2012

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Me imagino a Roland Emmerich, el director de “2012”, de pequeño, con 6 o 7 años, haciendo las típicas construcciones de Tente (para los de mi quinta) o Lego (para los de la ESO) o el equivalente que tengan en los Usamérica, para a continuación, con un brillo perverso y juguetón en la mirada, destruirlas. Cada vez construcciones más grandes, cada vez más espectaculares las aniquilaciones. El trauma quedó ahí, seguro, porque el tío ha trasladado esta afición a las películas que hace.

Sabemos que Emmerich va unido a espectacularidad, a efectos especiales, a  actos heróicos, a la moraleja familiar y todo eso multiplicado por 1000. No es un Michael Bay que sólo se preocupa de acción y explosiones, sino que intenta dotar a sus películas de algo más, aunque ese algo, a veces, caiga en una moralina facilona o con la que no estamos de acuerdo. Veamos su evolución. “Soldado universal”: rijostios al servicio de Van Damme en la que puede ser una de sus mejores películas de acción (de Van Damme, me refiero, que tampoco es decir mucho). “Stargate”: ciencia ficción con portales interdimensionales que dio lugar a una serie de culto. “Independence day”: el inicio del estrellato de Will Smith y el patriotismo americano contra los marcianos. “El patriota”: patriotismo a secas para lucimiento de Mel Gibson. “El día de mañana”: una película de catástrofes muy bien hecha disfrazada de alegato contra el calentamiento global y el maltrato del planeta. “10.000 A.C.”: una película de aventuras bastante chorra que se pasaba por el forro cualquier lógica científica sobre la evolución. Y por último, “2012”.

Emmerich ha ido creciendo en espectacularidad y en ambición a medida que iban creciendo los millones de dólares que le daban para hacer la película, pero ha seguido fiel a su concepto de cine, concepto que puede estar muy alejado de quien busque historias comunes, exploración de personajes y grandes diálogos y odie, por poner el caso, cintas como “Armaggedon”.

“2012” es épica y espectáculo, grandes carreras por la supervicencia, grandes escenas de "me salvo en el último momento y por los pelos del sobaco", enormes destrucciones, gigantescas hazañas y personajes estereotipados y resultones… ¿y sabéis qué? Me lo pasé como un enano viendo en pantalla gigante y con sonido “retumbo-hasta-que-te-vibra-la-médula” como se cargan la tierra entre volcanes desbocados, terremotos salvajes e inundaciones masivas. Como un puñetero enano.

Me dio igual intuir el desarrollo de toda la película, quién iba a morir, quién se redimiría con actos heroicos en el último instante o en qué situación iba a acabar el personaje principal. Que uno se sepa la historia (que de original tiene más bien poco) no quiere decir que uno no pueda disfrutar según quién se la cuente. Nos podemos saber al dedillo el cuento de Pulgarcito pero podemos guardar como un tesoro las veces en las que el abuelo nos lo ha contado mientras disfrutábamos del sonido de la tormenta bajo unas mantas calentitas.

Por esto, porque en este caso importa sobremanera el cómo frente al qué, ésta es una de esas ocasiones en las que el pago de la entrada compensa de lejos al tejido retiniano frente a verla en nuestra pantalla plana del salón. Si hay un tipo de película que justifica el apoquinar el abultado y absurdo precio de la entrada de cine, es éste, con unos efectos por ordenador sencillamente sublimes. Casi podemos sentir el vértigo de pilotar una avioneta mientras San Francisco se derrumba a nuestro alrededor. Pura adrenalina.

Además, a pesar de que haya dicho que los personajes son planos, esquemáticos y estereotipados, que lo son y con avaricia, Emmerich se las apaña para conseguir un elenco que, al menos en pantalla, parece decidido a defenderlos lo mejor que pueden. John Cusack, Amanda Peet, Danny Glover, Woody Harrelson, Thandie Newton y Oliver Platt se ganan sus (probablemente) abultados sueldos dotando a sus papeles de un mínimo de coherencia y ganas, consiguiendo que en ningún momento el tono se instale en el ridículo. Algo que tiene gran mérito si observamos, fríamente y sobre el papel, la historia que tienen que defender. Vaya tela el apocalipsis maya.

6 thoughts on “2012

  1. Estaba con ganas de verla y al entrar a ver tu post pensé, va
    ya! seguro que no merecía tanto la pena! Afortunadamente mis
    intenciones siguen intactas y quizas si los astros se conjuran
    me acerque este sabado al cine a verla y a derrochar chorro-
    cientos kilos de palomitas en pos del mundo maya.

  2. Habiendola visto hoy mismo digo dos cosas:
    1. La primer parte de la pelicula, hasta que empieza el caos y ewl corre corre que me pillan
    me parecio aburridilla. A partir de ahí la película gana bastante.
    Es loq ue tu dices, no le exiges, solo disfruta la peli y come palomitas.

    2. El Cirujano plástico es clavadito a Angel LLacer, el director de la academia de OT. ¿a que si?

  3. Jjejeje, la verdad es que la peli es divertida, a mí me encanta este tipo de ciene en el que se cargan al mundo, y Emmerich la verdad es que se lo carga bien ^^

    Saludetes de uno que está medio perdido xD

  4. Xabrés: creo que che gustaría.

    Reparito: pues veo que hemos coincidido bastante. A mí la primera parte no me parece exactamente aburrida, pero sí que estuve deseando que empezara lo gordo.
    Y ahora que lo dices, sí que tiene un aire a Ángel Llacer, sí, jejjeje.

    Neovallense: a mí también me gusta el cine palomitero y si logra entretenerme durante 2 horas sin cansarme, tiene gran mérito.
    Aparece ya, desaparecido!!

    Saludos a todos.

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