14ª MUESTRA SYFY. DÍA 4

Violando todas las leyes universales de las películas de terror, todos los miembros de la pandilla, los promiscuos y los formales, los madrileños y los extranjeros, los hombres y las mujeres, los listos y los tontos, llegábamos vivos al final de la muestra y con toda la intención de permanecer así hasta el final de la última película, salvo embolia provocada por un guión mutante y asesino.

Cuando nos hallábamos ocupados en encontrar fila y asiento para la primera película, surgió la noticia bomba. Parece ser que el día anterior, durante la proyección de “31”, de Rob Zombie, un tipejo había sido expulsado del cine por tocarse la sardineta en la butaca e incomodar a una chica. Algunos medios se hacían eco de la noticia, desde la dirección de la muestra aseguraban que la información no era correcta y Twitter se inundaba de menciones y coñas al respecto.

Fuera o no verdad, la anécdota sirvió para proclamar que el año que viene bautizaríamos el evento como la muestra del amor feminista, lo cual me parece una idea estupenda.

Centrándonos ya en el contenido cinematográfico del día, por la mañana había programada otra sesión infantil con el pase de la mítica “La historia interminable”, con su comepiedras, su Bastian, su Atreyu y su Vetusta Morla. No se trata de mi película ochentera favorita (ni mi libro favorito de Michael Ende), así que procedimos a recuperar energías y dormir lo que nos permitió la pequeña padawan, empeñada en emular a un gallo de granja y comenzar su parloteo a horas intempestivas.

Así que, con el estómago lleno y la penuca de saber que el bucle de colas y pelis tocaba a su fin, nos plantamos en el Cine de la Prensa para la primera película de la tarde.

LAKE BODOM

Comenzaba la última sesión con una película finlandesa que tenía toda la pinta de ser el típico slasher en donde un asesino despiadado se dedica a perseguir y ejecutar un grupo de adolescentes de acampada a las orillas de un lago maldito.

Sin embargo, nos equivocábamos. El guión trataba de dar más profundidad a la historia y añadir un contexto de acoso hacia una de las protagonista en forma de fotografías íntimas, intentando escapar así de la planicie de la película de terror de consumo rápido.

Sin embargo, esa trama acaba desembocando en un giro demasiado rebuscado que, una vez planteado, deja una cantidad de metraje demasiado larga por delante, que hay que rellenar con algo y ese algo son conversaciones en bucle que inciden una y otra vez sobre lo mismo, flashbacks que explican lo que ya han dicho los diálogos y una larga persecución que acaba resultando cansina y pesada, desembocando todo ello en un final soso y plano.

Demasiado poca chicha se me antoja para construir una película que tampoco logra sacar demasiada enjundia de unos personajes que no llegan a epatar en ningún momento y cuyas motivaciones y decisiones parecen ilógicas y encaminadas únicamente a llevar la trama a los puntos que el guionista ha diseñado previamente.

La aventura en el lago Bodom se queda a medio camino entre dos mundos, el del puro y duro terror adolescente y el de la denuncia social, sin llegar a atrapar con ninguno de los dos y sin saber conjugar ambas sensibilidades de forma correcta.

YOUR NAME

Y aquí estaba la tercera de las joyas escondidas, cómo no, a cargo de un japo loco y una tierna, compleja y asombrosa película anime que trasladaba a la animación los sucesos de un best seller escrito por el mismo director.

Todos tenemos en la memoria el cañonazo neuronal que supuso en esta misma muestra el visionado de la brutal “Summer wars”, a cargo de Mamoru Hosoda, del cual aún me falta por ver la laureada “El niño y la bestia”. En general, las propuestas de animación procedentes del país del sol naciente traen alegrías a este tipo de festivales y, como sospechábamos, ésta no iba a ser una excepción.

Una muchacha vive en un pequeño pueblo de las montañas niponas con su hermana pequeña y su abuela, siguiendo las tradiciones locales y añorando poder vivir algún día en la capital. Un chaval vive en Tokyo con su padre, yendo al instituto y trabajando en un restaurante para poder tener algo de dinero. Pero de repente, algunos días y de forma aleatoria, ambos despiertan en el cuerpo del otro, teniendo la oportunidad de vivir vidas diferentes y conociéndose a través de lo que rodea a cada uno.

El punto de partida ya tiene un puntito que provoca irremediablemente que te pique la curiosidad pero, ya conocéis a los japoneses, ni mucho menos acaba ahí el tinglado. A partir de una buena idea de inicio, Makoto Shinkai, que es el director, escritor y guionista, desarrolla una entrañable y adictiva historia en la que, como suele pasar en el buen anime, mezcla el drama, el romanticismo, el humor y el thriller de forma magistral.

No os voy a contar nada más del argumento de la película. Tan sólo decir que se ha alzado con el record de ser el anime con más recaudación de la historia, por delante de “El viaje de Chihiro”. Si con eso no os basta para decidir ir a verla cuando se estrene por estas tierras (si es que lo hace) quizá os ayude saber que todos salimos encantados de ella y estamos hablando de una pandilla que no se pone de acuerdo en las notas y valoraciones cinematográficas ni aunque le vaya la vida en ello.

CRUDO

Parece ser, según nos contó Leticia Dolera en la presentación, que la directora, Julia Ducournau, intenta a través de está película hacer una crítica hacia las presiones que recibe la mujer por parte de la sociedad. Una sociedad que constantemente le dice cómo tiene que vestir, cómo tiene que comportarse y cómo tiene que actuar.

Como siempre digo, soy muy tontuno para pillar los dobles sentidos y no hubiera reparado en nada de esto si no me lo advierten previamente. Es seguro que hubiese visto una historia de terror en la que una muchacha de familia vegetariana que ingresa en la facultad de veterinaria, como marca la tradición familiar, se ve obligada a pasar por un rito de iniciación que implica probar carne cruda y, a partir de ahí, comienza a sentir una necesidad implacable de seguir ingiriéndola, a toda costa y procedente de cualquier fuente.

En todo caso, vaya uno prevenido por la correcta lectura que la directora pretende otorgar a su película o por el camino de la ignorancia y el mero disfrute de las imágenes, no se puede negar que la película es profundamente hipnótica. Que la historia de Justine está sembrada de escenas poderosas y brutales, que uno no puede dejar de empatizar con los personajes, sobre todo con ella y la hermana, y que el trabajo actoral de Garance Marillier, de diecinueve años, consigue sostener el peso de la película de forma impresionante, a través de una naturalidad pasmosa y unas miradas de hambre y rabia que en algunos momentos consiguen quitar el aliento.

La película viene con cierta leyenda negra por culpa de unos supuestos desmayos que provocó entre el público en algún festival y sí que vimos a un espectador que, en nuestra sala, tuvo que salir de la misma durante unos minutos para recuperarse. Sin embargo, todo el que esté acostumbrado mínimamente al cine de casquería no tendrá ningún problema en soportar la dosis de anatomía y sanguinolencia de la película, menos impactante que la propia historia que narra.

Los que no estén en absoluto acostumbrados a ver algún que otro miembro desgarrado y abierto en canal, quizá deban tener un poquito de cuidado.

KONG: LA ISLA CALAVERA

La nueva película del simio gigante más famoso del cine viene a cargo de Legendary Pictures, una productora que coproduce films junto con Warner Bros. y que inició su andadura con “Batman begins”, siguiendo con el resto de la trilogía de Nolan y participó en otras películas como “300”, “Watchmen”, “Inception”, “Sucker punch” o “Godzilla”. Así que podemos deducir que su objetivo no son las pequeñas películas independientes de corte teatral que se centran en los sentimientos de los personajes.

Lo suyo son las grandilocuentes puestas en escena, la espectacularidad por encima del guión y las ganas de molar a saco por medio de producciones faraónicas repletas de efectos especiales y escenas que maximicen la épica en cada fotograma.

Así que este nuevo reinicio del rey Kong es, básicamente, eso. Un espectáculo gigantesco de un mono enorme destruyendo helicópteros, dando poderosas bofetadas a monstruos antediluvianos y poniendo ojitos, con música romántica de fondo, a la belleza femenina de turno. Si te gustan este tipo de cintas, al estilo de “Godzilla”, “Pacific rim” o “Transformers”, no te decepcionará.

Si buscas algo más, un mínimo de desarrollo de personajes o algo de alma debajo de la peluda y renderizada piel del simio, quizá te sepa a poco. Los personajes de Tom Hiddleston y Brie Larson están tan desaprovechados que si los eliminásemos de la ecuación, tendríamos exactamente la misma película y los únicos que tienen momentos de lucimiento, a través de sentencias graciosas o punchlines de personaje sobrado y molón son Samuel L. Jackson, John C. Reilly y Shea Whigam.

El resto, podría pasar por un videojuego de alto presupuesto, en los momentos de acción y se limita a mostrar gente caminando por la selva sin ningún sentido, en los momentos en los que Kong no asoma su enorme jeta por la pantalla.

Y así llegamos al final de la 14ª muestra SyFy, nuestro décimo aniversario como grupo organizado, con las mismas risas, las mismas ganas de reunirnos y añadiendo nuevos rituales a la experiencia. Este año, aparte de las crónicas de cada uno y las emotinotas iniciadas en el festival de Sitges de hace dos años, comenzamos nuestra lista musical de la muestra. Una iniciativa pionera que ya os mostraremos por estos lares.

Hasta el año que viene, mandanguers.

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