11ª MUESTRA SYFY. DÍA 4.

Vamos rematando el resumen poco resumido de la muestra SyFy de este año, antes de que perdamos del todo a los pocos lectores que se asoman por este rincón.

Las clausuras son tristes y dolorosas y más cuando no hay ninguna película nueva digna de recordar. Y digo nueva porque la mejor parte de la jornada fue durante la sesión Phenomena, un oasis de nostalgia a cargo de Nacho Cerdá, que tira de clásicos para levantar ovaciones en una sala de cine. “Depredador” y “La mosca” son dos películas que todo cinéfago con querencia por los años 80 tiene esculpidas a fuego en su retina. El Chuache y Jeff Goldblum en el cenit de sus carreras en dos peliculones como la copa de un pino que no vamos a comentar aquí.

Además de ese momento entrañable y la emisión de un capítulo especial de “Doctor Who” que disfrutaron lo whovians del grupo, vimos dos películas que se olvidarán como lágrimas en la lluvia en menos que canta un gallo replicante.

FARADAY

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Voy a empezar comentando dos escenas de películas que seguro que os suenan, por construir una pequeña introducción que luego enlazaré con la primera película de estreno que vimos este cuarto día.

“Pulp fiction”, un clásico moderno que otorgó el status de semidiós a Tarantino. El señor Lobo llega para arreglar unos cuantos problemas sangrientos y propone la solución perfecta, a la que Travolta y L. Jackson reaccionan con alborozo. El señor Lobo, que es un tipo mesurado les responde: no empecemos a chuparnos las pollas todavía.

“Torrente: el brazo tonto de la ley”, uno de los clásicos de nuestro cine, mal que me pese. La película que otorgó el status de ídolo de masas de ninis a Santiago Segura. José Luis Torrente se encuentra con Rafi en un coche y, para matar el tedio que supone una vigilancia, le propone: qué, ¿nos hacemos una pajillas?

“Faraday” es una película española y aquí somos más de sacar pecho a la mínima, de caminar ocupando toda la acera, de lanzarnos elogios al menor conato de triunfo. Ole mi niño que se ha acabado todas las lentejas, mi nieto será un punki pero tiene el pelo muy limpio y todas esas cosas. En definitiva, más de la segunda opción que de la primera.

La peli comenzó con una presentación del equipo que pedía clemencia, comentaba al público que teníamos mucho menos dinero que los americanos y que había que abrazar el cine español con vehemencia y amor ciego. Casi pidiendo perdón por adelantado, momento en el que me encogí con verdadoro miedo en el asiento, por primera vez en un festival que engloba el terror entre sus géneros.

La cantidad de bloggers, twiteros, colegas de la farándula más moderna y amiguetes que salen en este film es enorme y el director quiso emular al personaje de Johnny Depp en “Descubriendo Nunca Jamás” y distribuir acólitos por la sala para dotar de energía el ambiente. El resultado fue un grupúsculo particularmente ruidoso riendo histéricamente cada chorrada, ovacionando cada intento de gag y aplaudiendo cada cameo como si no hubiera un mañana.

Al contrario que la película sobre el escritor de Peter Pan, una gran parte de la sala salió irritada y hasta las narices de que un grupo de colegas se dedicaran a reírse sus propias gracietas.

Sobre la peli, poco que decir. Un desastre absoluto sobre parejas, fantasmas y humor de gafapasta con aroma de cardamomo que no deja de ser una larguísima broma privada.

Vamos, un montón de gente que ha decidido hacerse unas pajillas para matar el rato. Me parece bien pero, por favor, no salpiquen.

LA BELLA Y LA BESTIA

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Léa Seydoux es una bella y talentosa actriz francesa nieta y sobrina nieta de poderosos gigantes del cine galo. Una muchacha que ha aparecido en películas de Quentin Tarantino o Wes Anderson y que lo petó con un complicadísimo personaje en “La vida de Adèle”. Así que, vaya por delante que no menosprecio para nada su carrera, ya que considero que en esta última peli estaba fenomenal pero que sí creo que lo ha podido tener algo más fácil para llegar al estrellato que otras muchas aspirantes a actriz.

Y ahora me voy a montar una película propia que quizás no tenga absolutamente nada que ver con la realidad.

Yo me imagino a Lea visitando a su Abuelo una tarde cualquiera.

Lea – Abuelo.

Abuelo – Dime tesoro.

L – Quiero hacer una peli.

A – Pero si ya haces películas. Acabas de ir a Cannes con una que no me gusta mucho porque haces bastante el marrano.

L – Ya, pero quiero una en la que aparezca yo de princesa, con muchos efectos especiales y vestidos preciosos.

A – Ay chiquilla, veremos lo que podemos hacer.

L – Y quiero que me bese Vincent Cassel y que se disfrace y se convierta en príncipe azul. Y quiero también a un actor español que vi en una peli que iba de snuff movies y está buenísimo.

A – ¿Esnaf qué?

L – Movies. Son películas en las que matan a gente de verdad.

A – ¿Y hacía una de esas?

L – No, era una de mentira que hablaba de esas pelis.

A – Bueno, no sé, son muchas cosas…

L – Porfiiiiiii, abuelito.

A – Bueno nena, déjame hacer unas llamadas a ver qué se puede hacer.

Y así fue como Lea hizo de Bella, Vincent Cassel de Bestia, Eduardo Noriega de bandido malote e hicieron una de las películas más caras, engalanadas, artificiosas y aburridas del cine francés.

The end.

BONUSTRACK

También hubo corto esta vez y supuso uno de los momentos más cabreantes del festival. Uno de esos en los que sientes vergüenza ajena y no te puedes creer que haya gente que no evolucione y que se comporte como un niño de 13 años, a estas alturas. El corto se titulaba “Blink” y es verdad que era algo raro pero visualmente interesante y arriesgado. Y aún así, hay una línea que separa la crítica y el cachondeo que se presupone en una muestra de estas características con la falta de respeto y las risas, comentarios y tonterías que se dijeron durante la producción era un claro ejemplo de cómo traspasar esa línea hasta convertirla en un puntito en la distancia.

El equipo, compuesto por Diego Latorre, su director y los actores Fele Martínez, Eduardo Casanova y Macarena Gómez vino, presentó el proyecto, de forma tranquila y valiente y se quedó a presenciar cómo cuatro seres unineuronales jodían el visionado al resto. Porque, al margen de que a uno le guste más o menos (a mí el argumento no me dijo demasiado), el proyecto es un onírico bombardeo de imágenes poderosas que tratan de indagar en el mundo de los sueños, en varias de sus acepciones.

Y esto fue todo. Tras el maratón, los abrazos, las despedidas y la promesa de vernos un poco más a menudo, dimos por concluida la velada. Un año más, la cita ineludible que organiza canal de televisión dio para un buen puñado de anédotas y nuestra evolución incansable hacia el frikismo total.

Meta que no debe quedar ya a mucha distancia.

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