AMER

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Y llegó la hora de la siesta. Nos habíamos zampado un grasiento menú de la casa en alguna taberna de aspecto tosco y descuidado, con una mezcla en las paredes entre afición a los toros, al fútbol y al folclore más profundo. Así que llegamos al cine con las panzas llenas, el colesterol por las nubes y el sueño acechando detrás de cada párpado, pero por suerte los organizadores del festival son sabios. Conocen las necesidades del buen friki español y nos tenían preparada una sorpresa. Una película experimental, con un argumento prácticamente nulo en el que se daba carta blanca, por una parte, al ronquido generalizado y, por otra, a la profunda pedantería de los espectadores más sibaritas, capaces de extraer la metáfora del capitalismo feroz de la última mitad del siglo XX de la imagen de un pezón sumergido en una bañera.

Para muestra, un botón. La breve sinopsis que aparecía en la página de la muestra para promocionar esta coproducción entre Francia y Bélgica es la siguiente:

Alguien observa a una niña a través de la cerradura de una puerta. El viento levanta tenuemente la falda de una mujer bajo la mirada de un grupo de hombres. La fantasía de un vestido que se desgarra. Compuesta por fragmentos –de ojos, luces, sombras, gestos— y sin diálogos, “AMER” se adentra en la vida de Ana, a camino siempre entre lo real y lo imaginario.

Yo me imagino al pobre encargado de escribir ese breve párrafo destinado a describir la película. Primero, intentando mantenerse despierto durante el metraje, que para algo tiene su ridículo sueldo de becario. A continuación, dando gracias por tener que escribir tan sólo un párrafo, porque si llega a ser el encargado de llenar de palabras la contraportada de un DVD, hubiese muerto en el intento. Por último, intentando sacar en claro algo de las imágenes inconexas que acababa de ver.

Una primera parte en una casa, con la protagonista de niña, una abuela que parece medio bruja, un abuelo muerto momificando en una habitación y unos padres que follan filmados con filtros de varios colores. Lo que está claro es que, varias veces, alguien mira por el hueco de la cerradura, así que eso debe ser importante. Pongámoslo.

La segunda parte muestra a la protagonista (suponemos que la misma) ya adolescente, que va de compras con la madre por el pueblo. Mientras la progenitora se queda en una tienda, la chiquilla persigue primero un balón de un niño por unas escaleras y luego se tira diez minutos de reloj pasando por delante de un grupo de moteros con un vestidito de verano. Diez interminables minutos en los que ella pasea y los moteros miran, hasta que llega la madre y le arrea un sopapo. Tanto tiempo empleado en una escena también debe ser clave. A la sinopsis que va.

En la tercera parte, la prota ya es una mujer hecha y derecha, que vuelve a la abandonada casa familiar, da una vuelta por la mansión, se pega un bañito con su onírico flujo vaginal y a continuación es perseguida por un desconocido que pretende hacer un estudio de campo del hecho anterior. Incluir cualquiera de estos dos episodios en el párrafo promocional queda un poco bruto, así que pongamos poéticamente que el tipo le arranca el vestido, que puede quedar bien.

En lo que sí da en el clavo, es en que está compuesta de fragmentos. Es como el que acude a una muestra de arte surrealista con un cuadro en el que mezcla cachos de revistas, retales de sábanas viejas, pedazos de una Gameboy y caca de paloma. Probablemente algún crítico con un fular de color chillón al cuello y gafas de marca se corra del gusto ante tan transgresora propuesta, pero la señora de la limpieza la tirará a la basura porque huele mal. Si pretendes realizar un film con fragmentos de ideas, pero no eres David Lynch, lo usual es que el resultado huela muy mal.

Eso no impidió que, en la cola hacia la siguiente película, escucháramos anonadados alguna conversación en la que aseguraban que “Amer” era la mejor película de la muestra hasta ese momento y una de las mejores que habían visto en la vida. Nos volvimos, pero no había fulares de colores chillones, aunque nos preguntamos qué hacían aquellos eruditos en una muestra de ciencia-ficción y terror, mientras yo tenía mi propio dilema interior: ¿por qué me había desvelado justo en aquella hora y media?

4 thoughts on “AMER

  1. Elisa: ojalá hubiera podido decir eso, pero ni siquiera.

    Xabrés: con que te hagas con los 15 primeros minutos, basta.

    Neovallense: quitémosle el adverbio.

    Saludos.

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