14ª MUESTRA SYFY. DÍA 3

El sábado llegó con el cansancio acumulado de los días anteriores y todos sabíamos que habría que elegir alguna película para dormirla y recuperar puntos de vida. Incluída la reina mandanguer, Leticia Dolera, que andaba más despistada y graciosa de lo habitual por culpa de las dos horas de sueño después del cumpleaños de una amiga que seguro que recibió un buen número de felicitaciones de desconocidos a través de Twitter.

El día anterior no había sido la mejor jornada que recordábamos del festival, precisamente, y poco nivel teníamos que encontrar para conseguir mejorarla. Al final del día, mi mente confusa y abotargada pensaba que quizá sí había habido un ligero aumento de calidad, que en todo caso no era para tirar cohetes.

Además, aprovechando la sesión matinal infantil, con una de las películas nominadas al Oscar de animación, nos llevamos a la pequeña padawan. En realidad más para permitir a Khaleesi acudir al cine que otra cosa, ya que la heredera decidió comer y dormir la mayor parte de la peli, despertándose sólo al final para brindar al público unos cuantos gritos de felicidad.

El día más largo de la muestra lanzaba su toque de diana y éstas fueron las películas que se sucedieron ante nuestros ojos.

LA VIDA DE CALABACÍN

Aviso para navegantes: aunque esta película de animación en stop-motion es infantil, puede poner nerviosos a una buena cantidad de progenitores. Según la edad del niño, puede provocar que salga del cine con puñado muy majo de preguntas en su cabeza, dispuesto a dispararlas sin compasión contra su madre, padre, tía, tío o el acompañante adulto que tenga a su lado.

Preguntas sobre temas complicados que se sugieren en ciertos momentos de la película. Temas que ponen en contexto la situación de esta pandilla de niños que viven en el orfanato y que, aunque no se incide sobre ellos ni son un obstáculo para que el trasfondo se vaya tornando cada vez más luminoso y optimista, sí que pueden despertar inquietudes en el pequeño espectador.

En un momento de la peli, cuando el huérfano novato y el rebelde sin causa que se erige como líder natural de la pandilla comienzan a acercarse y a confesarse, se hace un repaso por los motivos que han llevado a cada uno hasta aquel lugar. En ese momento, se pasa de puntillas por temas como el parricidio, la violencia y el asesinato machista, el tráfico de drogas, las expulsiones de inmigrantes, el maltrato infantil, el alcoholismo y la pederastia. Todo de forma muy elegante, sensible y en algún caso narrada entre líneas, pero ahí están.

No me parece un mal momento para hablar de cualquiera de estos temas si suscitan preguntas en el cerebelo del enano. En cualquier caso, la película va sobre la amistad, el amor y las posibilidades de rehacer una vida independientemente del punto en el que se encuentre. Un cuento repleto de luz, con un mensaje feliz y cortito (la película dura unos 65 minutos) que deja con muy buen sabor de boca.

No empezaba mal el día.

THE GOOD NEIGHBOR

La primera película de la tarde llegaba acompañada por unas buenas credenciales. A los mandos, Kasra Farahani, que aunque no nos sonaba de nada después nos enteramos que había trabajado en el departamento artístico para Tim Burton (¡ATREZAO!) y para Marvel Studios y como director de arte en “Thor”, “Men in black 3” y “Star Trek: en la oscuridad”, siendo ésta su primera película como director.

Además, entre su plantel actoral, se encontraba el mítico James Caan, un tipo que ha participado en obras como “El padrino”, “Misery”, “Rollerball” o “Alien nación”.

La película es una mezcla entre found footage (70%), película de juicios (10%) y crítica generacional (20%). Dos chavales, un genio informático de familia adinerada y un aspirante a director y, si puede ser, a famoso, de familia de clase media se proponen realizar un experimento: ver cuánto pueden alterar la vida de un señor instalando aparatitos electrónicos en su casa para simular que vive con un fantasma.

El sujeto elegido es el típico vecino gruñón, antipático y desagradable de la casa de enfrente, así que el test sirve como investigación a la par que como merecido castigo. Un plan perfecto.

El punto de inicio y el desenlace son lo mejor de la película, aunque quizá éste último peque un poco de moralina. Sin embargo el desarrollo del argumento se ve lastrado en varios momentos por escenas excesivamente estiradas u otras que sirven de relleno, como las interactuaciones de los dos chavales con sendas señoritas que no aportan absolutamente nada a la trama.

Sin embargo, la peli se deja ver bastante bien y no llega a aburrir del todo en ningún momento. Una idea resultona y sencilla que podría haber aportado algo más pero que se queda en un simple divertimento.

I AM NOT A SERIAL KILLER

Este momento tenía que llegar. Raro es el festival de cine fantástico en el que no se descubre una joya, en el que no se asiste a uno de esos sleepers que te dejan pegado a la butaca, en el que no llegue el film que te tuerza el pompis y te permita aconsejar al muggle sobre esa pequeña cinta independiente que es imprescindible que vea y que te otorga ese inmerecido aire de cinéfilo buscador de gemas.

El momento llegó con la segunda película de la tarde, tercera del día y con el aval de uno de los nombres más queridos para los amantes del cine de fantasía y ochentero, el mítico Christopher Lloyd, más conocido como “Doc” Emmet Brown, inventor de la máquina del tiempo con forma de DeLorean más estilosa del universo.

El protagonista, sin embargo, es un chaval joven diagnosticado con sociopatía que tiene unas reglas bastante estrictas para no abrir en canal a sus compañeros de clase. Unas normas que se empiezan a ir al garete cuando el pueblo en el que vive se ve asolado por una ola de asesinatos que indican que existe un asesino en serie entre sus habitantes, despertando un intenso interés en el chaval, que desea conocer las razones y la identidad del asesino.

La peli está plagada de fantásticos diálogos llenos de ironía, sorna y retranca y un ritmo pausado que se centra en la personalidad del chaval y su relación con aquellos que le rodean, familia, “amigos” y el psicoterapeuta que trata de mantener a raya sus instintos.

Pero no es sólo eso, sino que a medida que avanza la trama se va intuyendo algo maloliente y malsano en el fondo, una oscuridad que se presiente pero no se muestra y que desemboca en un desenlace loco y brillante.

Al final, tres películas serían las que convertirían la muestra de este año en una experiencia muy rentable. La primera fue el mutante de las garras de adamantium del preestreno inicial, ésta la segunda y la tercera debería esperar hasta el último día.

PET

No es sólo que la película fuera demasiado absurda, que los giros de guión no tuvieran sentido alguno, que tuviera demasiados momentos en los que no pasaba absolutamente nada o que el desenlace me dejara más frío que una pescadilla tirada en una acera de Burgos. Es que la película me pareció un tanto machista.

Quizá eso debería darme igual, pues el argumento va centrado hacia el terror y los personajes pueden ser lo que quieran, pero en este caso concreto no podía parar de pensar en que el tufillo machista lo inundaba todo y empeoraba la imagen que tenía ante mí.

Bueno, paranoias mías. Huela o no huela el argumento a las fantasías de un macho, eso no quita para que todo circule al borde de la estupidez y el sinsentido.

Un tipo triste, vago y trastornado se obsesiona con una antigua compañera de colegio con la que se cruza, de casualidad, en el autobús. La muchacha es alta, rubia y con tipazo, mientras que él es un mindundi que en otra vida fue un hobbit, así que ella no le hace ni caso y se olvida continuamente de su cara. Así que, el chaval decide que una buena manera de atraer su atención es secuestrarla y meterla en una jaula.

Pero hete aquí que no todo es lo que parece amigo (hai que pensalo moi ben, ai ai) y nos acecha en ese momento un giro de guión de esos que pretenden dejar al espectador con la boca abierta y exclamando “ooooooh” y lo que provocan es un bufido, torcer la boca y comentar la jugada con el compañero de al lado poniendo a parir al guionista.

Tanto Dominic Monaghan como Ksenia Solo tratan de hacer lo que pueden para hacer creíbles a sus personajes y la dirección del catalán Carles Torrens es correcta, pero el tinglado en el que les ha metido la cabeza pensante que diseñó la película les ayuda bastante poco y sólo pueden intentar sobrevivir hasta el estúpido desenlace que pone la guinda a tanto desaguisado.

Estoy seguro de que Leticia no se quedó a verla, porque hubiera aparecido en la presentación de la siguiente sesión hecha un basilisco.

31

La nueva película del mítico Rob Zombie, cantante de éxito junto con su grupo White Zombie y director de cine de terror en sus ratos libres, fue la que elegí para sobar a discreción.

Tal cual empezó, supe que era el momento. Una interminable secuencia en la que un tipo con la cara pintada filosofa delante de un predicador gordo antes de rebanarle el cuello y la llegada de una caravana con personajes odiosos e intratables que se afanan en escupir diálogos insufribles que acaban en una especie de juego de supervivencia orquestado por el mítico Malcolm McDowell, eran señales inequívocas.

Así que me abandoné en brazos de Morfeo y me perdí las ruidosas muertes de una película que, por lo que pude saber a posteriori, poco tenía rescatable.

SCARE CAMPAIGN

Soy muy tonto para ver venir los giros argumentales, por muy obvios que resulten. Por eso, en esta película de trampas y engaños fui el único que arqueó las cejas cuando llegó el primero de ellos. El resto de la fila y, si me apuráis, del cine, tenían una cara de “oh, por favor, que obvio” en todo momento.

Y sí, quizá por eso a mí me entretuvo un poquito más que al resto.

Un reality show en el que se escoge una víctima y se le hace pensar que está viviendo fenómenos paranormales para regocijo del televidente, pierde audiencia por culpa de una serie de vídeos de muertes en directo que aparecen en la red. Así que la directora de la cadena les pide que aprieten un poco más las tuercas en su siguiente programa.

Obviamente, la vuelta de tuerca acabará yéndoseles de las manos a los responsables del cotarro y comenzará una escalada de sangre y carreras de personajes asustados que crecerá de manera exponencial.

Como digo, la película me estaba entreteniendo, hasta que en algún momento, tras el enésimo giro, mi cerebro dijo basta. A partir de ahí, comencé a distanciarme de la película y a desconectar de los personajes hasta que el final, abierto y demasiado raruno, me quitó gran parte de la diversión que existía en el primer tercio.

Si no fuera por ese anticlimático desenlace, la película podría haberme dejado mucho mejor sabor de boca. Quizá evitando el último giro y dedicando algo más de tiempo a los personajes, podríamos haber visto una película muy distinta. Pero quién soy yo para enmendarle la plana a ningún guionista.

El caso es que eran ya las tantas de la madrugada, el último metro se había perdido a través de los túneles bajo la Gran Vía y en lo único que podíamos pensar era en descansar la cabeza sobre la almohada para poder afrontar la última jornada de festival fantástico.

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