AL FILO DEL MAÑANA

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¿Se ha contado ya todo sobre viajes en el tiempo?

Una pregunta tan chorra como: ¿se ha contado ya todo sobre viajes en coche por carretera?

Obviamente esto no es como si las pelis que tienen un viaje temporal en su argumento no tratasen de explicarlo y, en el momento en el que quede absolutamente claro, se dejasen de hacer. No es una tesis sobre el tema que tenga que quedar bien definida. Por un lado, porque el cine es entretenimiento y diversión y, en general, el crononauta es una mera excusa para la historia. Y por otro porque, siento la dosis de realidad, no existen. Como dijo Stephen Hawkings, la prueba irrefutable de que los viajes el el tiempo son imposibles es que no hayamos recibido oleadas de turistas del futuro.

Muchas y grandes películas han tenido alguna excursión a través del tiempo como tema central o como parte argumental. “Regreso al futuro”, “Terminator”, “Atrapado en el tiempo”, “Primer”, “Una cuestión de tiempo”, “12 monos”, “Midnight in Paris”, “Looper”, “El efecto mariposa”, “La máquina del tiempo”, “Los cronocrímenes”… Algunas son enrevesadas, otras facilonas, algunas son de acción, otras románticas y otras de suspense, algunas tienen enormes agujeros de lógica y otras están fantásticamente argumentadas. El caso es que lo mismo se podría decir de casi cualquier tema argumental.

Todo esto viene al hilo de que ayer empezamos nuestra andadura en el Festival Nocturna de Madrid con el preestreno de “Al filo del mañana”, otra de esta clase de viajes, adaptación de una novela de Hiroshi Sakurazaka, repleta de efectos especiales, alienígenas cabrones y héroes que deben salvar a la humanidad. Una peli que bebe de la imaginería y las ideas de “Aliens”, “Matrix”, “Atrapado en el tiempo”, “12 del patíbulo” y los videojuegos shooters y, aún así, consigue una personalidad propia gracias a un argumento muy entretenido y un puñado de personajes con carisma.

El responsable de poner este maremagnum en pie es Doug Liman, que había perdido bastante el rumbo desde que se dio a conocer al gran público con “El caso Bourne”, y de eso hace ya doce años. “Sr. y Sra. Smith” era, como mucho, simpática, “Jumper” un absoluto desastre y “Caza a la espía” pasó sin pena ni gloria por las carteleras. Me alegra comprobar que el director no ha perdido su mojo y que si el guión es interesante es capaz de ofrecer un gran espectáculo.

A su ayuda acuden un Tom Cruise siempre entregado, que en este caso borda su papel de héroe a su pesar, una Emily Blunt que sigue demostrando que es una actriz como la copa de un pino (volvemos con esa genética actoral de los británicos) y el robaplanos Bill Paxton, que conforma una suerte de parodia del sargento de hierro brillante.

La premisa, si uno no le busca demasiado las cosquillas, es lo suficientemente original como para mantener atrapado desde el primer momento, la acción está muy bien planeada y dirigida, los efectos visuales son espectaculares y los toques de humor, salpicando aquí y allá la historia, al más puro estilo Whedon, permiten que la acción avance sin altibajos hacia un final que, sin ser ninguna sorpresa, tampoco cabrea. Aquí lo importante es el entretenimiento puro y no las teorías complicadas. Se agradece que la película sepa en todo momento en que liga juega y no intente engañar a nadie, ofreciendo un espectáculo que rodea a una espina dorsal argumental sencilla pero muy bien armada.

En definitiva, ciencia ficción repleta de acción bien hecha; algo que se echa bastante de menos en estos tiempos de subproductos repletos de millones y carentes de originalidad y cerebro.

Esta era, desde luego, la apuesta sobre seguro del festival. Ahora veremos si las otras cuatro opciones que hemos escogido consiguen mantener un nivel suficiente como para no desear muertes innecesarias.

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