14ª MUESTRA SYFY. DÍA 2

El viernes ya empieza lo bueno. Ya has dormido poco porque el preestreno del día anterior acabó tarde y has tenido que levantarte para ir a trabajar, pero empieza el maratón y acudes a la primera de las películas, directo desde el trabajo, sintiéndote inmortal, indemne al acecho del sueño.

Y claro, la sensación dura poco. El cansancio, el nivel de muchas de las películas y la acumulación de imágenes comienzan a torpedear neuronas y en cada nueva sesión te sientes más torpe, más tonto y con menos criterio.

Ah, que gustazo de sensación.

Todo ello aderezado con las presentaciones de Leticia Dolera, en las que lo menos importante es la película que viene a continuación. Priman los alegatos a favor de los Huesitos, las peticiones de muestras de amor por parte del público, la sección de objetos perdidos, las bodas improvisadas, los desplantes de público con la vejiga llena y el continuo diálogo con el patio de butacas.

Y luego están los comentarios del respetable (o no tanto) durante la película. Es una seña de identidad de la muestra y se agradecen esos momentos en muchas películas que se están haciendo cuesta arriba. Algunas sentencias lanzadas a la pantalla desde la oscuridad de la sala son ingeniosas y dan lugar a nuevos ritos que se mantendrán en años sucesivos.

Sin embargo, me preocupa que en algún momento haya que hacer tantas cosas que no haya tiempo para ver la película. Aplaudir a la luna, advertir de puertas abiertas, sisear a los que sisean, aplaudir todas y cada una de las muertes y lanzar los chascarrillos de rigor. En mi humilde opinión, como bien dijo alguien en Twitter, este año había mayor cantidad de cuñado por metro cuadrado, un murmullo constante independiente de la película. Chavales, igual hay que empezar a cortarse un poquito y dosificar la mandanga. No digo suprimirla, sino dosificarla.

En fin, lo importante es que este segundo día de muestra fantástica, cayeron cinco films como cinco soles con una media de calidad, digamos, cuestionable.

Éstas fueron las afortunadas.

WORRY DOLLS

Al final, lo que cantaba Tontxu no era verdad.

Siempre habíamos creído que “los muñecos quitapenas quitan las penas que tengo” (sic) y resulta que no, que dan problemas por un tubo. Y si no, que se lo digan a los protagonistas de esta película usamericana de actuaciones horribles, planteamiento plano y ejecución dudosa.

Un asesino malísimo con traumas infantiles está a punto de segar la vida de una nueva víctima. En una escena introductoria interminable se ve cómo la que está a punto de espicharla consigue iniciar la huida mientras el psicópata le reza a pequeñas muñecas rudimentarias. Llega la poli, abate al señor y, por un error, las muñecas acaban vendiéndose al por menor.

Hete aquí que las muñecas tienen en su firmware los traumas del tipo y se transmiten por osmosis convirtiendo a aquel que la lleva en un tarado pálido y con los ojos del maestro del Pequeño Saltamontes repleto de instintos homicidas.

Cada una de las situaciones que hacen avanzar la trama está resuelta de manera chapucera y sin ningún sentido. Todo es un inmenso “porque sí” que sirve como excusa para irse cargando a gente por el camino hacia un remate tramposo y que deja abierta la puerta a una poco apetecible secuela que espero no verme en la tesitura de ver jamás.

Un inicio de día que bien hubiera merecido una siesta. Aunque he de reconocer que quince minuticos sí que descansé la vista, perdiéndome (vaya por el Spaghetti Volador) una de las bajas.

SEOUL STATION

Se supone que esta película de animación coreana es una precuela de la estupenda “Train to Busan”, absurdamente traducida por estos lares como “Estación zombie”. Pero eso es porque nos lo asegura el director, que es el mismo para ambas cintas. Porque podría ser también una secuela. O una película que sucede al mismo tiempo, o en un universo paralelo o que no tienen nada que ver en absoluto.

En ambas aparecen zombies y ambas están ambientadas en Corea del Sur. Hasta ahí llegan sus similitudes. Ni siquiera coinciden en las estaciones, una de tren y otra de metro y de ciudades distintas.

Los protagonistas de esta peli son un chaval bastante atontado y su novia, una chica también bastante atontada que fue prostituta y que trata de evitar que su novio vuelva a ofrecerla como mercancía carnal para pagar el apartamento. El problema es que en plena discusión, Seúl se llena de zombies y los muchachos tratan de volver a estar juntos, apareciendo en escena el padre de la susodicha para enmarañar más las cosas.

El gran fallo de la peli es que la acción se desarrolla lentamente, sin demasiado que contar, con situaciones interminables y algo repetitivas, como si todo esto estuviera pensado para un corto que hubiera que alargar a toda costa.

Todo se aproxima, de forma demasiado pesada, hacia un desenlace que es el que tiene la mayor parte de la enjundia de la película, que no llega a compensar el sopor sentido en algunos momentos pero sí que mejora el conjunto.

47M DOWN

Una cinta poco original, que sabe que juega con una estructura y un argumento muy limitado y se limita a administrar recursos para entretener todo lo posible, fue lo mejor del día. Lo que dice poco a favor de este viernes.

Dos hermanas están de viaje por latinoamérica, la una para pasárselo teta entre chicos, alcohol y aventuras y la otra para demostrarse a sí misma que no es un muermo, como creía el maromo que hace poco la ha dejado.

Tras conocer a un par de jamelgos buenorros, deciden apuntarse a una de esas excursiones de avistamiento de tiburones en las que te meten en una jaula y te bajan a unos cuantos metros para sentir el miedo atávico de ver a un enorme bicho prehistórico y peligroso pasar a tu lado en un medio en el que llevas todas las de perder.

Como era de prever, el cable se rompe y ambas hermanas acaban dentro de la jaula, a 47 metros de profundidad, con oxígeno limitado y las comunicaciones cortadas en una carrera contrarreloj por salvar sus vidas.

Como decíamos, el argumento es lo que es, dos señoritas en el fondo del mar, matarilerilerile, haciendo cosas para no ser comidas y ser rescatadas. El director, un británico instalado en el género de terror, lo sabe y trata de ofrecer los suficientes giros y momentos de tensión y sustos como para mantener al espectador entretenido, llegando a tener algunos momentos muy logrados, con escualos apareciendo de la nada y transmitiendo la claustrofóbica y terrorífica sensación de hallarse perdido en lo profundo del océano.

Por honesta y resultona, a mí me tuvo de su lado.

STOP OVER IN HELL

Me da mucha penita que la única propuesta española de la muestra, esa en la que se acercaron los responsables por el cine para presentarla, muy majos y guapos todos ellos, fuera lo peor que vimos durante los cuatro días de muestra. Un cúmulo de despropósitos en tantos apartados diferentes, que casi se convierte en un tratado de cómo no deben hacerse las cosas.

Se trata de un spaghetti western de única localización, un poco al estilo de “Los odiosos ocho” pero sin nada de talento involucrado, en el que unos ladrones llegan a una parada de diligencias a esperar un cargamento de oro y se dedican a putear a los allí presentes.

Hay tantas cosas que no entiendo que voy a intentar exponer tan sólo las más importantes para no extenderme.

¿Por qué tenemos la impresión de que si los personajes hablan a ritmo normal y se suprimen planos innecesarios la película sería un cortometraje? ¿Por qué la película está rodada en inglés y doblada por encima en inglés si los actores no hablan inglés? ¿Por qué da la impresión de que los efectos de sonido están metidos al azar: tablas que crujen, viento que suena, pájaros, etc…? ¿Por qué no hay ni un sólo actor bien dirigido, si a alguno lo hemos visto bien en otras películas?

La historia es una sucesión de diálogos estirados y engolados que ponen a prueba la paciencia del espectador más calmado y unas cuantas escenas de acción que utilizan la cámara lenta de manera totalmente aleatoria y todo es tan artificial y forzado que provoca una sensación de alejamiento constante, cuando no de risa nerviosa.

A pesar de ello, por la pantalla vemos aparecer a Guillermo Montesinos, Nadia de Santiago, Miguel Bandera o Ramón Langa en pequeños y desaprovechados papeles.

Me hubiese encantado que me hubiera gustado pero no hay nada a lo que agarrarse.

THE FUNHOUSE MASSACRE

Pequeño engaño publicitario: a pesar de que Robert Englund, el mítico Freddy Krueger de la saga ambientada en la calle Elm, aparece como figura central del póster, de manera amplia en el avance de la peli y en grande en los títulos de crédito, su presencia se limita a poco más que un cameo.

Sin embargo, esto es lo único en lo que la película engaña. Por lo demás, se trata de puro cachondeo utilizando unos cuantos clichés de películas de terror metidos en los cuerpos de unos cuantos locos huidos de un psiquiátrico que se infiltran en un pasaje del terror en pleno Halloween para dar rienda suelta a sus respectivas habilidades.

Así, tenemos al típico dentista loco, al taxidermista humano, al payaso tarado, a la clon de Harley Quinn, a una especie de Joker reconvertido en predicador y al cocinero caníbal llevándose por delante a un montón de adolescentes alocados y persiguiendo a la típica pandilla de tópicos, con la pareja heterosexual de salidos, la pareja homosexual de salidos, los modositos que se gustan pero que no se atreven a decirlo y el exótico secundario cómico con acento, que a su vez cuentan con la ayuda de la sheriff traumada y eficiente y el policía novato y fantasma para desfacer el entuerto.

La peli tiene algún que otro momento gracioso pero su gran fallo es acumular la mayoría de las coñas buenas antes de llegar a su meridiano y sobrevivir el resto de la cinta con los gags de dos personajes, estirando las persecuciones y el derramamiento de sangre.

También debo reconocer que hay un gag en concreto, de un señor con su móvil, que me hizo estallar en carcajadas y me pareció lo más gracioso de toda la muestra. Sólo por esto se queda a las puertas de llevarse un aprobado.

A las puertas, pero por la parte de fuera.

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