15ª MUESTRA SYFY. DÍA 2

Suelen decir que tener un retoño te cambia la vida y la prueba empírica es que por primera vez desde que empezamos a ir a la muestra SyFy, hace ya once años, que se dice pronto, no pude llegar a tiempo a la primera sesión del viernes. La pequeña padawan me esperaba en la escuela infantil con los brazos bien estirados y mirando al cielo para irse a casa a tomar la merienda sin saber nada de terrores, slashers ni saltos en el tiempo.

Ni que decir tengo que una sola sonrisa suya compensa todas las películas de género que se han hecho y se harán.

Pero como éste es un blog de prestigio (ejem) y no está en mi voluntad el privar a mis numerosos (doble ejem) lectores de la crónica completa del festival, el Maestro de Motores acepta salirse de su especialidad, el cine de animación, para ceder a esta vieja nave la crónica de la película brasileña que inauguraba el fin de semana. Y cómo me alegro porque me encanta su estilo de crítica.

De esta forma, empezamos la crónica del segundo día del festival de género madrileño más mandanguero.

Por cierto, en los últimos festivales, el núcleo duro habitual hemos incorporado una nueva y chorra tradición. Aparte de la crítica propiamente dicha buscamos una canción que se adapte a la película vista. De esta forma, nos salen unas listas para Spotify basadas en los festivales de turno la mar de eclécticas.

Como la elección para la primera película, “Un pliegue en el tiempo”, llegó más tarde que la publicación en el blog, os dejo a continuación cual fue mi enlace de ideas sonoras con el film inaugural.

AS BOAS MANEIRAS

por El Maestro de Motores

Retomo mi colaboración con este blog como experto en cine de embarazadas y abortos.

La muestra SyFy de este año ha venido cargadita de amor lésbico. Y las protagonistas de “As boas maneiras” (Ana y Clara) han sido las inauguradoras de este amor.

Ana es una pija que va de rebelde pero que en realidad está muy loca y muy perdida en la vida. Está embarazada y el padre no sabe/no contesta. Así que decide contratar a alguien para que le ayude en casa hasta que dé a luz. Así conoce a Clara, una chica pobre, tranquila, seria, negra y casi-enfermera, que se queda a vivir con ella como interna.

La película está dividida en dos partes muy diferenciadas.

La primera parte de la película trata de cómo cuida Clara a Ana durante su extraño embarazo (del que la dirección de este blog no me deja dar más detalles). Es un thriller dramático muy pausado que consigue explicar muy bien cómo son las dos protagonistas

La segunda parte no puedo decir de qué va sin joder la película. Sólo diré que los directores se desmelenan y la película pasa a ser un film de terror con sus puntos absurdos y sus momentos musicales.

Preciosos planos de la ciudad hechos con mucho gusto cromático conviven con efectos CGI de aprobado raspado durante esta segunda parte, que pierde en tensión a ratos, pero gana en espectacularidad.

Y ahora, mi opinión.

A pesar de durar dos horas y pico, ser lentita y ser la película de después de comer, no se me hizo demasiado pesada (quizás un poco al final). Así que por ese lado bien. Me tuvo en tensión, hizo que soltara alguna expresión de asquito en alguna escena gore, y me emocionó ligeramente en alguno de los momentos musicales. Así que muy bien. No en plan eufórico, pero sí en plan felicidad contenida.

A DAY

Si en el festival de Sitges del año pasado nos encontrábamos con un homenaje a “Atrapado en el tiempo” en forma de comedia slasher con el título de “Happy death day”, en esta ocasión eran los surcoreanos los que tomarían la idea central de la película de Harold Ramis para convertir un aciago día que se repite en un thriller de acción dramático.

Jun-Young es un prestigioso médico que vuelve a Corea después de labrarse una merecida fama ayudando con su sapiencia en misiones humanitarias alrededor del mundo. Su colega le consigue una rueda de prensa que está destinada a conseguir fondos a través de su prestigio pero el galeno lo único que quiere es llegar a tiempo al cumpleaños de su hija, con la que tiene una relación tensa desde que decidió dejar el hospital de la ciudad y viajar por todo el mundo.

Al final, el día será un completo desastre y Jun-Young se verá obligado a repetirlo una y otra vez en busca de una condición de salida del bucle, a ser posible reparando todos los errores presentes y pasados que llevan a la fatalidad de la jornada.

Como veis, intento plantear el argumento de la forma más borrosa posible pues la gracia de la peli es ir descubriendo los giros argumentales que propone el guión. Una sucesión de ideas entrelazadas que llevan la idea del día de la marmota a otro nivel.

Una de las cosas que más me sorprendieron fue descubrir que el día se reseteaba al poco de iniciar la película. Cuando “Atrapado en el tiempo” y “Happy death day” se toman su tiempo en la primera iteración a la hora de presentar a sus personajes, la película coreana lo hace a través de las posteriores repeticiones. Tan pronto reinicia el bucle la opera prima de Sun-ho Cho que por un momento me pregunté si el director se vería en la obligación de rellenar con paja para llegar a su hora y media de metraje.

Que equivocado estaba.

Cambiando de forma adecuada los puntos de vista de los sucesos y con una serie de flashbacks que van desmadejando la historia, la película se convierte en un thriller repleto de información y filmado a toda pastilla, con un punto de nervio y urgencia que le vienen como un guante.

A mi juicio, parte de esta garra desaparece en su desenlace, en el que el realizador pisa el freno a fondo y que quizá se torna demasiado melodramático para mi gusto.

Sin embargo, lo contenido de su duración y la energía demostrada durante el resto de la trama la convirtieron en una opción muy disfrutable a la que se respetó bastante en cuanto a mandanga a grito pelado se refiere.

DOWNRANGE

Esta película la vimos la última jornada del festival de Sitges y por eso ya la comentamos en su día. Podéis encontrar dichos comentarios aquí.

BRAWL IN A CELL BLOCK 99

Esta fue la segunda película que veíamos de S. Craig Zahler en la muestra, después de que el año pasado nos llegara “Bone Tomahawk”. Y como en aquella, las características del escritor y director provocaron una división en las valoraciones del film a la salida. Su ritmo pausado, su desarrollo tranquilo de la psique de sus personajes y una historia en la que importa más cómo se cuentan las cosas que lo que cuenta no son ingredientes de un menú que disfruten todos los paladares.

Bradley es un tipo con un pasado turbio que trata de seguir adelante pasándose al lado legal de la vida. Pero el día en el que le despiden del su curro en un taller de coches por culpa de la crisis y en el que se entera que su mujer ha tenido una aventura por culpa de su distanciamiento y su incomunicación, decide que para salir adelante deberá volver a pedir trabajo a un antiguo empleador, capo de la droga.

Así que, tras un enfado morrocotudo en el que se marca un car bonus stage propio del Street Fighter, empieza una nueva vida en la que sacrificia la moral y la ética a cambio de la pasta, el amor conyugal y una familia feliz.

Pero como reza el dicho, poco dura la alegría en casa del pobre y el entramado de bienestar que tanto esfuerzo le había costado andamiar, se empezará a desmoronar después de un encargo que olía a chamusquina desde el principio.

Zahler narra un nuevo descenso a los infiernos cocinado a fuego lento, en este caso centrado en un personaje principal inconmensurable, repleto de rabia interior y más bruto que un arado encarnado de manera muy poderosa por un Vince Vaughn que parece que siga la estela de Matthew McConaughey huyendo de los papeles cómicos que le han hecho famoso para intentar centrarse en personajes dramáticos con mayor calado.

Vaughn es la película. Su ex-boxeador de pocas palabras y código moral inamovible domina la pantalla desde el principio hasta el final y la historia que lo rodea es tan sólo un viaje cuesta abajo hacia la debacle. Por eso creo que tiene mucha lógica que la película no guste a todo el mundo, porque si el personaje central no logra cautivarte, el resto es sólo una excusa para llevarlo hasta el límite humano.

Una excusa, de todas formas, muy bien planteada y muy bien secundada por el resto de actores. Jennifer Carpenter, la hermana de Dexter en la serie homónima, como esposa de Bradley, Don “Miami Beach” Johnson como alcaide hijo de puta de una prisión de máxima seguridad o Udo Kier como sibilino matón del capo rival. De hecho se lo debe haber pasado tan bien rodando con todos ellos que repiten en la siguiente película del director, ya en post-producción, llamada “Dragged across concrete” e incorporando a Mel Gibson al plantel.

Como también podía verse en “Bone Tomahawk”, Zahler es un maestro desarrollando la historia a golpe de diálogo y fusionando cualquier género con un gore muy rico en su parte final. Si en la primera se trataba del western, en este caso lo hace con el género carcelario, desatando un infierno de violencia en su último tramo en escenarios muy comiqueros.

Ya digo que quizá el ritmo no convencerá a todo tipo de público pero a mí este señor me parece un tipo al que seguir de cerca.

MAYHEM

Y para poner punto y seguido a la muestra, tocaba la opción gamberra de madrugada. Una película que, por regla general, suele suponer un festival de risas, ideas locas y toneladas de serie B, salvo insignes excepciones. Aún me acuerdo del año en el que alguien decidió que era buena idea programar “Lars y una chica de verdad” a la una de la madrugada poniendo a prueba la resistencia del respetable. Que la película molaba, pero salvo palillos en los ojos o chutes de taurina era difícil resistirla a esas horas.

En esta ocasión la propuesta sí se ajustaba a las demandas del personal. “Mayhem” es un videojuego lisérgico, la clásica aventura de plataformas en la que un héroe y su compañera tienen que superar las diferentes fases que les llevarán a escalar un edificio de oficinas hasta llegar al Big boss en una última pelea final. Todo esto regado con mucho cachondeo, violencia desatada y malosos yupis que rozan la caricatura.

En los Usamérica se extiende un virus que afecta al cerebro y que elimina las barreras sociales y los filtros racionales convirtiendo a los afectados en instinto puro. Desde que el sujeto es infectado hasta que se le aplica el antídoto, es guiado por su lado más animal convirtiendo una discusión en un batiburrillo de mordiscos y ensañamiento y el deseo en el sexo más primario.

Derek es un empleado de un bufete de abogados que ha conseguido prosperar poco a poco desde el puesto de becario hasta el de uno de los letrados más prestigiosos. Pero todo corre el riesgo de irse al traste cuando es utilizado como chivo expiatorio por una trepa de la oficina y su puesto de trabajo es puesto en riesgo.

Cuando el virus se expande por la oficina, el cabreo de Derek se convertirá en furia asesina y hará lo que sea para conservar su puesto de trabajo, ayudado por una muchacha que se ha sentido estafada por el bufete cuando pierde su casa.

En la biografía de Joe Lynch, director de la cinta a partir de un guión de Matias Caruso, cuenta que creció en Long Island, Nueva York, rodeado de películas de serie B, novelas de Stephen King, heavy metal, videojuegos de 8 bits y tebeos y la verdad es que es una buena definición para la propia película, un crisol de referencias pop mezcladas con desparpajo y sin prejuicios que la convierten en un cachondeo redondo.

Parece de gafapastas hablar de las interpretaciones en una película de este género, pero el caso es que gana mucho con las actuaciones de sus dos personajes principales, Steven Yeun a quien hemos visto en “Orígenes” u “Okja”, encarnando a Derek y Samara Weaving, a la que hemos visto como el ligue del marido de la protagonista en “Tres anuncios en las afueras” que se marca un personaje descacharrante, repleto de mala hostia y muy empoderado con su Melanie.

El argumento, en realidad, es lo de menos. Lo importante es ir descubriendo las perrerías que se les irán ocurriendo a los dos protas para ir llegando a las plantas superiores y las estratagemas de los villanos de la función para derribarlos por el camino, todo mientras se desata el caos en un edificio en cuarentena poblado por personajes muy de dibujos animados y todo ello regado por las ocurrencias de los cerebros de los espectadores, a estas horas al borde del delirio.

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