15ª MUESTRA SYFY. DÍA 3

La mañana del sábado está siempre dedicada a los más pequeños de la casa con su película infantil. Este año tocaba “Peter Rabbit”, las aventuras de un, sí, lo habéis adivinado, conejito que tiene un montón de amigos de otras razas y que vive aventuras con finales felices.

Parece ser que el personaje es ultrafamoso en otras partes del mundo. Es como si aquí hiciéramos una película sobre Teo (yendo al colegio o al circo) o sobre Petete y sus amigos. Aquí no lo conocemos de nada y la unidad familiar de esta nave prefirió dedicar el tiempo a la limpieza integral de la misma.

Bueno, cuando digo prefirió igual no era la palabra más indicada.

El caso es que paneles de mandos, hangares secretos de carga de mercancías ilegales y salas de armas quedaron relucientes como los chorros del oro y nos perdimos la matinal, reincorporándonos al grupo más dicharachero de la frikería internacional en la primera sesión de la tarde.

Entre las pellas de la mañana, que ya habíamos visto una de las películas en Sitges y que decidí no quedarme a la película de madrugada, al tratarse de una cuarta parte de una saga de la cual sólo había visto la segunda entrega y no me había emocionado, el día transcurrió plácidamente con tan sólo tres visionados.

Eso sí, no os preocupéis que la crítica de esa última película del sádico del hacha corre a cargo del insigne Snake Plissken, que tiene a bien cedernos su profesional visión para completar todas y cada una de las proyecciones adultas.

Veamos lo que dio de sí el sábado mandanguer.

HAVE A NICE DAY

Pensamiento personal: es posible que el título aluda a la posibilidad de que, tras la película, el día sólo pueda mejorar. Sólo así se entendería un proyecto que mezcla una animación inquietante, una trama a lo “Pulp fiction” con características nada tarantinianas y un puñado de personajes que aparecen y desaparecen de la pantalla sin orden ni concierto.

No soy demasiado capaz de condensar un argumento, la verdad. Hay una bolsa de dinero, hay un chaval que lo roba, creo que para financiar una operación, hay un mafioso que lo busca mientras maltrata a un pintor amigo de la infancia, hay un señor con muchísimos gadgets que se electrocuta con una cámara de vigilancia, hay un matón que viste de negro, hay una pareja de chonis que se apunta a buscar la pasta, hay un cibercafé que parece el centro de China al que todos los caminos acaban llegando, hay una escena en blanco y negro de un mar como salido del universo de la última temporada de “Twin peaks” y hay coches, muchísimos coches que frenan muy raro y aceleran aún más raro.

Entre todos estos elementos, señores que hablan y cuentan cosas que, en general, no interesan. El caldo de cultivo perfecto para que la sala de la mandanga pusiera su think tank a pleno rendimiento y surgieran todo tipo de comentarios jocosos ante la falta de sentido de la historia que circulaba ante nuestros ojos. Una vez más, en este tipo de películas el ingenio de la muestra salva los muebles, aunque en otros tipos se echen de más.

Ojo, la consideración de que esta película china era un truñaco no fue unánime. Nuestro compañero Neovallense, del blog de Neovallense, salió satisfecho con el tinglado, lo que demuestra que para gustos los colores, amigos. Lo que para ti puede ser infumable a mí me puede calentar la meninge.

THE CURED

De la siguiente película sólo sabía dos cosas: que era un film de zombies sin tanta acción como el grueso del género suele contener y que trabajaba Ellen Page, una reivindicativa actriz que suele elegir con cuidado sus proyectos y elevar el nivel de toda cinta donde participe.

Efectivamente, el primer largometraje como realizador y guionista del irlandés David Freyne, es justo eso, pero es mucho más. La historia de “The cured” da comienzo en el momento en el que decenas de películas del mismo tipo acaban. Por fin el virus que convierte a los humanos en seres irracionales y violentos sedientos de materia encefálica ha sido contenido y el apocalipsis zombie ha sido evitado. Los infectados que han sobrevivido han sido capturados y confinados en celdas y los científicos han desarrollado una cura que revierte los efectos devolviendo la conciencia a muchos de esos enfermos y reinsertándolos en la sociedad.

Pero la vuelta a la vida social no es fácil. Por una parte, los sanados recuerdan todas las atrocidades que han cometido en su estado de rabia no-muerta y por otra la civilización tiene que perdonar a esos sujetos a los que han visto comerse las yugulares de sus maridos, mujeres, hijos y amigos y asumir que el virus no va a volver a tomar el control. Y ya sabemos cómo somos perdonando y racionalizando.

Por otra parte, la vacuna no tiene una efectividad del 100% y hay algunos infectados que parecen inmunes al suero. Mientras una doctora sigue investigando para tratar de hallar la causa del rechazo de ese pequeño porcentaje, el gobierno se ve presionado para eliminarlos antes de que se produzca un error y el caos vuelva a desatarse, con la consiguiente crisis moral: ¿se eliminarían zombies sin rastro de humanidad o por el contrario estaríamos segando la vida de nuestros semejantes, como si de un campo de concentración se tratase?

Senan es uno de los afortunados a los que la vacuna le ha devuelto el control de su voluntad y lo es aún más cuando su cuñada acepta que vuelva a casa a vivir con ella y con el hijo de su hermano. Senan vuelve y trata de readaptarse al día a día lidiando con el trauma con el que le toca convivir, mirando a los ojos a aquellos a los que algún año antes podría haber masacrado.

Esta premisa, tan lúcida y acertada da lugar a una película repleta de buenas ideas, con una construcción de personajes espléndido, al menos en gran parte y construyendo una metáfora bien fácil de pillar entre la situación que os acabo de plantear y el terrorismo del IRA.

Y digo en gran parte porque, aunque los personajes de Senan, interpretado con muchísimo acierto por Sam Keeley y el de Abbie, con la verdad habitual que imprime Ellen Page en sus actuaciones, están fantásticamente dibujados, hay otros como el envidioso y manipulador Conor que no tiene tanta profundidad, limitándose a ser la parte motora del conflicto y aparecer con pose inquietante u otros como el del militar al mando que rozan el estereotipo.

Quizá si Conor hubiese tenido algo más de conflicto y su arco fuese un poquito más suave, hubiésemos estado hablando de una obra maestra del cine de género y, aún así, la parte de la historia que concierne a la relación entre Senan y Abbie, o la propia historia de la doctora que trata desesperadamente de encontrar un antiviral efectivo son tan delicadas y están tan bien filmadas e interpretadas que logran empatizar desde el primer instante.

Ya he contado en múltiples ocasiones que soy muy inútil pillando símiles y metáforas y que cuando la película me lo permite me pone contento y también he dicho muchas veces que las películas de terror que tienen un subtexto que las eleva más allá del simple entretenimiento y te permiten darle vueltas al coco me parecen mucho más disfrutables. “The cured” cumple con creces ambas premisas por lo que salí del cine, dispuesto a comerme la siguiente peli del festival, plenamente satisfecho.

SALYUT 7


Y quién nos iba a decir que una película rusa con cierta carga patriótica sobre astronautas que se convirtieron en héroes en los ochenta iba a ser declarada, por unanimidad, como la mejor proyección de la muestra.

Vayamos lo primero a los antecedentes de esta historia real, pues en general, estamos mucho menos familiarizados con las hazañas rusas de la guerra de las estrellas que con las americanas, que han tenido más oportunidades de mostrarlas al mundo a través de Hollywood.

Según la Wikipedia, la Salyut 7 fue la última de este programa espacial que lanzó al espacio nueve estaciones entre 1971 y 1982, algunas de las cuales fueron militares y puestas en órbita de forma secreta.

Ésta en concreto fue lanzada al espacio el 19 de abril de 1982 y estuvo habitada hasta 1986 por una capacidad máxima de tres cosmonautas y entre los que la visitaron estuvo Svetlana Savítskaya, la primera mujer en dar un paseo espacial.

En febrero de 1985 el control de misión perdió toda comunicación con la estación y comenzó una carrera para impedir que cayera a la tierra de manera descontrolada o que llegaran los americanos y la destruyeran o peor, accedieran y robaran su tecnología. Este capítulo de la historia espacial soviética dio lugar a una de las hazañas más increíbles y es lo que cuenta, de forma impresionante, esta película.

Antes de comenzar, ya por fin, con mis impresiones, para dar lugar a una crítica con más preámbulo que contenido, algo en lo que soy especialista, vamos con un dato: el presupuesto de este largometraje son 18 millones de dólares. El presupuesto de “Gravity” fueron 100 millones de dólares y el de “Apolo 13”, hace ya 23 años fueron 62 millones de dólares. Pues bien, “Salyut 7” no tiene absolutamente nada que envidiarle en cuanto a diseño y puesta en escena a estos dos ejemplos.

La película rusa es una virguería técnica con imágenes impresionantes de la estación, del espacio y de las hazañas de los pilotos en gravedad cero. Además es vibrante, emocionante, con una carga dramática justa y una visión de la URSS de los años ochenta con su pizca de patriotismo pero sin la propaganda desinhibida que suele gastar el cine de Usamérica, con su puntito de crítica (tampoco demasiado, todo sea dicho) y una dirección apabullante a cargo de Klim Shipenko, quien no me extrañaría que se encontrase cruzando el charco para rodar en la meca del cine cualquier día de estos.

El director y unos actores metidísimos en sus respectivos papeles se las arreglan para tener al público con el corazón en vilo durante toda la película, con escenas de acción que no se estiran y duran lo justo y una banda sonora brutal compuesta por Svyatoslav Kurashov, repleta de cuerdas y coros, con reminiscencias al mejor Vangelis en sus partes estratosféricas y una belleza inusitada en sus partes terrícolas.

Además, al director le da tiempo a meter una pequeña muesca… ¿cómo llamarla? ¿Metafísica? ¿Filosófica? No lo sé, un detalle hacia el principio de la película que no influye en la construcción del relato pero sí en la del personaje principal, un piloto espacial sobradísimo y obsesionado con el espacio al que le tomamos cariño desde el primer momento. Detalle que sobrevuela la película vestido con un manto de invisibilidad, pero que imprime al relato de una nueva capa que no llega a olvidarse y que le sienta al conjunto de maravilla, quizá porque jamás se trata de dar ninguna explicación.

En esta ocasión el patio de butacas se comportó de manera excelente y es que el dominio del tempo y de la emoción del realizador soviético no era para menos. Aún así, hubo momentos para el cachondeo general, como aquel, hacia el último tramo de la proyección, en el que todo el público estalló al coro de “U ERRE ESE ESE”, provocando el despiporre máximo.

No se puede luchar contra el ADN mandanguer.

HOW TO TALK TO GIRLS AT PARTIES

Esta película muy punk y lisérgica pudimos verla en el Festival de Sitges del año pasado y podéis leer mis impresiones aquí.

VICTOR CROWLEY

por Snake Plissken

(Esta crítica NO contiene trazas de otras críticas. ¡100% original!)

La última sesión del sábado nos llevó de vuelta a los pantanos de Louisiana, junto a otra (¡la cuarta ya!) colección de estereotipos con patas que se ponen al alcance del hacha más famosa del slasher de serie B tirando a Z.

En esta entrega se repiten, cómo no, los tics de la saga Hatchet: personajes monguer, invocación involuntaria del monstruo y una hilarante colección de muertes y casquería entre chistes dignos de una cinta de Pepe Da Rosa. Pero uno no deja de admirar a Adam Green, su creador: el resultado es tan bobamente divertido que se convierte en material ideal para una sesión golfa de Syfy.

A destacar entre tanta decapitación y desmembramiento la gamberra escena de la firma de libros del prota y el desternillante trabajo de Dave Sheridan como Dillon McMasters, un heroico imbécil integral capaz de todo por un beso de la flaca que se convierte en el mejor personaje de toda la franquicia.

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