AMORES MINÚSCULOS – DEL CÓMIC AL TEATRO

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Ah, el amor, esa curiosa enfermedad que se contagia por vista, saliva y otros fluidos y que no distingue entre ricos y pobres, tímidos y descarados, heteros y homos, gente del PPSOE y gente de Pokemon… digo, Podemos. Los hay que dicen que viene en forma de flechazo, los hay que buscan príncipes y princesas para acabar comiendo perdices happily ever after y los más descreídos aseguran que es un virus que dura unos años y acaba desapareciendo. En cualquier caso, todos nos contagiamos al menos una vez en la vida y, como si nos hubieran echado droga en el Colacao, hacemos mucho el idiota, nuestro corazón se pone a galopar como si estuviéramos subiendo el Alpe D’Huez y nuestro pensamiento se ve limitado a una sola persona, en todo momento, compulsivamente.

El temita es tan importante para la humanidad que no paramos de sacarlo a colación. Novelas, películas, comics, obras de teatro, mensajes de galletas de la suerte, haikus, poemas, tratados, whatsapps, discursos, monólogos, baladas jevis y conversaciones de borrachos a las seis de la mañana. De forma directa o tangencial, el amor ocupa gran parte de las discusiones de nuestras vidas. Algo tendrá el agua cuando la bendicen.

“Amores minúsculos” comenzó siendo un cómic escrito y dibujado por Alfonso Casas, ambientado en Barcelona y con una serie de historias cruzadas por el mismo punto: un chaval de enamoramiento recurrente, una capacidad asombrosa de liarse por la noche a la mínima de cambio y el sueño de crear una novela gráfica que lo pete. A través de él llegamos a su compañero de piso, un chaval tímido y soñador, y a su mejor amiga, una muchacha con reglas vitales muy estrictas. Y a su vez, a través de ellos, a un playboy pagado de sí mismo, a una chica algo atormentada y solitaria y a un joven con dudas en su relación de toda la vida.

Esta historia de chispazos vitales acaba de ser trasladada al teatro por el equipo creativo Los Zurdos (Iñaki Nieto, Edu Díaz y Diego Rebollo), dirigida y adaptada por uno de estos tres kamikazes, Iñaki Nieto e interpretada por dos elencos de actores, dependiendo del día que se vaya a ver, nombrados como reparto “Deseo” y reparto “Pasión”. Se ha estrenado en un curioso espacio de exhibición escénica y laboratorio de creación multicultural llamada Nave 73. Un espacio diáfano que da un aire underground y alternativo a la obra, que se representa con escaso mobiliario, dividiendo el escenario en una serie de paisajes cambiantes. Una habitación, un parque, un restaurante, un salón, una discoteca… Y tenéis suerte, porque la afluencia de público ha conseguido prorrogar las funciones más allá del mes de Junio en el que se iban a quedar, así que aún estáis a tiempo de verla.

“Amores minúsculos” me ha gustado. Unas partes más que otras, unos personajes más que otros, unas historias más que otras, algo lógico cuando se trata de narraciones cruzadas. Quizá tengamos tendencia a que nos atraiga más aquello con lo que más nos identificamos, como seres ególatras que somos o quizá es, simplemente, que hay algunos personajes e historias más desarrollados que otros.

Grande el eje central de la obra, Nacho, interpretado con mucho tino por Álvaro Cea, quizá porque da más tiempo a vislumbrar las aristas y motivaciones del personaje, y algo más desdibujados otros caracteres, como el de David, que no tienen demasiado tiempo a mostrarse. Y lo mismo sucede con las historias. La de Jaime y Eva está tratada con más detalle que, por ejemplo, la de Laura y Carlos, que acaba encallando ligeramente en el estereotipo.

También me rechina un poco que los personajes hablen tanto hacia el público, verbalizando sus propios sentimientos y anhelos. Quizá soy un espectador más de acción, de buscar yo mismo las respuestas y las motivaciones en medio del diálogo y los monólogos interiores me cuesten algo más. De todas formas, es una decisión como otra cualquiera, que intenta captar el espíritu del cómic y, por lo que me han dicho los que se lo han leído, lo consigue. Por otra parte, también hubo gente que se identificó de lleno con esos pequeños soliloquios, cargados de lírica, con lo que tiendo a pensar que soy yo y no el formato el que tiene el problema.

De todas formas, se nota el cariño por los personajes y por sus historias, tanto por parte del escritor, como del director y los intérpretes, y eso sí me llegó, provocando que, en todo momento, quisiera saber en dónde desembocaba este caudal de amores minúsculos.

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