Sólo hay que ver los montajes de las historias que cuenta el personaje de Michael Peña para ver su seña de identidad, que puso a punto en la serie “Spaced” y sublimó en la mencionada trilogía cómica.

Por último, hay una constante en los antagonistas de Marvel que empieza a ser ligeramente cansina y de la que el estudio debería darse cuenta antes de volverse insufriblemente repetitivo en el futuro. Amigos guionistas, no hace falta que el enemigo del héroe tenga sus mismos poderes para que la batalla sea interesante. No hace falta que pongáis a pelear un Hulk rojo contra el Hulk verde, a un robot de hierro enorme contra Iron Man y a un hombre menguante amarillo contra el hombre menguante rojo. Un poquito de variedad, por favor. ¿Os acordáis de Loki? Pues queremos más de esos.

De todas formas, el que Ant-Man suponga una de las pelis más flojas del Universo Cinematográfico Marveliano (a mi jucio junto con “Thor” y “Iron Man 2”), no quiere decir que no sea entretenida. Lo es, además de graciosa y sus casi dos horas pasan en un suspiro. Pero no queda ahí dando vueltas en el cerebelo, en el área de recreo infantil. Uno la olvida rápido y eso es señal de que no han conseguido dar en el centro de la diana.

No pasa nada. Es normal que en un plan tan ambicioso como el que está llevando a cabo Marvel, haya altibajos. Para la Fase 3 nos esperan las mencionadas Civil War y Guerra del Infinito, nuevas secuelas de héroes conocidos y la llegada de otros nuevos, como Doctor Strange, Pantera Negra y Capitana Marvel.

Hola erección, ahí estás otra vez.

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