15ª MUESTRA SYFY. DÍA 4

Todo indicaba, a estas alturas, que el nivel de la muestra iba a ser superior a la mayor parte de las disfrutadas hasta el momento. En dos días ya habíamos visto películas dignas de quedarse en nuestra memoria y aún faltaba una jornada con un par de platos fuertes. “The endless” había sido uno de nuestros objetivos en Sitges, aunque no acabó cuadrando con nuestra agenda y “Thelma” venía avalada por críticas muy positivas.

Quizá la decepción de la jornada fue no poder disfrutar del fin de fiesta con “Pacific Rim: Insurrección” por problemas con la distribuidora y su sustitución por “Seven sisters”, una película que ya habíamos visto en el certamen catalán y que ya se había estrenado. Aunque nos emplazaban una semana después para poder disfrutar de los robots contra los monstruos antes de su estreno en salas.

Pero el día empezaba con una película de producción británica, ambientada en África, que venía con la advertencia del Maestro de Motores, que se había aburrido soberanamente viéndola en el festival de Gijón.

Así que allá que nos plantamos a primera hora de la tarde para comprobar su capacidad de apelar a la siesta.

I AM NOT A WITCH

Una mujer camina cargando con una pesada carga en dirección a un pequeño pueblo de Zambia. Tropieza y cae, con las consiguientes y necesarias maldiciones. Un poco más allá, observa que una niña, de unos ocho años la mira fijamente. La mujer ata cabos y poco más tarde se está celebrando un juicio, ante una ojiplática representante de la ley, en el que se acusa a la muchacha de brujería.

Este punto de partida es utilizado en una sociedad machista y oportunista para condenar a la niña e internarla en una pequeña comunidad de “brujas” que en realidad es utilizada como mano de obra gratuita y mecanismo de juicio rápido y carente de sentido. Las mujeres, atadas por cintas para que no vuelen y aterroricen a la gente, aran el campo, ejercen de jueces gracias a su clarividencia en pequeños hurtos, sirven como reclamo turístico y, sobre todo, como beneficio para un orondo caudillo que vive del cuento y del sometimiento de las mujeres en su propio beneficio.

En su opera prima, la realizadora y guionista galesa-zambiana Rungano Nyoni nos planta, utilizando la brujería como metáfora, un dilema al que se enfrentan miles de mujeres en todo el mundo. En el universo creado para la película es el siguiente: cuando una supuesta bruja es apresada se le ata una cinta y se la deja dormir en una pequeña cabaña sin vigilancia. Si la mujer o niña sigue allí a la mañana siguiente, acepta su condición de bruja y se resigna a seguir las normas impuestas por los hombres que las mueven de un sitio a otro, perdiendo definitivamente su libertad. Si corta la cinta y huye será libre, pero según el tipo que la ha apresado, podría convertirse en una cabra. Que cada uno lo interprete como crea.

A partir de aquí, la odisea de Shula se relata con una curiosa mezcla de humor surrealista y drama que avanza a un ritmo que en algunas partes se antoja pesado y aletargado. Sin embargo, diseminados a lo largo de la narración hay suficientes momentos chungos, que retratan ese mundo injusto y caciquesco y que tiene tantas analogías con la sociedad en la que vivimos, que acaba dejando un poso en el espectador difícil de ignorar.

En este ejemplo el castigo por obedecer las leyes impuestas es convertirse en una cabra, en otros el infierno, en los más extremos la lapidación. En definitiva, una pequeña fábula de cómo funciona el mundo, donde unos viven a costa de otros, donde predomina la mentira y la manipulación y se utiliza la ignorancia del pueblo para manejarlo al antojo de unos pocos sinvergüenzas con privilegios injustos a los que se niegan a renunciar y que defienden aún haciendo el ridículo para cualquiera que tenga un mínimo de pensamiento crítico.

Eso sí, todas estas ideas se extraen de escenas bien diseminadas a lo largo de una cinta cuyo camino es quizá demasiado contemplativo entre ellas. Por eso entiendo perfectamente que haya quien desconecte del relato.

THE ENDLESS

Esta película fue uno de mis objetivos para Sitges desde el primer momento, por razones en su mayoría de lo más intuitivas y de lo menos racionales, pues la información que encontramos cuando estábamos realizando nuestro estudio preliminar anual era muy escasa. Apenas un pequeño clip de una escena de la película y una entrevista con los directores, Justin Benson y Aaron Moorhead, en la que contaban la necesidad de co-protagonizar su propia historia para minimizar gastos, tener la completa disponibilidad de agenda de los protagonistas y gozar de absoluta libertad a la hora de plasmar sus ideas en pantalla.

En una segunda capa de investigación, me di cuenta de que ambos eran los directores de otra película vista en una muestra SyFy anterior. “Spring” era una comedia romántica fantástica con regusto a película de terror, que me encantó en su día y me dejó un sabor de boca tan agradable que ha perdurado hasta el día de hoy. Todo ello convertían esta cinta, también fantástica, en un bombón muy apetecible.

Desde luego, fue la película que más conversaciones generó tras su proyección, lo que a mi juicio habla muy bien de un largometraje. Desde que se encendieron las luces hasta que, tras salir del cine, hacer cola y volver a entrar a buscar un nuevo sitio, se apagaron de nuevo para la siguiente sesión, fue el único tema de conversación. Un puñado de amigos, con diferentes grados de satisfacción debatiendo sobre los puntos fuertes y débiles del argumento, buscando agujeros en la historia y teorizando sobre posibles reglas del universo que los explicasen. Para mí, esa es la definición de la velada perfecta de un cine entre colegas y no es nada fácil de conseguir.

No voy a poner casi nada de su argumento porque lo gracioso de “The endless” es ir descubriendo su universo sin información previa. En ese sentido es la “Coherence” o la “The invitation” de este año.

El punto de partida es el siguiente: dos hermanos que viven juntos escaparon cuando eran niños de una secta, ya que el mayor sospechaba que iban a suicidarse en cualquier momento. Ahora, muchos años después, se enteran de que siguen vivos y conviviendo en una especie de comuna de principios naturales. El menor insiste en volver a visitarlos para saber quienes son en realidad y contrastarlo con sus recuerdos infantiles.

A partir de aquí, Benson y Moorhead empiezan a jugar y se lo pasan en grande y, por extensión, me lo hacen pasar en grande. Juegan con el despiste, juegan con las reglas de un universo que jamás explican del todo, juegan con imágenes e ideas muy poderosas y con resoluciones en pantalla de los más imaginativas y vistosas y todo ello con una falta de gravedad y un gusto por el humor que esquiva los momentos que pudieran llegar a quedar ridículos con un tono más serio.

Cierto es que en nuestras discusiones, nunca llegamos a tener explicación para todo lo que ocurría ni a encontrar coherencia a todas las reglas que se marcan a lo largo de la aventura de los dos treintañeros. Pero, en mi caso debo añadir, ni falta que hace.

Entiendo que pueda molestar al espectador que quiera dejar todo bien atado o que se pueda llegar a pensar que los dos realizadores están tomando el pelo al respetable, pero para mí el juego es lícito y muy divertido. El cariño que vuelcan estos dos amigos que se conocieron en 2009 y a los que unió su pasión por Stephen King y el género fantástico en su trama y en los personajes, es enorme. Se paladea la pasión que ponen en el proyecto y el talento de la pluma de Justin Benson, guionista de la historia, para dibujar a los personajes.

Ahora, en la última investigación sobre los artífices y la película para la escritura de esta crítica, me entero de que su opera prima está íntimamente relacionada con una de las tramas cruzadas que pueblan “The endless” y en lo único que puedo pensar es en conseguirla y completar ese trocito del universo que han construido.

Convertirme en fan con tres películas, una de las cuales aún no he visto, me parece mágico.

THELMA

Con esta película noruega tocaba a su fin mi participación pasiva en el festival. La elegida para la clausura ya la había visto y al día siguiente había que madrugar, por no comentar que la pequeña padawan tenía una pequeña conmoción en la fuerza y eso la ponía un poco pachucha. Sin embargo, sirvió para constatar que, efectivamente, el nivel de la muestra iba a ser difícil de igualar en convocatorias posteriores.

Thelma inicia su primer año de universidad, alejándose por fin del ambiente ultraproteccionista de sus progenitores. Proviene de una familia de firmes convicciones religiosas, por lo que le resulta complicado relacionarse con el resto de estudiantes y cualquier actividad extraescolar le resulta un reto y una novedad a partes iguales, desde acudir a una fiesta hasta experimentar sentimientos que le cogen con la guardia baja.

En el momento en el que comienza a sentir atracción por una muchacha de su biblioteca, su cuerpo reacciona de forma extrema. Esto la llevará por pruebas médicas y una búsqueda en los recovecos de su memoria para descubrir qué es lo que le pasa.

La peli tiene la elegancia propia de las producciones escandinavas: una factura impoluta y sobria, actuaciones muy naturalistas y sin histrionismo y la exploración de traumas en ese ambiente gélido que tan bien le sienta a las leyendas sobrenaturales. Una historia que avanza con progresión militar, sin prisa pero sin un segundo que perder, desarrollando su argumento como un rodillo imparable, con una lógica interna inquebrantable y los giros de guión perfectamente concebidos.

Estos tíos son ordenaditos tanto para organizar su almacén de venta de muebles como para plantarte una historia de despertar sexual adolescente con su pizca de denuncia social y su puñado de elementos fantásticos.

Es la segunda vez que voy a mencionar a Stephen King en este post y creo que lo he hecho antes en alguna crítica de los días previos de la muestra y ya no sé si es que el escritor de Main ha escrito tanto y tan bien que es mencionable en todas las cintas de terror o fantásticas que se han hecho y se harán o que nos ha tocado una remesa de largometrajes excepcionalmente amplia con referencias a su universo, pero es imposible no pensar en él tras ver la historia de esta Thelma y, en concreto, con su primera novela: “Carrie”.

King es un maestro a la hora de agarrar un terror terrenal y cotidiano, ya sea el primer periodo en la novela mencionada, un perro con rabia, un polvo en una casa desierta o la búsqueda de un cadáver por una pandilla de amigos y retorcerla con maestría incluyendo un elemento sobrenatural para reforzar la idea inicial con una metáfora que convierte la historia en un camino excitante y adictivo y esto es lo que tan bien hace “Thelma”.

Joachim Trier, del que ya había visto un film anterior, “Oslo, 31 de agosto”, muy alejado de este pero con un personaje principal también excepcionalmente bien dibujado y con una construcción de la historia igual de sólida, pone en este caso el descubrimiento de un amor lésbico en una chiquilla con todos los prejuicios de una educación católica estricta y, para reforzar la angustia y el miedo de la situación le añada un componente sobrenatural que cataliza el arco de transformación del personaje. Y esto lo hace sin aparente esfuerzo y ayudado por la soberbia actuación de Eili Harboe que consigue dotar a su personaje de ingenuidad y el terror a traicionar los principios que le han sido inculcados por una parte y la fuerza y la curiosidad que la mueven en una dirección opuesta a todo lo que sabe que debería hacer por otra, consiguiendo un grado de empatía brutal hacia su Thelma.

Gracias a ella y a la construcción del relato, la película me atrapó desde el primer minuto y no me soltó hasta un final tan potente y aplastante como el resto de la historia, rematando de esta forma una jornada excepcional por su diversidad temática y cinematográfica.

SEVEN SISTERS

Pudimos visionar esta peli en el último festival de Sitges bajo el título de “What happened to Monday?” y podéis leer mis impresiones aquí.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.