15ª MUESTRA SYFY. DÍA 1

Y el día llegó envuelto en un necesario color violeta. La decimoquinta edición de la Muestra SyFy de Madrid coincidió en el tiempo con la más extraordinaria reivindicación del Día de la Mujer. El feminismo salió a la calle y alzó la voz, inundando las ciudades de mensajes de cambio. Y el patriarcado tembló y el miedo destapó las caretas del machismo que sigue dominando una sociedad que quiere evolucionar, a pesar de los prejuicios, el egoísmo, la intolerancia y la ignorancia de muchos.

Mi corazón quiere emocionarse y mi cerebro tira de las riendas. Demasiadas veces he visto que gestos de enorme magnitud se diluyen en el tiempo provocando que todo siga igual. Demasiadas veces he visto que un grito masivo de rabia se traduce en cuatro pinceladas de cara a la galería que dejan intactas las raíces del problema y los privilegios de aquellos que se niegan a una igualdad que les restará prebendas injustas en su día a día.

Quiero creer que esta vez será diferente, que el feminismo será un motor transformador, que las mujeres se harán con el poder suficiente para ayudarnos a mejorar, pero tengo miedo de que la jornada se quede en un puñado de imágenes para la posteridad.

Pero yo en realidad venía aquí a hablar de cine y de la inauguración del festival madrileño de cine fantástico por antonomasia. La pandilla basura que conformamos volvió a reunirse para otros cuatro días de locura cinéfaga y lo hicimos con el nuevo y rutilante estreno de una Disney que menos mal que cuenta con Star Wars, Marvel Studios, Pixar y su división de animación entre sus activos, porque lo que es en sus películas de acción real de marca propia, anda más perdida que un obispo en la Gran Vía en la noche del 8M.

Veamos por qué.

UN PLIEGUE EN EL TIEMPO

Una familia de científicos que vive feliz con sus dos hijos, descubre un hallazgo tan insólito como difícil de creer. Encontrando la frecuencia mental adecuada, que coincide con la frecuencia del amor (no especifican cuantos hercios supone tal fluctuación), uno puede plegar el espacio tiempo y viajar a millones de años luz sin esfuerzo y en un parpadeo.

Poco después del hallazgo, el padre desaparece y cuatro años después su hija mayor, Meg, se ha convertido en una muchacha huraña y tristona que padece las burlas de una pandilla de pavisosas en el colegio y el hermano pequeño, Charles Wallace, en un empollón de buen corazón bastante reviejo.

Todo cambiará cuando tres señoras con poderes llamadas señora Que, Señora Quien y señora Cual aparezcan por su casa para llevarles, a ellos dos y a su amigo Calvin, a un viaje lisérgico en busca del padre desaparecido.

Estos tres párrafos podrían dar lugar a una película de aventuras juvenil de lo más entretenido. El guión adapta una novela usamericana escrita por Madeleine L’Engle allá por 1962 y que ganó un porrón de premios infantiles. La novela fue la primera de una serie de libros protagonizados por estos personajes y sospecho que Disney planeaba comenzar una saga que regase aún más de piedrólares sus arcas.

Pues va a ser que no.

La película no hay por donde cogerla y creo aventurar que ésta no es una opinión aislada. El cine se convirtió en una retahíla de chanzas, mofas, chistes, gracias y chascarrillos que a unos nos hizo soportable la proyección y hasta nos arrancó carcajadas durante la misma y a otros, los que entraron pensando que iban a una sesión normal con invitación y no al paraíso de la mandanga, les indignó e impelió a abandonar la sala mostrando su descontento o maldecir con el puño en alto como señores cascarrabias.

Una vez presentados los personajes y el conflicto en un prólogo excesivamente largo y reiterativo, en el momento en el que los personajes teseractúan (sí, así lo denomina la película y dícese de la acción de viajar en el tiempo creando un teseracto por medio de la frecuencia del amor) hacia otros destinos, la trama deja de tener el mínimo atisbo de coherencia interna.

Todo pasa porque sí, porque hay que crear nuevos escenarios plagados de CGI y sin que nada de ello lleve al mínimo arco evolutivo en los personajes. Simplemente, los niños y las señoras saltan de un lado al otro del universo sin dejar de parlotear en ningún momento y sin que la trama avance lo más mínimo en ningún sentido.

Supongo que en el más básico manual de guión, en algún momento, deben hablar de la coherencia interna y de la suspensión de la incredulidad. Un mecanismo por el cual, una vez presentadas las reglas del juego del universo que se expone en pantalla, asumimos que Superman puede volar o Marty McFly puede viajar en el tiempo con un coche molón y un condensador de fluzo. Si sigues las reglas y la coherencia de tu relato, el público las seguirá contigo.

El problema es que en “Un pliegue en el tiempo” no hay coherencia porque no hay reglas ni camino a seguir. Incluso en películas en las que el caos reina primando la imagen y el concepto sobre la linealidad, se me ocurren así a bote pronto “La celda” de Tarsem Singh o “Alicia en el país de las maravillas”, la original animada de la propia Disney, el relato tiene un hilo conductor claro, que ayuda a conocer a los personajes y su evolución.

Aquí son tan sólo viajes aleatorios con decisiones incoherentes y todo subrayado por diálogos que repiten una y otra vez cuatro ideas simples que se repiten de forma mántrica.

Ante este galimatías, los intérpretes poco pueden hacer. Da lo mismo que haya actores de la talla de Reese Witherspoon, Chris Pine, Zach Galifianakis o la renombrada presentadora estadounidense Oprah Winfrey; nadie podría levantar un desastre semejante, perpetrado por la directora Ava Duvernay y la guionista Jennifer Lee.

En la presentación de la película nos la vendieron como un hito feminista, dirigido, escrito e interpretado por una mayoría de mujeres pero si aberraciones como ésta van a servir de vehículos para consolidar el movimiento, más vale que se estén quietos.

En este momento, en el que los que hemos votado la película en FilmAffinity somos los que asistimos a la muestra, cuenta con una nota media de 2,4 para una cinta que ha costado unos 100 millones de dólares. Es de esperar que suba algún punto cuando se sume el público generalista pero menudo batacazo contra el continuo espaciotemporal les espera a los de la casa de Mickey.

Por cierto y ya rematando, amigos de la muestra SyFy, hacía mucho tiempo que no estrenabais un largometraje doblado. Se os supone a vosotros un modus operandi y a nosotros unos hábitos cinéfilos. Procurad no hacer más duras las proyecciones de los que ya pueden llegar a ser, porfi.

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