AC/DC – HIGHWAY TO HELL

Bon Scott estaba destinado a entrar en el gran salón de los ídolos del rock and roll. Su inconfundible voz pedía a gritos ser una marca registrada. Su vida salvaje le llevaba irremediablemente hacia esa máxima del rock que rezaba “vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadaver”. Su alianza con Angus Young y Malcolm Young dejaría para la posteridad cinco álbumes repletos de riffs incendiarios y estribillos dispuestos a convertirse en himnos de estadio.

En 1980, con 34 años (yuyuuuuu), Bon Scott dejaría el mundo de los mortales a la manera rockera, tras una noche de borrachera inmensa y ahogado con su propio vómito, para entrar en el olimpo de las deidades del rock. Además, tuvo la deferencia de grabar su última aparición en público diez días antes, en el programa “Aplauso”, de TVE, en un playback bastante cutre, por cierto, dejando anodadada a la sociedad postfranquista de la época.

De aquel último disco y antes de que el genial Brian Johnson fichara como frontman de la banda y de que dejaran bien clarito al mundo que aquello no era el fin del grupo, con un disco a la memoria del finado llamado “Hell’s bells” que se ha colocado como el segundo LP no recopilatorio más vendido de la historia, después del “Thriller” de Michael Jackson, nos queda uno de los himnos más conocidos del salvaje mundo del rock. Un temazo que da nombre al disco, que nos coloca en la autopista directa y sin salidas hacia el trono que domina el palacio de Scott, allá en el infierno, a la zurda del mismísimo diablo.

Cuenta la leyenda que el tema del disco y del single surgió cuando un reportero preguntó a Angus cómo era la vida de un rockero al estar constántemente de gira. El guitarrista del uniforme escolar no lo dudó ni un momento y le espetó: “A fucking way to hell”. Una respuesta ingeniosa y da comienzo la leyenda.

Escuchar ese riff inicial y no salir con energías por la mañana es prácticamente imposible.

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