11ª MUESTRA SYFY. DÍA 2.

El segundo de día de la muestra SyFy amaneció. De cualquier otra forma hubiera sido raro. Pero no lo fue y el sol salió y, cuando llegó el momento, tras una dura jornada laboral, nos pusimos en una cola y el universo volvió a tener sentido.

Cinco películas quedaban por delante para los poco estudiados y cuatro para Carlos y para mí, que ya habíamos ido a clase en una de ellas en la gran universidad del frikismo de Sitges.

A priori, una de ellas se presentaba como la opción más sana, la frikada de director oriental y reparto internacional “Snowpiercer”. El resto tenía pinta de poder lobotomizar a golpe de fotograma.

¿Nos equivocamos?

Más bien poco. Veamos.

MANIAC

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La apuesta ochentera del día. Una película de asesino traumado, en un ambiente muy de giallo, en la que un asesino misógino trata de llenar un hueco dejado por una madre algo casquivana con maniquíes que lucen el pelo de sus víctimas.

Yo me imagino que Elijah Wood, que como bien dijo Leti, parece decidido a aumentar la tasa de paro de los actores nacionales trabajando sin parar en España, al acabar ESDLA (que para los profanos que no sepáis interpretar el acrónimo se refiere a la trilogía de Tolkien), vio qué había acabado pareciendo en pantalla su relación con el jardinero, se sintió profundamente celoso de lo molón del papel que le habían dado a Andy Serkis y suplicó por un esquizofrénico. Y esto es lo que le han dado.

La película peca de desequilibrio, en general. Tiene detalles molones, como el punto de vista de la cámara, en primera persona y sin embargo, inexplicablemente lo rompe en algún momento sin venir a cuento. Tiene imágenes poderosas, como el primer y grandioso asesinato, no obstante hay otros bastante cutres, como la última de las muertes. Tiene algún ambiente malsano muy conseguido, como esa casa repleta de los trofeos de sus víctimas, que se mezcla con algún otro algo risible, como esa calle azulada con humo de alcantarillas que viene a saludarnos desde los todopoderosos 80.

En general, se deja ver, gracias a interpretaciones salvables y algún buen momento pero uno queda con la sensación de que la peli podía haber dado más de sí.

FRANKENSTEIN’S ARMY

Esta era una de las que habíamos visto y en este post tenéis lo que en su día pensé de ella. Hoy en día, matizo, sigo pensándolo.

WE ARE WHAT WE ARE

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Una muestra de cine de género que se precie no puede prescindir de algún remake entre su programación y el de este año corría a cargo de un tipo muy loco. Un guerrillero del cine enajenado que nos había regalado una propuesta tan curiosa como “Stake Land” un par de años antes.

El tinglado parte de una peli mexicana y sigue un argumento bien similar. Una familia se queda algo desnortada al morir la esposa y madre de la unidad y a partir de ahí la hermana mayor tiene que hacerse cargo de las tareas que la difunta sustentaba. Esto provoca una serie de conflictos, ya que la tradición familiar marca ciertas reglas especiales. Mientras tanto, en el pueblo, un médico trata de esclarecer una serie de incidentes que parecen tener una característica común.

La peli arranca muy bien. Con un ambiente claustrofóbico y un ritmo pausado, se nos planta el drama de una familia con una tradición difícil de sobrellevar por los hijos y un pequeño pueblo en el que los días parecen pasar de forma cansina. Un sheriff que se limita a atender asuntos menores, un ayudante de sheriff recién llegado de su formación, con más interes por una de las hijas que por investigar casos ya cerrados y un médico que no se ha recuperado de la pérdida de su hija unos años atrás.

El conjunto atrapa y mantiene pegado a la butaca hasta el momento en el que a Jim Mickle se le va la pinza y la película comienza a desvariar a lo loco. Las conclusiones del médico para desvelar el misterio parecen sacadas de un libro de Los Hollister, la acción se torna caprichosa y errática y el desenlace es una verdadera locura que rompe por completo el ritmo de la película.

Al final uno se queda con la sensación de que las últimas piezas del puzle han sido introducidas a martillazo limpio y que aquello no puede colgarse en la pared.

SNOWPIERCER

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Bong Joon-Ho es el director koreano responsable de The Host y el tío ha ido creciendo en popularidad hasta ser capaz de llenar su actual película con un plantel internacional del copón dorado. Chris Evans (aka El Capi), Jamie Bell (aka el chico que baila), Tilda Swinton (aka la reina andrógina), John Hurt (aka sácame ese Xenomorfo) o Ed Harris (aka te clavo desde militares hasta pintores rarunos) campan a sus anchas por un escenario postapocalíptico distópico que haría las delicias de Sheldon Cooper.

La peli se basa en una novela gráfica francesa llamada “Le Transperceneige” en la que la tierra se ha ido a tomar por saco convirtiéndose en un desierto helado. Unos pocos supervivientes consiguen salvarse, viviendo en un lugar bastante curioso: un tren que no puede pararse, que corre que se las pela por un circuito circular y que tarda exactamente un año en ser recorrido.

Además, en este tren se ha establecido una estricta pirámide social. En los vagones de delante van los ricachones, viviendo a todo tren (aplauso y medio por el chiste), sin escatimar lujos y manjares. En los de atrás, la chusma, que sobrevive comiendo una gelatina con aspecto nauseabundo y hacinados como ratas. Entre medias, una cantidad muy loca de vagones de dedicaciones de lo más variopintas: cárceles, escuelas, bares, salas de relax, establos, huertos y todo lo que se nos pueda ocurrir.

Como en toda sociedad desequilibrada, en algún momento a alguien se le ocurre llevar a cabo una revolución y de eso trata la peli. A la antorcha humana se le hinchan los bemoles y encabeza una huída hacia delante. Con la ayuda de un japones experto en abrir puertas, pretende ir avanzando hacia la locomotora, peleando con cualquiera que se ponga en su camino, hasta llegar al artífice del ferrocarril y decirle cuatro cosas.

La película, que se deja ver muy bien y, de forma unánime, quedó declarada como medalla de plata del festival, consta de tres partes muy diferenciadas que marcan las tres etapas clásicas de toda narración: introducción, nudo y desenlace.

El prólogo se toma su tiempo para situarnos en la historia, dejarnos claras las penurias que pasan los habitantes de cola, dejar algún misterio en el aire y presentarnos a los personajes. Nada que objetar.

El nudo es lo más divertido de la cinta, con diferencia. Esa cabalgada hacia la proa, donde se nos presentan los diferentes vagones,da lugar a situaciones muy divertidas y chaladas. El director se mete en harina y el tono mezcla de humor y violencia sube enteros a la trama a cada minuto. No hay reglas y los personajes, bizarros y extraños, nos sorprenden continuamente.

Para cuando el amigo Bong tiene que rematar la historia, se ha quedado sin fuerzas. El desenlace es demasiado largo y explicativo, sobre todo después de la dosis de adrenalina que hemos recibido justo antes. El diálogo final acaba hartándonos y los giros no llegan a sorprender. Uno está esperando que se ponga algún punto final a la marcianada anterior y no que nos sermoneen.

Por suerte, la parte media es la que nos queda en la memoria y el punto de partida es lo suficientemente original como para habernos dejado un buen sabor de boca.

FRESH MEAT

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Tantas de la noche y el día tocaba a su fin con una comedia gamberra de antropófagos mahoríes. A priori la trama y el cartel no daban buenas sensaciones y, a la postre, el resultado fue más o menos lo esperado. O peor.

La función no comienza mal, con una escena soft lésbica en una ducha y, a partir de ahí, cae en picado. Bueno, no es cierto, empieza a caer algo más allá, después de una presentación de personajes muy graciosa en tono comiquero y el inicio de la situación en la casa que servirá de escenario durante la mayor parte del film.

Los personajes son lo suficientemente variopintos como para dar lugar a una cantidad moderada de situaciones cómicas que amenizan el primer tercio de la película. El padre orgulloso de sus raíces y celosón del éxito de la madre, interpretado por el mismísimo Jango Fett, la madre, estrella televisiva de un programa de cocina, el hijo, pendiente por agradar a los progenitores, la hija, lesbiana, decidida y bailarina de danzas tribales y la banda de atracadores, a cada cual más torpe y lelo que el anterior.

El problema es que, cuando pasa ese primer tercio que te mantiene atento, a pesar de las altas horas y la acumulación de imágenes, la película pierde toda la gracia y se transforma en un cúmulo de situaciones que tratan de alargar el espectáculo hasta el largometraje, provocando los bostezos y la modorra.

Al final, acabamos deseando que se coman los unos a los otros y nos dejen tranquilos de una vez, que todos sabemos cuándo una idea no tiene la suficiente chicha como para llenar hora y media.

BONUS TRACKS

Para finalizar, dos fueron los cortometrajes que pudimos ver este día. “Droga perfecta”, una locura belga interpretada por japos con la escena más graciosa de todo el festival (no imaginaba cuánto puede dar de sí un gordaco y unas llaves) e “Insectopía”, una copia de la genial “El cuchitril de Joe” con mucha menos gracia.

Y, como decía la familia Telerín, nos fuimos a la cama que había que descansar, que aún quedaban dos días más de saturación de ideas.

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